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El árbol del ahorcado, de Carl Stanley
Carl Stanley   03/07/2009 Comentarios (5)
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     Prácticamente me arrastró tomándome de una mano, al interior de aquella cabaña.
Árbol del ahorcadoSiempre tuve una actitud incrédula y desdeñosa en lo que a mitos y leyendas refiere, estuviesen o no basadas en hechos reales, y un escepticismo con respecto a todo los hechos que no pudieren explicarse mediante la lógica o la ciencia.

A veces, en medio historias fantásticas contadas en círculo de amigos, y que quien no ha participado alguna vez, mis sarcásticos y burlones comentarios sobre el relato, sacaban de contexto a historia y a narrador; haciéndole perder toda magia y encanto que se supone tienen aquellas.

Tenía treinta años por aquel entonces, un título de ingeniero, y próximo a contraer matrimonio con Roseane; cuando ambos fuimos de visita a una hermosa granja campestre, siendo ésta, una valiosa propiedad de los padres de mi prometida. Por supuesto en aquella ocasión, vinieron con nosotros mis progenitores, y a lo que sería una reunión de familia previa a la boda, y para ultimar los detalles de aquel inminente y feliz evento.

De esa forma, nos trasladamos los cuatro en mi flamante automóvil; desde la gran ciudad hasta aquel punto situado en medio del campo, y cerca de una pequeña localidad llamada Riverside.

Despreocupados y felices, estábamos dispuestos a pasar dos o tres de días en estrecho contacto con la naturaleza, en un lugar tranquilo y bastante apartado del mundano bullicio.

Al siguiente día de haber llegado, y muy temprano por la mañana, antes que todos se levantaran del lecho; decidí salir a dar un paseo por aquel verde paraje. Escogí un viejo y estrecho camino de tierra; y emprendí mi marcha sin prisa; mientras el fresco y puro aire del campo llenaba mis pulmones.

Habiendo transcurrido más o menos media hora desde que había partido desde la casa; fue cuando decidí detenerme a descansar un poco. A un costado del camino, y bajo un raro y enorme árbol seco, decidí tomar asiento a contemplar el paisaje.

No habrían transcurrido ni siquiera dos minutos, cuando un rubio mozalbete montado en un corcel gris se me acercó de repente.

-- Buen día Mister..... - dijo muy amablemente con una amplia sonrisa y quitándose el sombrero para mostrar su cortesía.

-- Muy buenos días joven.- le contesté prestamente retribuyendo el saludo.

De pronto aquel joven, se puso serio y me dijo:

-- Yo que usted Mister...no me sentaría bajo ese árbol...

Reí con ganas y enseguida le respondí:

-- No veo por que no debo, no es propiedad privada, ni de hormigueros se debe tratar el tema, pues de ello me he cerciorado antes, y para serte franco.... lo demás poco me importa, no me interesa si detrás de esa advertencia hay alguna historia de fantasmas.

El joven levantó los hombros y dijo:

-- Allá usted si eso desea Mister.... - terminó diciendo, y meneando la cabeza, con su caballo se alejó a paso lento.

Enseguida presentí que con alguna patraña campestre aquella advertencia se relacionaba, y olvidando de inmediato aquella absurda sugerencia, al rato estaba yo profundamente dormido.

En algún momento más tarde, me desperté de improviso. Estiré mis brazos y mis piernas en toda su longitud, y aspiré profundo aquel aire del campo.

-- ¡Ahhh!... el aire puro. - exclamé muy complacido.

De pronto observé asombrado, que el paisaje que antes tenía frente a mí había desaparecido; en lugar de tupidas arboledas había una planicie verde y una casita cercana. Con un corral a su lado y donde animales diversos de granja se hallaban encerrados.

Miré en derredor asustado, y descubrí que el entorno había cambiado totalmente; tanto era así, que hasta el árbol bajo el cual yo me hallaba sentado, más pequeño, estaba pleno de verdes hojas y largas ramas.

Restregué mis ojos con fuerza, pues no daba crédito a lo que ellos veían, como si una simple ilusión óptica se estuviera burlando de mi. Pero la inutilidad de hacerlo comprobé enseguida, pues el mismo paisaje yo seguía viendo aún.

De repente pegué un salto, quedando sobre mis pies parado y al observar que también, mi ropa había cambiado totalmente. Mi jean había desaparecido, ocupando su lugar, un corto pantaloncito color marrón y ajustado, que llegaba hasta un poco más abajo de mis rodillas, y allí en sus extremos ceñido estaba.

Una camisa color blanca y de mangas largas, con volado en los puños, y sobre ella un chaleco color té completaban mi atuendo.

No salía de mi asombro cuando observé alelado y para completar aquella vestimenta que de carnaval parecía, que en mis pies tenía calzadas un par de botas de caña mediana.

¡Ay de mí!

¿De que absurda broma estaba siendo víctima? ¿Que disparate era este?

Por un momento pensé que estaba soñando, y tremendo pellizco me apliqué que hizo que chillara de dolor.

Pero no, no estaba soñando.

Por fin, me largué a reír, y al suponer que todo se trataba de algún tipo de broma que me habían jugado mi prometida Roseane, en complicidad con mis padres y mis suegros. Seguramente me habían colocado aquella indumentaria ridícula del siglo dieciocho, y luego me habían llevado hasta aquel lugar, bien diferente al sitio en que yo estaba durmiendo.

Pero algo no encajaba en mi mente...¿Cómo habían logrado cambiar mi ropa sin que yo despertase? ¿Y como me trasladaron sin que ni un ojo abriera?

Lo único que cabía dentro de mi lógica, era que previamente me hubiesen suministrado algún somnífero. Pero aquello también era imposible, pues en el momento de partir de la casa se hallaban todos durmiendo.

Volví a sentarme bajo aquel árbol con la mente tan confusa que miraba para todos lados sin entender absolutamente nada. Todo lo que había visto al despertar, permanecía en su sitio y sin cambiar nada en lo absoluto. Percibí incluso el mugido de una vaca negra y blanca, y el cloquear de las gallinas que provenían desde el corral junto a la pequeña casita.

En un momento dado, una rubia muchacha apareció desde el interior de la casa, con un gran canasto cargado de ropa en sus brazos, y que más tarde comenzó a tender al sol de la mañana en una fina cuerda atada entre dos estacas. Me puse de pié de inmediato para dirigirme hacia allí, pues pensé que cabía la posibilidad de que me aclarase las ideas sobre aquel lugar en donde yo me encontraba.

Aún sin saber todavía muy bien lo que iba a preguntarle, y cuando casi estaba junto a ella; la joven al advertir mi presencia, y con una amplia sonrisa, se abalanzó sobre mí para estrecharme en un fuerte abrazo.

-- ¡Oh, Jack mi amor!....¿Dónde estabas?...Ven adentro que está listo el desayuno.

Estupefacto, me quedé mirándola fijamente a sus hermosos ojos azules. Se trataba de una hermosa joven de rasgos finos. Vestía una larga falda celeste que casi llegaba hasta el suelo; ajustada en su cintura pero muy amplia en la parte baja, y una blusa color rosa de largas mangas, que con adornos y bordados cubría su torso.

Prácticamente me arrastró tomándome de una mano, al interior de aquella cabaña; para luego hacerme tomar asiento junto a una rústica mesa de madera de pino claro.

No sabía que decir en aquel momento, ni que actitud tomar respecto a aquella situación sumamente extraña que estaba viviendo; mi mente estaba en blanco, tal vez atorada por inexplicables sucesos que me ocurrían todos de improviso.

La muchacha hablaba, pero yo me hallaba tan, pero tan confundido, que no prestaba la más mínima atención a lo que ella decía, y su voz, sólo sonaba para mis oídos como un murmullo de fondo.

Por fin plantó ante mí, y sobre la mesa, un gran tazón con té y leche junto con media hogaza de pan de maíz.

Entonces la miré fijo por un instante, y ella tal vez percibió la angustia que mis ojos expresaban; por lo que preguntó enseguida y poniéndose seria:

-- ¿Qué te ocurre Jack?.... estás extraño esta mañana...

Entonces me animé y le dije:

-- Mi nombre no es Jack, mi nombre es Richard....Richard J. Stevens....y no sé donde me encuentro, ni que hago aquí....ni quien eres tú.

Luego tomé el tazón y bebí un sorbo de aquel té con leche.

Se puso muy seria y frunció el ceño. Estuvo así un minuto pero luego sonriendo dijo:

-- ¡Vamos Jack...déjate de hacer bromas!

-- Mira....te estoy hablando en serio. Mi nombre es Richard Javier Stevens y.....y...¡No se que como diablos llegué aquí! Pero te advierto que si esto es una mala broma de Roseane...ya ha ido demasiado lejos....

Sorbí un poco más de aquel tazón. Ella ahora me miraba sumamente extrañada y luego de pensar un poco dijo:

-- Jack...¿Te has dado tal vez algún golpe en la cabeza?

-- No, no me he golpeado, ni tropezado, ni caído....ni....¿Cuál dices que es mi nombre?

-- Jack, Jack Wilson.. ¿acaso no sabes tu propio nombre?

-- ¡Aja!...conque Jack Wilson eh ......¿Y quien demonios se supone que es Jack Wilson? ¿Tu esposo?

-- ¡Por supuesto que eres mi esposo! - respondió con vehemencia, y rápidamente dio media vuelta y desapareció por una puerta.

No tardó un minuto en regresar con un chiquillo de dos años cargado en sus brazos, y que trataba de despabilarse, pues aparentemente se hallaba durmiendo hasta hacía un instante.

-- ¡ Y éste es nuestro hijo Robert ! ¡¿O me dirás ahora que tampoco sabes quien es él?!

Advertí que aquella hermosa muchacha se había puesto sumamente nerviosa, y pronto comprendí, que de ninguna broma se trataba. La joven tenía llorosos sus hermosos ojos azules, pues vaya a saber que cosas pasarían por su mente. Intentando calmarla dije:

-- Lleva al niño a su cama para que descanse un poco más....es temprano todavía.

Luego de hacer caso a lo que yo le había dicho, regresó y se sentó delante mio.

-- ¿Es que ya no me amas y quieres marcharte? - preguntó mientras por sus mejillas rodaban lágrimas y tomó mis manos entre las suyas.

-- ¿Me escucharás si te cuento? - dije enseguida.

Conté lo que me había ocurrido, además de quien era yo, o tal vez en ese momento quien creía ser.

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5 Comentarios recibidos
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Usuario: carlstan (04-Julio-09)

Buenas noches: Envío el presente post y conste que es el último, pues no acostumbro a enzarzarme en discusiones estériles.
Eidian, incoherencias en el señor de los anillos hay a montones y en otras obras muy importantes también, lo que ocurre que Tolkien es Tolkien, y los demás, somos sólo aficionados a las letras.
En que cabeza cabe que los pequeñines de la comarca, provistos de vestimentas y toda suerte de avances tecnológicos para su época, anden "en pata" (descalzos) como decimos en Argentina. Una fea boludez o si se quiere incoherencia. Marco una sola, pero hay muchas, muchas.
Antes que me olvide, para el que guste, hay dos cuentos más, De duendes fantasmas y cigarrillos, y El extraño caso del señor Wilson.
Buenas noches.
Usuario: Mithrand (03-Julio-09)

Entendido, no aceptas críticas.

Entendido, no aceptas que otros intenten limpiar sus textos de incoherencias.

Creo que no me dejo nada...

Ah, sí, me edito: respetable pero no compartido.
Usuario: eidián (03-Julio-09)

Como usted dice Carlstan, repito lo que dije en el hilo sobre "ALCIDES". Tan sólo volver a recordar que coherencia y fantasía no tienen porque ser contradictorios y mucho menos coherencia e imaginación. Permítame recordar que "sólo en la imaginación de los hombres encuentra cada verdad una existencia eficaz e innegable". Joseph Conrad. Pocos como él lo han traslado al papel con mayor coherencia.La mayor parte de los que intentamos escribir sin traicionar nuestra imaginación seguiremos siendo aprendices en este asunto toda nuestra vida.
Usuario: carlstan (03-Julio-09)

REPITO EN ÉSTE SITIO UNA RESPUESTA YA POSTEADA.
Estimados: Debo decir en primer lugar: "Sobre gustos no hay nada escrito", y si no les agradan mis cuentos cortos, fácil, no los lean. Y el contrasentido es que los han leído. Tomen cualquier novela o cuento de autores muy famosos y también encontrarán situaciones, lugares y otras cosas inventadas, ¿o no?, ¿entonces?...... De todos modos, ¿saben que la localidad Salsipuedes existe en Argentina? ¿No sabían? Ah, bueno. Busquen www.turismoensalsi.com.ar
Recuerden que se trata de CUENTOS DE FICCIÓN, y ficción es ficción. Por lo tanto, (es una idiotez aclararlo, pero de todos modos lo debo hacer) los sitios, idioma, etc, son por supuesto imaginados. Si todo correspondiese a la realidad, lenguaje, parajes y demás, pues no sería ficción, como es ficción, todo vale.
Otra para usted eidián, ¿y el señor de los anillos? búsquele también a la obra una inserción en la historia real, en una época, o simplemente busque un lenguaje coherente.....¿Y?....¿entonces?
ES FICCIÓN!!!!!!!!
Lamentablemente muchos, (me incluyo) por ahí le buscamos "el pelo al huevo", en lugar de disfrutar de una lectura, leemos para encontrar errores o buscar incoherencias, y eso no es para nada lectura, más vale entonces dedicarnos a ser críticos literarios o analizadores de textos.
Buenos días.
Usuario: eidián (03-Julio-09)

Lamento decir que este cuento no me ha gustado demasiado: encontré mucho más interesante "ALCIDES" que al menos trataba de dar un nuevo sesgo a temas ya conocidos pero este "El árbol del ahorcado"...El tema del viaje temporal es archiconocido y no se trata de forma diferente: se ocupa el lugar de alguien, no, se pasa a ser ese alguien cumpliendo la misión en el pasado que se requiría para que el presente sea tal y como se conoce. El situar esa misión en la Guerra de Independencia Norteamericana no hace que la cosa cobre más interés. Además hay cosas que no comprendo: ¿por qué empieza a cambiar el orden de los elementos de las frases? "En sus extremos ceñido estaba", "y tremendo pellizco me apliqué, "ellos el caballo azuzaron" y más. Resulta arcaico ( no abusaba de él en "ALCIDES")y no es además un recurso de estilo debido a que parte de la acción se sitúe en el siglo XVIII pues se usa antes y después del viaje temporal del protagonista. Además (ya me pasó con el relato anterior) es increible el estoicismo con el que ese hombre se adapta a un tiempo que no es el suyo, con unas costumbres y una mentalidad que, por mucho que conozcas por los libros, te es ajena en realidad. Por último, el nombre inglés de la mujer no puede ser "Roseane" sino "Roseanne" (recordar la serie de tv). Y lo dejo aquí que creo que me estoy cebando.
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