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El Mentalista, 1ª temporada |
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La serie llegó a revelación de la temporada con los mimbres básicos de un buen proyecto: a partir de un personaje cercano, original e interesante que ha ido ganando enteros y aportando valor a su club de compinches. |
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"El Mentalista" (The Mentalist) es, sin lugar a dudas, la sorpresa televisiva de la temporada tanto en Estados Unidos (lo emite la CBS) como en España (en cable a través de TNT, y en TDT y analógico a través de La Sexta). Allá donde se ha emitido, han sido una legión de fieles seguidores los que han encumbrado a Patrick Jane (Simon Baker) y el equipo del CBI (California Boureau of Investigation) liderado por Teresa Lisbon (Robin Tunney) a la categoría de “estreno más rutilante de toda la temporada”.
Y a la confirmación de que el personaje “modelo House”, o sea, el personaje masculino, individualista, atormentado, que usa la ironía y el humor ácido para combatir su dolor, y que se rodea de un buen equipo para destacar sus habilidades, es tendencia y está más que de moda en la televisión internacional (¿se os ocurren otros ejemplos?, ¡seguro que sí!).
Si alguien quiere saber cómo construir un proyecto televisivo solvente aquí tiene un caso que, salvo hundimiento creativo imprevisible, nos garantizará aún mucho entretenimiento de la máxima calidad.
Por encima de cualquier otra característica, y aún siendo "El Mentalista" otra serie procedimental con una estructura narrativa clásica y un guión sin grandes rupturas con lo común del género, es el original punto de partida del personaje de Jane el que centra todas las pasiones (y no pocas) que despierta la serie. Personajes similares, más relacionado con lo fantástico que con lo real, los vemos actualmente en otras series como "Medium" o "Entre fantasmas". Pero es la humanidad de Jane con su drama personal, su mensaje honesto de que no hay adivinación sino truco, y la posibilidad de aprender trucos nuevos en cada episodio, los que lo hacen más cercano e interesante para el espectador.
El peso de los secundarios ha ido ganando enteros con el tiempo. En un principio todos estuvieron supeditados a su posición y actitud con respecto a Jane: la desconfianza de Lisbon, las medias tintas de Van Pelt, la cercanía de Rigsby, y la distancia prudente de Cho, han ido matizándose y cambiando a la vez que se consolidaban también sus mutuas relaciones personales. Una forma excelente de asentar los personajes y garantizar su interés desde el principio. Y una forma igualmente buena de asegurarles una progresión, por lo menos, para la primera temporada.
En este proceso ha sido extraordinaria la naturalidad con la que se ha ido trazando la fina línea que une a Rigsby y Van Pelt, con la que se juega en cada episodio de forma más o menos explícita, pero que nunca se acaba de romper definitivamente. Al principio se intentó también trazar otra línea Jane-Lisbon, pero lo precipitado de aquel rápido viraje, dado el escepticismo inicial de Lisbon hacia el mentalista, desbarató tal posibilidad. En su lugar surgió una relación aún más productiva, Jane-Cho, y que es, quizás, uno de los grandes dúos-de-colegas de la televisión actual. Una asociación que se ha ido fraguando entre ambos, poco a poco, y que alcanzó cotas muy elevadas de intimidad en “el maleficio rojo” (capítulo 12) y, sobre todo, en “Casanova carmesí”; cuando Cho y Jane se van juntos de compras para ayudarle a variar su vestuario.
¿Y qué decir de Red John o John “el rojo”? Leitmotiv para la personalidad de Jane, para explicar quién es y quién fue, e incluso para justificar el amplio camino de evolución que aún tiene el personaje (quién ya declaró estar dispuesto a todo, independientemente del precio a pagar, por vengar a su familia), estuvo presente en todos los episodios con ese “rojo”, “carmesí”, “escarlata” o “sangre” que titulo todos los episodios sin excepción. El trepidante final de temporada, y los otros tres episodios en los que aparece, son la presencia necesaria de un personaje que, sin duda, dará mucho más de sí en el futuro y tirará de Jane hacia fronteras de su carácter aún inexploradas.
"El Mentalista" llegó a revelación de la temporada con los mimbres básicos de un buen proyecto: a partir de un personaje cercano, original e interesante que ha ido ganando enteros y aportando valor a su club de compinches, hasta convertir al CBI en una unidad policial de ficción conjuntada y creíble. Si alguien quiere saber cómo construir un proyecto televisivo solvente sin tener que preguntarle a Bruno Heller (creador de la serie), aquí tiene un caso que, salvo hundimiento creativo imprevisible, nos garantizará aún mucho entretenimiento de la máxima calidad.
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