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Artículo de literatura - Fantasymundo.com
Héroe, de Eidián
Eidián   23/06/2009 Comentarios (7)
Enviar a: MeneameFacebookDeliciousTechnoratiWikio
     Angustioso relato en torno al concepto de Héroe y a la responsabilidad de la sociedad sobre la utilización común del talento individual.
Cien.
Doscientos.
-Aceleración.
Trescientos.
-Seguimiento en el visor de las constantes vitales.
Cuatrocientos. Quinientos.
-Comienzan las dificultades respiratorias.
-Ascendiendo al punto crítico.
Seiscientos.
-Desaparición de registros de visión en el monitor.
Setecientos.
-Aproximación al punto crítico.
-Ondas cerebrales anormales.
Ochocientos.
-Bajada de niveles de glucosa, pérdida de hematies...Oclusión del sistema respiratorio. Ralentización del ritmo cardiaco.
Novecientos.
-Punto crítico.¡Reaccionen!
Mil.
-Aplicación de medidas de control. Cese de la estimulación. Recuperación de constantes.
Setecientos.
-Recuperación del ritmo cardíaco.
Cuatrocientos.
-Recuperación del pulso visual.

Cien.

Estabilidad.

Marta quería una boda por todo lo alto.

Catedral, velas de ámbar, rosas blancas y azucenas, vestido imperio con cola bordada, trescientos invitados, comida en pabellones al aire libre y un novio vestido de Armani. ¿Por qué no? Se sentía feliz tan sólo con pensar en la ceremonia. Ella aportaba doscientos ochenta invitados; yo los demás. Compañeros del instituto, del trabajo y un padrino, Miguel, mi único amigo, mi protector. ¿Sabes lo que haces? ¿Por qué lo preguntas? Esa chica es una interesada. Será en mi inmensa fortuna. No te rías sabes a que me refiero. Déjalo ya, ¿quieres? ¿No puedes alegrarte simplemente por mí?. Si no te lo digo yo, ¿quién te lo va a decir?. Eres un desgraciado con unos padres que no te hablan, una hermana que te odia y una novia... ¡Basta ¡ ¿Qué número haces? ¿El veinte? ¡Miguel te he dicho basta! Y ese futuro niño...¡Cállate!... El contacto de una piel áspera bajo los nudillos. Su voz, cayendo. ¿Le golpeé? Si, creo que si. De cualquier manera, se fue. El hermano pequeño de Marta se prestó para ser mi padrino. Palabras de San Pablo sobre la Caridad...¿o el Amor? Ave María de Schubert en el coro y anillos de oro con solitario de diamante en las manos. Las arras... cayeron en el suelo de la cocina mientras sufría las primeras convulsiones.

El día de la boda.

Levita gris, tela de raso, camisa de seda, chaleco con un bordado fino en la pechera, todo elección de Marta. Colonia de Loewe para hombre. Peluquería el día anterior bajo la supervisión de mi futura señora. Manicura. Zapatos italianos. Un beso de buenas noches. ¿Seguro que podrás hacerte tu solo el lazo de la corbata? Bien. No se te ocurra llegar tarde a la iglesia o te mato. Risa nerviosa. ¿Dudaba de mí? Vuelta a la derecha, ahora por dentro. Primera convulsión, apenas un movimiento extraño por el rabillo del ojo. Me temblaban las manos. Que tontería. Seguí con el lazo. Nueva convulsión. Los globos oculares palpitaban como venas hinchadas. ¿Qué pasaba? Intenté fijar la vista en las manos que no me respondían. Aquello que alcé frente a mí eran dos masas temblorosas de carne con reptantes gusanos azulados en su superficie. Hasta las uñas parecían respirar ante mis ojos. Aullé. ¡Uhhhhhhhhhhh! ¡Huye! ¡Huye! Me abalancé sobre la puerta: ésta era un compuesto de madera que se hinchaba y comprimía como un pulmón. La masa de carne intentaba asirla y se agitaba bajo su contacto como la gelatina. Método del siquiatra de la empresa para no perder el control: contar con lentitud. Respirar. Uno. Respirar, dos. Respirar tres respirar cuatro cinco.... La masa de carne halló algo con cierta consistencia, dorado. El picaporte. Grité a la blanda masa: ¡abre la puerta! Algo se agitó bajo la superficie rosacea a una velocidad asombrosa. Estallaban látigos bajo la piel que apenas podía contener su ímpetu. Era asombroso y monstruoso a la vez y todo ocurría en aquella cosa extraña que antes había sido mi mano. Salí al pasillo. Las paredes parecían moverse bajo fuerzas ocultas, meciéndose al compás de músicas desconocidas y lujuriosas. Los cuadros se salían de sus marcos. El zapatero parecía digerir el calzado con parsimonia. La alfombra se contraía y extendía como una serpiente...El espejo del aparador reflejaba algo grotesco, un ser hecho de temblores constantes en el que nada se hallaba fijo, la pesadilla de un enfermo de Parkinson. Ese monstruo abrió entre convulsiones algo parecido a una boca, un pedazo de oscuridad que se extendía en el lugar donde se sospechaba un rostro. Gritó. Grité. Unodostrescuatrocincoahhhhhhhhh. Otra madera palpitante que cede, algo que se interpone ante la masa temblorosa que, reculante, oscila y cae y cae y cae....Choqué contra usted en la escalera. Parecía fuera de sí. Rodó hasta el piso de abajo y se quedó inmóvil. Pensé que lo mejor era llamar a una ambulancia. Hice bien, ¿verdad?. Si, señora Ruiz, hizo muy bien.

Días en el hospital.

Héroe locoMarta decía comprenderlo mientras acariciaba su vientre ya voluminoso. Mentira. Sus ojos reflejaban el coche que no apareció, el llanto, la desesperación... el abandono. Esperaré. Mentira, pero, miren que trágico y ridículo, no puedo culparla. Ellos lo resolvieron bien. La encontraron a mi lado: yo dormitaba sedado, con mi mano en la suya. Cerré los ojos con su rostro fijo en la ventana de la habitación. Comprendieron. Creo que su marido se llama Alberto. Me dijo su nombre pero no lo recuerdo con claridad. Se acercaron a ella con interés, por mi interés, le explicaron. Pobre muchacho. Nuestro deber es ayudarle y aquí ya no mejorará. Quiere lo mejor para él, ¿verdad?. Déjelo en nuestras manos. Firme estos papeles y pronto lo verá curado. Empieza el show, chan, chan. Pasen y vean. Sólo han pasado unos días no se preocupe. En pocas semanas más podrá volver a verle. Estos meses ha habido algunas pequeñas complicaciones... Aguarde. Aguarde. Abandonó. Alberto me visitó un día por ella. Me explicó las grandes verdades de la vida. No he sabido nada más.

Ignorancia.

Aparecieron con sonrisas en el hospital. Su mal es bastante desconocido e interesante pero no exento de solución. ¿Cómo pudieron enterarse? ¿Tal vez un celador, un periodista que no tenía otra cosa que husmear por las clínicas, un médico deseoso de triunfar? Eso carece ya de importancia. Les creí, como Marta. Accedí a todo en medio de sonrisas y gestos de esperanza mientras me moría de miedo por dentro. ¿Cómo iba a decir que no? Sólo ellos me hablaron de futuro y Marta aún esperaba. Se lo debía. Empezaron con las pruebas para...¿qué? Sin explicaciones. Me trasladaron a unas instalaciones especiales, a una habitación metálica sin ventanas, de la cual sólo saldría bajo supervisión médica. Pregunté y recibí evasivas. Llegó el dolor. Seguía siendo el idiota de la clase. No recibía llamadas, no tenía visitas. Hice varias amenazas: total indiferencia de mis secuestradores.

Otra vez, más incisivo: Miedo.

Había una prueba que se repetía periódicamente de forma metódica. Ha llegado la prueba semanal, muchacho. Resultado: método para conocer el paso del tiempo. Así sabía que había transcurrido una nueva semana. Para obtener resultados satisfactorios, sin interferencias del paciente, me desnudaban completamente de cintura para arriba, me ataban con correas de cuero, me inmovilizaban la cabeza, las manos y el resto de las extremidades. No me daban ni calmantes ni anestesia. Eso podía desvirtuar los datos conseguidos. Desde la cintura hasta la coronilla me llenaban de electrodos. Abrían mis ojos con extrañas varillas para impedir que cerrase los párpados y me inyectaban a través de los globos oculares varias substancias que nunca logré identificar. Después anotaban las reacciones: recuerdo, más o menos, aceleración del pulso, movimientos espasmódicos, movimiento extremo de los ojos en las órbitas oculares, vómitos, autolesiones en las manos... ¿Qué esperaban encontrar? ¡A saber! Nunca quedaron satisfechos. Fueron veinticuatro pruebas semanales. En la sesión veinticinco apareció un nuevo médico, alguien de gesto bondadoso, alguien a quien asirse en medio de aquellos rostros similares de idéntica expresión. Todo cambió a partir de entonces. Experimentos con imágenes suaves. Charlas. Relajación y ejercicios mentales. Paz tras el dolor. Una voz amiga.

Mentiras.

ÁcaroSomos hombres adultos y no debemos recurrir al engaño, ¿verdad? Olvidemos pasadas circunstancias y afrontemos su caso desde una perspectiva desapasionada y científica que nos permita llegar a ambos a una situación satisfactoria. Para empezar, llamemos a las cosas por su nombre. Lo que sufre usted es una rara desviación en el código genético, una mutación extraña e inusual localizada en el nervio óptico, que se manifiesta en una reconfiguración del pulso visual que le permite captar un extenso tipo de movimientos, incluidos aquellos que escapan habitualmente a la percepción humana. Hemos podido averiguar, gracias a su expediente médico, que las “palpitaciones”, como usted las llama, estuvieron precedidas a lo largo de su infancia por cefaleas, molestias en los ojos, sequedad en el iris, etc. Es decir, una serie de síntomas que enmascaraban la verdadera naturaleza de lo que ocurría: la adecuación de sus ojos a la mutación prenatal. Debido a que nunca acudió a un especialista oftalmológico, pues sus padres se limitaron a llevarle al médico familiar, algo que tuvo que ser puesto bajo control desde sus primeros años pasó desapercibido hasta el día de su boda. Es más, su médico de cabecera acabó recomendándole que acudiese a un siquiatra pues pensaba que sus dolores de cabeza y los desenfoques visuales que a veces sufría podían tener una raíz nerviosa. En cierta forma tenía razón pero no como él pensaba. Lo cierto es que ha llegado a la madurez sin que nadie supiese que le pasaba y...¿qué consecuencias ha tenido para usted ese hecho? Por lo que hemos averiguado, ese estado permanente de dolencia que ha arrastrado toda su vida le ha convertido en un ser solitario, sin amigos, en permanente lucha con una familia que le consideraba desde un inválido rebelde a un actor sin escrúpulos. Esas son las palabras textuales que recogió el siquiatra de la empresa cuando usted habló de sus padres y su hermana. Bien. Posiblemente no mintió en nada. Una situación como la suya es algo excepcional y suele conllevar la incomprensión de las personas más cercanas. ¿Su novia? ¡Oh, si ya recuerdo! No debe preocuparse de eso ahora. Nuestros relaciones públicas se ocupan de que esté informada en todo momento. Una muchacha muy comprensiva y atenta que espera que se mejore, si. Eso me lleva a tratar un asunto de la mayor importancia para nosotros dos: su evolución. Aunque hemos acabado averiguando lo que ocurre, y debo pedirle disculpas por los métodos tan poco ortodoxos a los que hemos tenido que recurrir aunque todo ha sido por su bien, no sabemos aún exactamente como controlarlo. Si, controlarlo. ¡Por favor! Creía que a estas alturas ese tema estaba ya superado. Es imposible destruir su afección pues podríamos dejarle ciego y...Desde luego, existen los trasplantes de córnea pero... Querido amigo, desista de esa idea. Su cerebro no resistiría un transplante de ese tipo. ¿Por qué, pregunta? Porque la mutación que ha forjado sus ojos también ha acabado afectando a su cerebro y este se ha adaptado a las especiales características de los primeros. Extirpar unos supondría la debilitación del otro... o su destrucción. La única solución es el control del fenómeno. No debe desesperarse. Piense en las posibilidades. Puede usted captar los movimientos más sutiles: el crecimiento de las plantas, el flujo de las corrientes magmáticas bajo la superficie terrestre, el lento oscilar del planeta en el espacio... Bastará con que aprenda a controlar sus emociones, sus nervios, para que el mundo, el universo le desvele sus secretos. ¿Sabe la cantidad de misterios que podría desvelarnos? Vamos, vamos. Relájese. Nosotros le ayudaremos. Tenemos experiencia en este tipo de casos. ¿Qué tipo de casos? Pues...de su tipo, claro. Vamos, no se preocupe. Deje el asunto en nuestras manos. Usted sólo debe ocuparse en perder esos nervios e intentar disfrutar de la situación. En efecto, disfrutar, eso he dicho. Pierda esos aires melodramáticos y piense en la persona en que puede convertirse: en un héroe, en un verdadero benefactor para la Humanidad. Alguien dispuesto a aceptar la grandeza que le ha tocado en suerte.

Desesperación.

Primero fueron suaves. Jugaron a ser comprensivos, complacientes. Yo era aún una promesa. Estimulación a base de imágenes, registros auditivos, fenómenos táctiles... ya lo había dicho. Ponían en juego mis sentidos para intentar hallar una respuesta adecuada. ¿La respuesta a qué? No se preocupe, no se preocupe. Sólo relájese. Cambio de escenario. Habitación blanca recubierta de espuma blanca. Sin ventanas. ¿Soy acaso un loco? ¡Qué bromista! Es sólo para su seguridad. Para encubrir la certeza juego de dos cuadros, recuerdo de pretéritos pacientes: una marina desvaída, mareante, y un paisaje con una figura lejana, abandonada en la inmensidad de un campo gris. ¿Le deprime? Podemos...Olvídelo. Tan sólo me preguntaba el por qué de un campo gris. ¡Oh, eso! Es sólo el exceso de plomo en la pintura: tiene demasiados años y ha acabado por comerse el color original. Sólo plomo. Están sujetos a la pared de tal forma que es imposible arrancarlos y los marcos se incrustan de tal forma en el muro que se diría que forman parte de él. Un hombre perdido en la inmensidad. Gris. El médico apacible empezó a impacientarse. Me temo que tendremos que pasar a pruebas algo más complicadas y tal vez dolorosas. Tal vez. La espuma de la blanca habitación es para acallar mis quejidos. Recuerdo que intenté rebelarme. El apacible doctor se rió. ¿Ahora se convierte en un revolucionario? No tiene usted espíritu para eso, querido. Está visto que no tiene usted espíritu para nada. Tal vez. De nuevo el dolor. Creciente. Imparable. Un día desperté y estaba atado a la cama. Correas de cuero. Soy un loco. ¿Tuve, en cualquier momento, alguna oportunidad?

El Horror, el Horror, el Horror.

ReprimendaNo estoy preparado para la grandeza. Mis ojos, enloquecidos se desplazan como cometas sobre cuanto me rodea. Percibo como la espuma que acolcha las paredes se comprime ligeramente ante la presión infinitesimal del aire que entra a través de las rejillas. Veo el fluir de la corriente eléctrica, en inconcebible sucesión, corriendo a través de los protegidos cables del techo hacia la protegida lámpara. Veo el nacimiento de los ácaros sobre mi piel como un reventar de pústulas en mi cuerpo, en la ropa, en las correas, por todas partes. Antes no sabía que suceso contemplaba pero el paciente doctor me lo explicó con detalle. Les veo agitarse sobre mí junto a toda una fauna microscópica irreconocible cuyos ojos, ocelos, o como cojones se llamen, están fijos en mí mientras se alimentan de este cuerpo miserable que les da cobijo. Miro como se alimentan con paciencia y tranquilidad. Siento como me digieren lentamente. Al principio grité. Uno cerdos dos gilipollas tres asesinos cuatro cabrones cinco hijos de puta hijos de puta hijos de puta... Sin parar hasta llegar a los dos millones de hijos de puta. Grita hasta que se salga el cerebro por la boca, grita hasta perder la conciencia porque tú, yo, yo, la has jodido y vas a pagar. ¿Por qué? Por estar aquí estúpido payaso, por tener miedo y soportar el dolor, por no haber sabido reaccionar y saber de que pie cojeaban, por.... Ahora jódete y baila, baila hasta que esos insignes ojos llenos de grandeza hagan que te vuelvas loco de atar porque cada día los períodos de calma son más cortos y has empezado a notar el movimiento a través de los párpados. Bonito, ¿no crees? ¿Qué diría el pacífico doctor paciente si lo supiese? Quizás se arrepintiese de lo que nos escupió el otro día cuando regresabas hecho una pulpa carnosa del enésimo experimento. No tiene usted vocación de sacrificio, hijo. ¿Cuándo empezará a colaborar? Tenemos que arrancarle cada progreso a base de ensayar y rectificar. ¿Es que no se da cuenta de lo que esto supone para nosotros? ¡La cantidad de tiempo que podríamos ahorrar si usted nos ayudase! ¿De que le sirve mirarme con esos ojos? Si usted mismo nos dijera que siente, y se examinara en busca de cambios positivos, acabaríamos antes con esta fase exploratoria para pasar al control perceptivo. Es usted demasiado débil, incapaz de discernir la oportunidad que le ha sido dada para sobresalir. Podría indagar en las vidas humanas como en un libro abierto pues cualquier movimiento, cualquier insignificante gesto involuntario sería para usted revelador. Les dominaría. Dominaría la ciencia al reconocer el surgimiento de un cáncer sólo con el movimiento extraño de las células, su mirada sería más perfecta que el más perfecto de los aparatos de precisión. Vería nacer las estrellas... pero es usted un necio que prefiere poner trabas a su destino. En fin, lo que sufra será sólo responsabilidad suya. Suya, mía. Sólo mía. Mía. Mía. Es toda mía. La quiero toda para mí bien envuelta en papel celofán que sepa a melocotón como los condones que traía Marta pues los míos eran demasiado aburridos. Aburridos Lubrificados. Paquete de cinco en la farmacia de la esquina. Marta. Alberto miente. ¿Te dijo que creía que era mejor que me olvidases? ¿Qué os deseaba toda la suerte del mundo? ¡Miente! ¡Miente! Es mejor que te hagas a la idea de que ella ya no existe. La cuidaremos bien. Tu tienes una responsabilidad con la sociedad. Cumple con ella y podrás volver a tener una vida normal...aunque Marta ya no formará parte de ella. Es una lástima pero debe ser así. Cuanto antes empieces a colaborar antes podrás volver a la calle. En tus manos está... ¿En mis manos? ¿En estos pedazos de carne blanquecina, escuálida y deteriorada, atravesados por cientos de pequeños orificios que resudan sangre y se agitan y contraen, se agitan y contraen como un moribundo que busca aire? ¡Quiero colaborar! ¡Oh, Dios! Quiero colaborar, cantarles nanas, fregarles los suelos, lamerles las botas. Dejad que lo intente de nuevo. Colaboraré. Tan sólo quitadme el dolor. ¡Quitadme el dolor!.

Aceptación.

Soy tan tonto. Ya no recordaba que esta mañana hable con el buen doctor, al acabar la prueba. ¡Qué benevolente fue! Afirmó que ese era el camino correcto y yo estoy de acuerdo con él. Me tomó de la mano, me llamó hijo y aseguró que a partir de ahora todo iría bien. Prometí fijarme en todos los detalles de los experimentos, anotar mentalmente todos los cambios y olvidarme del dolor. En bien de todos. En provecho de la Humanidad. Muy bien. Muy bien. Ahora estoy sentado cómodamente en mi cama mirando el cuadro del hombre solitario. Siento los ojos invisibles de las cámaras sobre mi. Comienza el día 178 de rodaje. Me fijo con cuidado en el cuadro. Lo miro. Lo miro. Debo anotar los cambios. El hombre del cuadro empieza a moverse. No palpita, se mueve. ¡Ja, ja! Se mueve. Se va. Empieza otro ataque. Creo que será fuerte, definitivo. Debo anotar los cambios. Aunque el mundo empieza a oscilar me acerco al hombre que se va. Toco con los trozos de carne temblorosa la superficie del cuadro, lienzo desprotegido. Comprendo. Gris. Apenas tengo uñas porque son peligrosas para mí pero alguna queda y rasgo el lienzo. Veo al hombre. Es una pequeña figura, camina hacia un horizonte que no aparece en la imagen. Comprendo. Miro a mi alrededor y el movimiento adquiere ritmo, armonía. Desaparecen las palpitaciones. El movimiento lo es todo. Yo soy el Movimiento. Comprendo. He triunfado. Lo comprendo. Un titilar más, una agitación última. En el apenas perceptible desplazamiento de los cables de las cámaras percibo con seguridad el vacío de la sala de vídeo. El día 178, sin duda concebido como otro aburrido día más, está siendo captado sin testigos. Pero todo ha quedado registrado. Vendrán ellos. En mis manos, ¡mis manos por fin!, el hombre camina hacia su destino. Comprendo. No deben saberlo. Lentamente, con parsimonia, rasgo la tela, vieja y débil. La introduzco en mi boca. Trago. Introducir y tragar. Introducir y tragar. Mis movimientos son precisos, escasos y seguros. Doy la espalda a la puerta. Siento el movimiento apacible de los guardas. Veo sin mirar sus sonrisas irónicas, ignorantes. Aún queda un rato largo para que vuelva el doctor. Entonces será tarde. Ya no queda lienzo. Plomo. Veneno. He de estar preparado. Será doloroso. No puedo evitar una carcajada. ¿Hace cuánto que no lo es? Uno, dos, tres, cuatro, cinco...Al fin estoy relajado. He alcanzado mi meta. He cumplido con mi deber. Soy el héroe que la Humanidad merecía. Estoy preparado para la Grandeza.

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7 Comentarios recibidos
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Usuario: D3NE (25-Junio-09)

Estoy escribiendo el último capítulo de la Leña del Leñador, asique espero pronto publicarlo aquí.
Usuario: eidián (25-Junio-09)

¡Gracias, gracias! Me siento como si me hubiesen dado un nobel...pude parecer algo exagerado pero estaba deseando que me lloviesen críticas...lo cual sigue pareciendo exagerado. Bien. Gracias Matías: es cierto que , después de releer el texto (tiene ya cuatro añitos) me di cuenta que, sobre todo al principio, no se entiende bien cuando habla el protagonista y cuando entremezcla las voces de sus recuerdos. No lo hice con la suficiente habilidad. Posiblemente si, como tu también aportas acertadamente, hubiese hecho párrafos menos largos, aprovechando esas voces interiores, la cosa hubiese salido mejor: estaba tan obsesionada por transmitir la sensación de angustia que no reparé en esos "pequeños detalles" y quería aportar toda la experiencia del protagonista en bloques a sabiendas de que eso costaría al lector, que aún le desazonaría más, y contribuiría a que experimentase la tortura del hombre sobre el cual leía. Parece que me pasé de lista. Gracias otra vez por la indicaciones y no dudes que seguiré por aquí. ¿Para cuándo nuevas páginas de "El leñador..."?
PD: Gracias Mit por respetar los párrafos largos, aunque no estuviesen bien concebidos.
Usuario: D3NE (25-Junio-09)

Espero te hayan servido mis puntos, y también verte pronto cuando publique otro de mis relatos.
Usuario: Mithrand (25-Junio-09)

Apoyo la enmienda de los párrafos largos. De hecho estuve por dividirlos en edición, pero pensé que no me correspondía esa atribución...
Usuario: D3NE (24-Junio-09)

Eidián,

1. Gracias por compartir tus creaciones aquí en Fantasymundo, ya tengo a alguien que me acompañe en la publicación de relatos, eso es bueno .

2. Tu texto no es malo, pero tiene cosas que molestan a la vista y la comodidad del lector (por lo menos en mi caso), párrafos tan largos cansan, usar los punto aparte ayuda para poder ordenar los pensamientos mientras uno lee y también para descansar de vez en cuando.
Además, los diálogos entre distintos personajes confunden, uno tiene que revisar bien lo que lee para ver qué dice el protagonista y qué dicen los demás, es un poco desesperante ya que se pierde el hilo principal del relato.

Por último, no soy muy bueno para este tipo de textos, me refiero a que me cuesta mucho sacar el verdadero significado de algunas cosas cuando lo leo, el mensaje entre lineas, ese que va escondido tímidamente detrás de cada párrafo, pero aún así, este texto me ha parecido genial. Me sentí enfermo, desesperado, enojado, al igual que el narrador, quería escapar y salir de la realidad que nos presentaste en el mismo, pero aún así aguanté hasta el final.

3. No dejes de escribir aquí, ya tienes un lector asegurado. Es triste que no comenten mucho acá en fantasymundo sobretodo en los artículos, entrevistas y otros, pero ya se encontrará alguna forma para potenciar la participación de los usuarios. Yo, por mi parte, seguiré publicando mis relatos aquí.

Un saludo!
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