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       Artículo de literatura
Fabuland, de Jorge Magano
Irene Muzas   28/04/2009 Escribir Comentario
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     A través de la pantalla o Kevin Dexter en el País de las Maravillas: sus protagonistas son capaces de reunir el valor necesario para aceptarse a sí mismos y luchar por sus sueños.
Portada de Fabuland, de Jorge MaganoEn contra de quién pueda creer que "Fabuland" (Espasa-Calpe) aboga por centrarse en la vida real para poder vivir plenamente o “de verdad”, en esta novela es gracias al mundo imaginario, en el que pasan la mayor parte del tiempo, que sus protagonistas son capaces de reunir el valor necesario para aceptarse a sí mismos y luchar por sus sueños, en la “vida real” y en Fabuland.

Es gracias a esa vía que muchos declaran peyorativamente “escapista”, que sus protagonistas son capaces de enfrentarse a sus mayores miedos y, en muchos casos, vencerlos.

"Fabuland" es la segunda novela del madrileño Jorge Magano, autor de "La Isis Dorada" (2007, Suma de Letras). Con "Fabuland", Jorge Magano nos regala dos novelas en una, abordando uno de los temas más inquietantes a los que todo adolescente debe enfrentarse: saber quién es.

El protagonista es un chaval de 16 años, Kevin Dexter, que vive literalmente, por y para Fabuland, un juego de rol en red. Allí es Rob McBride, un valiente guerrero baktus, un enano pelirrojo de espesa barba, que se enfrenta al malvado mago Kreesor y sus secuaces para conseguir los Doce Huevos Áureos, capaces de concederle cualquier deseo. Junto a sus amigos en red Chema y Hideki se enfrentan a mil y una aventuras.

Jorge MaganoMientras, en la vida real, Kevin entabla amistad con Martha Sheridan, una chica que conoce por casualidad en una biblioteca. Kevin intenta convencerla para que también juegue a Fabuland y parece que finalmente lo consigue. A partir de entonces tanto Kevin como servidora nos pasamos parte de la narración tratando de averiguar quién demonios era Martha en Fabuland y quién es la princesa en apuros. Hasta ahí la historia. No revelaré más.

Los personajes que pueblan esta novela son adolescentes que sufren de lo que todo adolescente ha sufrido alguna vez: no les gusta quién son, ni su apariencia ni, a veces, ni siquiera donde viven. El lector puede que se sienta identificado con ellos porque o bien padece los mismos síntomas...o alguna vez los padeció. ¿Y qué hacer cuando no te gusta ni quién eres, ni como eres ni dónde vives? Pues te inventas una identidad alternativa, en un mundo imaginario donde puedas tener la apariencia que más admires. El problema es que, en lo que se refiere a la apariencia y su identidad, tampoco están satisfechos en Fabuland. A Kevin le hubiera gustado ser un guerrero norman, alto y guaperas; a Chema un gregoch... macho. Así que no es oro todo lo que reluce en Fabuland.

Podría haberse tratado de un juego en red o, de un buen libro que te transportara a “otra dimensión". Estoy pensando en Sebastián Baltasar Buch y su alter ego en "La Historia Interminable" de Michael Ende. Estoy segura que hoy en día podríamos extrapolar el mundo de Fantasía de Ende al Fabuland de Magano. Y es que la experiencia del lector se parece mucho a lo que puede experimentarse en un juego de rol en red, como magistralmente recrea Magano al narrarnos las aventuras de Rob McBride y sus colegas en Fabuland. ¿Quién no ha imaginado ser Atreyu en Fantasía como Sebastián? O, por poner un ejemplo bastante actual ¿A cuántas no les hubiera gustado ser Bella en "Crepúsculo"?

Pero Magano lo deja bien claro con su cita introductoria: “la realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ello, no desaparece”, de nada más y nada menos que toda una autoridad en lo que a la problemática de la identidad se refiere (entre otras muchas cosas): Philip K. Dick. Y es que la problemática sobre la identidad rebasa las fronteras de la individualidad para plantearle a lo que llamamos “realidad” la misma pregunta que Kevin y sus compañeros de chat se plantean: ¿quién soy? Los dos mundos que conviven en las páginas de la novela, el imaginario o Fabuland y la más conocida como “vida real” tienen diferentes protagonistas, diferentes normas, diferentes tempos, pero un denominador común: en ambas hay héroes, villanos y princesas que necesitan ser rescatadas, o que, por lo menos, necesitan el apoyo necesario para rescatarse a sí mismas.

En contra de quién pueda creer que "Fabuland" aboga por centrarse en la vida real para poder vivir plenamente o “de verdad”, en esta novela es gracias al mundo imaginario, en el que pasan la mayor parte del tiempo, que sus protagonistas son capaces de reunir el valor necesario para aceptarse a sí mismos y luchar por sus sueños, en la “vida real” y en Fabuland. Es gracias a esa vía que muchos declaran peyorativamente “escapista” que sus protagonistas son capaces de enfrentarse a sus mayores miedos y, en muchos casos, vencerlos. No sé si cuando dejemos de creer en la realidad, esta desaparecerá o no, pero, de lo que estoy segura es que necesitaremos la imaginación para conseguirlo.

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