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Seirei no Moribito (El Guardián del Espíritu Sagrado), anime de calidad
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La mezcla de la trama, la animación y el transfondo, crean un anime creíble desde todo punto de vista, y que, a pesar del lento inicio, al final compensa la narración del todo. |
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Seirei no Moribito es la primera de una serie de diez novelas japonesas, escritas por Nahoko Uehashi, que han sido adaptadas a varios formatos, entre ellos el anime, que es lo que nos ocupa. La serie consta de 26 capítulos de unos 25 minutos, está producida por Kabushiki-gaisha Purodakusyon Ai Jī y dirigida por Kenji Kamiyama (que también participó en varias entregas de Ghost in the Shell). Ésta se proyectó por primera vez en 2007, y ha conseguido un buen éxito de crítica y público, aunque su periplo por los EE.UU., país al que llegó un año más tarde, no ha resultado tan halagüeño, la serie fue cancelada sin llegar a la mitad de su emisión. En España, tenemos disponible esta serie en DVD desde noviembre del año pasado, de la mano de Selecta Visión, en dos volúmenes.
Estamos ante un anime con un ritmo muy irregular, que cambia de capítulo a capítulo, pero tanto su ambientación como su trama atrapan al espectador de forma convincente hasta el último capítulo
El anime se centra en la lancera Balsa, una guerrera hecha a sí misma y en la treintena con un terrible pasado a sus espaldas, que arrastra un dolor insoportable que tiñe todas sus decisiones. Trabaja como guardiana, protegiendo a otras personas por dinero gracias a su maestría con la lanza. Pese a que da la impresión de ser una guerrera despiadada y eficiente en su trabajo, en realidad Balsa se ha prometido a sí misma no volver a arrebatar jamás vida alguna, y salvar ocho almas para compensar sendos asesinatos que se cometieron por su culpa.
Un día, Balsa es llamada a palacio por la Segunda Princesa y recibida en secreto por la noble mujer. Ni-no-Kisaki, la noble, le explica que su hijo, el Segundo Príncipe Chagum, está en peligro, ya que su propio padre, el Primer Emperador Mikado, desea asesinarlo por estar poseído. Es más, ya lo ha intentado… la mujer suplica a Balsa que proteja a Chagum, pero Balsa en un inicio se muestra reticente, aunque finalmente acepta. Con un pequeño tesoro y la compañía de Chagum, la lancera sale de palacio, tras ordenar a Ni-no-Kisaki que prenda fuego al palacio como maniobra de distracción; el objetivo es que el Primer Emperador crea que Chagum pereció en el incendio, y sus ejércitos no les persigan.
El Segundo Príncipe comienza una vida sencilla junto a Balsa, y ambos intentan mezclarse con el pueblo llano, con el fin de pasar desapercibidos. El chico comienza a ser instruido en la vida diaria de un plebeyo, mientras Balsa le educa como mejor puede. La dura lancera no puede evitar sentir como su corazón se vuelve hacia el niño, quien a su vez comienza a ver a Balsa como una figura materna, y como fuente de conocimientos. Ambos, durante un breve espacio de tiempo, creen haber dejado de lado sus destinos y creado una vida en común, pero no era ese su sino. Pero contarán con la ayuda de Tanda, amigo de la infancia de Balsa y herborista de profesión, discípulo de la chamán Torogai, también maestra de la lancera.
Ésta última está en contacto con Nayug, el mundo espiritual, y puede comunicarse con algunos espíritus del agua. Precisamente es ella quien descubre que el espíritu que posee a Chagum es benéfico, y su existencia, en forma de huevo dentro del cuerpo del Segundo Príncipe, está destinada a llevar la bendición del agua al pueblo. Lamentablemente, según las leyendas, para que el huevo eclosione y las lluvias lleguen a la cosecha, es necesario que el cuerpo anfitrión sea abierto, y por tanto muera. También dos huérfanos, Tōya y Saya, intentarán ayudar a la lancera y al príncipe a escapar de sus enemigos.
El Primer Emperador descubre que Chagum sigue vivo, y envía a sus mejores asesinos a por él, temeroso del espíritu que lo posee. El grupo, formado por hombres inteligentes, poco crueles pero expeditivos, estrechan poco a poco el cerco en torno a los dos fugados, hasta que dan con ellos. Mientras, en Palacio, Sagum, el otro príncipe, toma las riendas de los asuntos de estado.
Estamos ante un anime con un ritmo muy irregular, que cambia de capítulo a capítulo, pero tanto su ambientación como su trama atrapan al espectador de forma convincente hasta el último capítulo. La acción se sucede rauda en los primeros, y el ritmo decrece a partir de ahí, para mostrar la nueva vida de Chagum, y para que entendamos su cambio vital, tanto en motivaciones como en necesidades. Se nos muestra la vida diaria del Nuevo Imperio de Yogo, reino feudal de Mikado, situado en la edad media japonesa. El nuevo emperador sometió en su momento al pueblo Yakue (curiosamente, en vasco es el mismo nombre que Jaime, Santiago o Jacobo), antiguo dueño de la tierra, y lo relegó a pequeños asentamientos dispersos, junto con sus tradiciones. Precisamente éstas últimas son las que necesitará desesperadamente Chagum para ser salvado.
Esta es una historia sobre superación, sobre la importancia de las tradiciones y de seguir los propios instintos, sobre la importancia de la vida humana y de los sacrificios que hacemos durante nuestra existencia por los que amamos y respetamos. No hay tiempo para el sentimentalismo, se trata de una narración sincera y dura sobre la vida en Yogo, conoceremos como es la vida entre los nobles y entre los villanos del reino, y como unos y otros deben sobrevivir con distintas armas.
No estamos ante algo excesivamente original en cuanto a la trama general, pero es el tratamiento de ésta lo que hace de este anime especial. No hay referencias comparativas con un período histórico concreto, pero a la vez podría encajar perfectamente con el medievo feudal nipón. Las relaciones entre la nobleza y la gente de a pie lo atestiguan, así como el momento en que transcurre la trama, entre la pérdida de las tradiciones milenarias y la necesidad de conservarlas. Este transfondo melancólico de lo perdido tiñe la narración, y nos hace desear conservarlo. Todo el anime parece destinado a llegar a esta moraleja final, pero de forma didáctica y atrayente.
La animación es de calidad, desde luego, no sólo en las escenas de lucha, muy creíbles y plásticas, sino en los momentos oníricos. La mezcla de la trama, la animación y el transfondo, crean un anime creíble desde todo punto de vista, y que, a pesar del lento inicio, al final compensa la narración del todo. Todos los personajes evolucionan en uno u otro sentido, menos el Primer Emperador, figura inmutable, y que apenas aparece, pese a que esté siempre presente.
Lástima que, por duración, algunos de ellos estén desaprovechados, como el del herrero de Yogo, que me recordó horrores a Hatori Hanzo, en Kill Bill, estupenda duología dirigida por Quentin Tarantino. Otro de los personajes desaprovechados y liquidados rápidamente es Jiguro, el mentor de Balsa, un guerrero incomparable que es el origen de la devoción de la lancera por su arte y la vida. La banda sonora acompaña muy bien a toda la narración, y la mayoría de los instrumentos evocan precisamente el ambiente en que se desarrolla, y los momentos anímicos que atraviesan sus protagonistas; no se impone a las imágenes, sino que suponen el complemento perfecto. Eso sí, el opening es nefasto, no casa con el tono del anime, ojalá la canción de inicio tuviese otro tono. En fin, en conjunto es un anime para disfrutar; una lástima que no pueda contaros más detalles acerca de las leyendas que rodean al anime, pero no quiero estropeároslo…
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