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Los oscuros callejones del Madrid del siglo XVII, la taberna del Turco, Quevedo, Iñigo...
El gran Carlos Giménez y Joan Mundet, adaptan al capitán Diego de Alatriste para el noveno arte. |
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Al parecer, el dibujante catalán Joan Mundet no está muy seguro de cómo llamar a esta adaptación al mundo de las viñetas de la primera novela de la saga Alatriste (la segunda adaptación ya está terminada y a punto de publicarse). Ni cómic ni tebeo ni novela gráfica parecen resultarle adecuados, pero yo creo que éste último término le viene como anillo al dedo, porque por una vez en el mundo de las adaptaciones, nos encontramos con algo fiel. Fiel cual perro labrador. Fiel cual Alatriste a su rey.
Y es que es un volumen todo viñetas, pero es un libro con todas las de la ley. 176 páginas cuyo guión es prácticamente un resumen de la novela original, y los personajes están dibujados exactamente como los describe Pérez-Reverte, con sus cicatrices en su sitio y todo. Incluso está dividido en los mismos capítulos, con los mismos títulos. Puede que haya quien diga que hacer algo así tiene poco valor, que no es más que ilustrar como un esclavo, sin dar cancha a la creatividad, pero tal fidelidad está elegida como opción desde el principio, y los seguidores de la saga están encantados con el resultado.
Uno de los motivos del éxito seguramente sea también el estilo de los dibujos, todos ellos hechos en un solo color, el negro, que en algunos momentos puede parecer demasiado seco, pero que en otros, como las escenas callejeras o las varias entrevistas secretas de la historia, se muestra tremendamente efectivo. Por todo el color que se puede echar de menos en la galante vestimenta del conde de Guadalmedina, o el azulísimo y rubísimo que debiera mostrar Angélica, tenemos un Malatesta, un Alquézar, un Bocanegra o un Olivares que son uña y carne con la oscuridad de sus manejos, todos ellos secretos, nocturnos, a puerta cerrada, e iluminados por una sola luz, que ellos colocan donde más les conviene, como hacen con sus decisiones. Incluso la Lebrijana sale bien lozana y sabrosa con su camisa blanca y su corpiño negro. Es más, esa tinta negra iguala a todos los personajes, y aunque eso no los convierta a todos en miembros de la misma clase, sí que los hace ser parte del mismo mural histórico, el que retrata la caída tras el auge, donde todos tienen su papel que jugar con las cartas bien diferentes que les ha dado el destino.
La distribución de cada página también es reseñable, con todas las viñetas separadas rígidamente por austeras barras que casan a la perfección con el estilo sobrio del capitán, sin permitirse en ninguna página más alarde que el de hacer alguna de las viñetas, casi celdas, un poco más grandes, o a veces más estrechas aún. Se diría que es un trabajo hecho siguiendo unas reglas muy precisas. Como las que Alatriste usa.
No era, pues, el cómic más colorido ni el más espectacular, pero era una novela gráfica excelente.
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