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Una historia rápida de leer, entretenida, pero sobre todo muy tierna, que refleja con fidelidad nacida de la experiencia el día a día de un padre y un hijo que están aprendiendo a conocerse. |
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Un escritor gay de ciencia ficción decide formar una familia, y, para ello, inicia un proceso de adopción. Cuando encuentra a Dennis y se convence de que ése es justo el niño que desea adoptar descubre que es encantador, pero también rebelde, hiperactivo, problemático, inadaptado… y que dice ser de Marte.
Gerrold nos induce a pensar: ¿No serán todos los niños, a su manera, un poco marcianos para sus propios padres?
David Gerrold traza en "El Niño Marciano" (AJEC, disponible en FantasyTienda) un retrato semi-autobiográfico de los problemas y las satisfacciones que supone embarcarse en un proyecto de vida tan significativo como una adopción. Y lo hace con humor, con ternura, y con un punto de partida tan inusual como intrigante.
Podemos vivir a lo largo de la novela todas las experiencias de un padre primerizo, las frustrantes, las divertidas, las emotivas y las sorprendentes. Paso a paso, vamos profundizando en la relación que el protagonista va construyendo con su nuevo hijo, y en los problemas que supone, no sólo el carácter de éste, sino el sistema en el que se ha visto obligado a crecer.
Sin embargo, no se trata de una crítica a los procedimientos gubernamentales, ni profundiza en los temas que podrían ser más espinosos. Éstos apenas se nombran superficialmente, como los abusos a los que pueden ser sometidos los niños por sus propios cuidadores en las casas de acogida, o las deficiencias de unos expedientes de adopciones que etiquetan a los niños problemáticos desde su más tierna infancia, retroalimentando su mal comportamiento sin darles opción a salir de ese círculo vicioso.
La parte fantástica de la trama se entreteje perfectamente con el resto del relato. Su condición de niño marciano es sólo una parte más de la compleja personalidad de Dennis. Surge con total espontaneidad, en los momentos más insospechados, sin que cambie el tono, haciéndonos aceptar con total naturalidad tanto que el niño se comporte de tal manera, como la peculiar manera de afrontarlo de su padre adoptivo. La historia es sobre todo coherente, sin enigmas rebuscados ni exagerado acento en lo sobrenatural, y el lector se mueve entre la duda y la certeza decantándose a un lado o a otro por momentos, al igual que el protagonista.
La novela es corta, pero lo es porque Gerrold cuenta solamente lo que tiene que contar, sin alargarse innecesariamente docenas de páginas, ni extenderse en las descripciones o complicar el lenguaje.
"El Niño Marciano" es, en resumen, una historia rápida de leer, entretenida, pero sobre todo muy tierna, que refleja con fidelidad nacida de la experiencia el día a día de un padre y un hijo que están aprendiendo a conocerse y quererse el uno al otro. Y te hace pensar en si no serán todos los niños, a su manera, un poco marcianos para sus propios padres.
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