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La novela constituye una historia de terror sólida que no deja indiferente, crea equilibrio que concede humanidad a los personajes. |
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Suele decirse que el género vampírico ha sido demasiado explotado y lo que tiene que contar ya no sorprende. Por esa razón cuando llegan títulos que desbordan originalidad rápidamente despuntan y se señalan como especiales. Es el caso de “Déjame entrar” (Espasa, “Let the right one in”).
La originalidad en el planteamiento, unos protagonistas literariamente atractivos, la madurez del argumento y su visión del mundo son sus principales puntos fuertes
John Ajvide Lindqvist, autor sueco nacido en 1968, debutó en 2004 con esta obra de terror que conquistó un gran éxito en Suecia. Tres años después llegaría la edición americana, que dotaría a la novela de la fama necesaria para recorrer el mundo.
Ajvide mete de lleno al lector en su barrio de origen, Blackberg, situado en los suburbios de Estocolmo. Las personas que allí viven hacen juego con sus calles: son oscuros, artificiales, autómatas. Se limitan a dejarse llevar por las circunstancias de la vida. Es el hogar de Oskar, un chico inteligente de doce años que sufre acoso escolar. Su vida cambiará para siempre cuando conozca a Eli, una niña muy peculiar con un comportamiento extraño, que se labrará un hueco en el corazón del niño.
La originalidad en el planteamiento, unos protagonistas literariamente atractivos, la madurez del argumento y su visión del mundo son sus principales puntos fuertes, marcando la diferencia respecto a otros competidores del género.
La historia que presenta Ajvide es sencilla y sin artificios, pero difícil de leer. A pesar de la prosa cuidada y próxima, el lenguaje no fluye libremente. Cada personaje tiene su registro, posee su manera característica de hablar, pero todos pecan de cierto deje sintético. La carencia de naturalidad se hace patente en algunos diálogos que impiden un seguimiento lógico de la acción.
La trama tarda en arrancar, el conflicto no termina de surgir, la historia transcurre sin más con algunas reminiscencias a Stephen King que nos brindan terror gratuito para ilustrar la cuidad y sus habitantes.
El libro se subdivide en puntos de vista, aunque algunos son tediosos de leer y apenas aportan nada. Otros son meramente anecdóticos o situacionales, de los que se sirve el autor para ubicar en el tiempo y en el espacio a sus personajes y conjugarlos en una maraña de caminos cruzados. El recurso que emplea Ajvide para iniciar cada subtrama es interesante y llamativo: coloca al lector en una situación de desconcierto, no le otorga referencias para orientarse, hasta que un simple nombre es pista suficiente para encajar las piezas. Así, el autor propone un ejercicio mental por parte del lector, que tiene que ser capaz de sacar sus propias conclusiones de la retorcida puesta en escena. Si bien esta técnica es seductora y efectiva, su abuso lleva hasta el hastío y puede llegar a cansar.
La peculiaridad de los vampiros de John Ajvide Lindqvist reside en el contagio. Están envueltos en el misterio y la oscuridad, de forma que el narrador no recurre a la palabra “vampiro” para referirse a estos seres. En realidad ocupan un segundo plano, aunque el argumento gire en torno a ellos.
Los personajes resultan cercanos y los dos protagonistas se hacen querer. Oskar es un chiquillo de mente despierta normal y corriente, con ciertos aires psicópatas. Cada día es ridiculizado en la escuela y sus compañeros le apalean, lo que acepta sin más hasta la llegada de Eli. Su amiga le inspirará las fuerzas necesarias para enfrentarse a los problemas y oponer resistencia a sus agresores, lo que derivará en un torbellino de venganzas. La madurez va haciendo mella en él mientras descubre los secretos de su nueva vecina, que esconde más de lo que parece. Eli se da a conocer a través de sus debilidades, un ser fuerte, veloz y temible que sólo se muestra vulnerable ante Oskar.
La corrupción de los suburbios está presente desde el inicio de la obra. No sólo se describen asesinatos y episodios alcohólicos, el autor penetra en las entrañas de la pederastia y tantea el terreno del gore, elaborando pasajes pródigos en detalles no aptos para estómagos débiles.
En general, “Déjame entrar” constituye una historia de terror sólida que no deja indiferente. En la trama se entremezclan escenas grotescas con delicadas muestras de amor meticulosamente preparadas para crear un equilibrio que concede humanidad a los personajes.
Antes de ser escritor, John Ajvide Lindqvist trabajó doce años como ilusionista, mago y cómico. En su adolescencia solía realizar espectáculos en la calle dirigidos a los turistas que visitaban Estocolmo. Ha trabajado como guionista de series de televisión y de la adaptación cinematográfica de su propia novela, “Déjame entrar”.
El libro tuvo su reflejo en la película sueca “Låt den rätte komma in” en 2008, dirigida por Tomas Alfredson, amparada en el género del horror y del romance. Elogiada repetidamente por la crítica internacional, ha cosechado un buen número de premios, como el el Méliès de Oro de la Federación de Festivales de Cine Fantástico Europeo por la Mejor Película Fantástica Europea. Tal ha sido su éxito que el director Matt Reeves planea el remake americano para el 2009, a pesar de los reparos del director original.
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