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La leyenda de la piedra, de Barry Hughart |
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La leyenda de la piedra es el resultado simbiótico de la excelente mano de Hughart y de esa tenaz personalidad, en su lucha por un espacio en la literatura general. |
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Tras el inmenso éxito cosechado con la excelente Puente de Pájaros (Bibliópolis, 2007), Barry Hughart (USA, 1954) continúa el desarrollo de los personajes del maestro Li Kao y su ayudante Buey Número Diez por los territorios e historias de una China que jamás existió. En esta ocasión, aunque la base es la misma, Hughart ha apostado por dejar atrás los juegos literarios y las referencias ocultas, los guiños personales y los anclajes mitológicos, para optar por un esquema literario mucho más clásico. En un contexto personal en el que buscaba –sin haberlo conseguido todavía hoy- abrir su obra a un público más amplio que aquel procedente del género fantástico.
El argumento nace de un asesinato en un convento y de unas misteriosas apariciones y sonidos relacionados con las causas de esta muerte
Esta vuelta al clasicismo narratológico, a una mayor linealidad y continuidad espacio-temporal, a un tratamiento más homogéneo de unos hilos narrativos más contenidos en cuanto a su número y complejidad, con un tratamiento más en profundidad de los personajes principales, y con una merma del diálogo a favor de la narración descriptiva testimonial, no implican la pérdida de un ápice de la calidad que Hughart había dejado entrever ya en Puente de Pájaros; y que lo hizo justamente merecedor del Premio Mundial de Fantasía.
En La leyenda de la piedra tenemos un nuevo despliegue de ideas ingeniosas y sentido del humor, quizás con una trama menos interesante que su predecesora, pero en el que ganamos unos personajes mejor definidos, con una personalidad que gana enteros, y que les aporta una solidez imprescindible para soportar tanto la evolución de este argumento como, y sobre todo, para continuar sosteniendo la estructura de las tramas posteriores.
Porque –y cabe tenerlo siempre presente- aunque sólo haya otro libro más publicado, 'Eight Skilled Gentlemen' (que saldrá en 2009 en España, también en Alamut), estamos ante una serie abierta sobre la que pende la dulce amenaza de regresar algún día –si el señor Hughart consigue algo tan complicado como es el reconciliarse con sus editores estadounidenses, con los que mantiene una dura batalla por la consideración editorial de su obra. Y si tal acontecimiento llegase a producirse, sería esta novela la base sobre la que podríamos comprender mejor el fondo de unos excelentemente retratados personajes principales.
Los personajes secundarios también tienen aquí un tratamiento perfectamente encajable con respecto a los esquemas conocidos. Cuando uno decide dejar atrás la imaginación como motor de la narración, es inteligente el tener unos buenos secundarios que aporten el necesario contrapunto, y Niño Luna y Cuita del Alba cumplen perfectamente con su cometido. Aún más, su sorprendente caracterización y relación mutua, y su coherencia con el fondo del argumento, es una de las “piedras” angulares de este libro.
El argumento nace de un asesinato en un convento y de unas misteriosas apariciones y sonidos relacionados con las causas de esta muerte. Todos los indicios apuntan a una solución imposible: el retorno del legendario Príncipe Risueño, fallecido hace cientos de años. El maestro Li Kao, convencido de que tal resurrección es imposible, se propone dar con la solución disponiendo de todos los contactos y recursos a su alcance.
Li Kao y Buey Número Diez inician un nuevo recorrido a través de la mitología, las leyendas o la figuración popular china para presentar un diseño de trama bien armada, de ritmo alto y sostenido, en el que el lector aparece en volandas en un final no exento de sorpresas. El lenguaje es rico y ameno, y el tono testimonial de Buey Número Diez es, otra vez, de una sobresaliente calidad, tanto, que nos olvidaremos de otra cosa que no sea su relato y su experiencia, paso a paso, al lado de Li Kao.
Un solo defecto se le puede achacar a esta obra: por veces la intención de un exacto ajuste al molde clásico, y la posesión de Hughart de un estilo subyacente evidentemente muy distinto al molde, presentan una narrativa forzada, que corta abruptamente ciertas evoluciones o desaprovecha ciertos hilos argumentales.
El lector quedará con la impresión de estar ante escenas incompletas en acción o información, o momentos a los que, de hecho, se les podría sacar mucho más partido. Hughart lucha contra su propia y excelente forma de escribir, imponiéndose cánones más homogéneos y popularmente interpretables, quizás con la intención de mejorar la recepción de su obra, y eso se deja notar. Si bien tenemos que especificar que estos casos son apenas anecdóticos.
Barry Hughart es un escritor de enorme calidad, autor de -para mí- una obra cumbre, Puente de pájaros, capaz de seguir aportándonos excelentes obras literarias, como es La leyenda de la piedra. Sin embargo, su búsqueda de una aceptación universal le ha llevado a forzar su estilo y su productividad hasta lo inflexible. Desde 1990 no se le conoce nuevo material y, aunque la serie prometía siete novelas y se siguen publicando ediciones de las tres primeras, su regreso es una esperanza esperada desde hace demasiado tiempo como para darle visos inmediatos de realidad. Aunque, también cabe decirlo, sería una noticia que nos alegraría a muchos.
La leyenda de la piedra es el resultado simbiótico de esa excelente mano y de esa tenaz personalidad, en su lucha por un espacio en la literatura general. Una obra capaz de hacer disfrutar de una fantasía inimitable en riqueza, con un estilo único, unos personajes de personalidad rica y compleja, y que representa una de las joyas del catálogo de la nueva editorial de Luis G. Prado, Alamut ediciones.
Finalmente, sólo dos líneas para despedirme de todos ustedes en mi última crítica. Con Hughart llegué a Fantasymundo, y con Hughart me voy. El círculo se cierra no sin antes dedicarle un especial abrazo a Joaquín Torán, con quién me une un gusto por la literatura que va más allá de lo fanático.
Y permítanme un consejo: háganle caso a Groucho Marx cuando decía que “Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer”. Lean y gocen.
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1 Comentarios recibidos
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Usuario: Mithrand (10-Nov.-08)
Gran reseña, como siempre... :guiño:
Una lástima -para nosotros- que vayas a buscar otros horizontes ajenos a la fantasía o la historia, ha sido un enorme placer tenerte por estos lares, y puedo decir que siempre has sido un redactor ejemplar, voluntarioso y con una enorme voluntad. Tus reseñas así lo atestiguan, y tu personalidad más aún. Sólo espero que, cuando te entren ganas de volver a este género, podamos encontrarnos. O para charlar, que tienes mi messenger :reverencia:
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