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Reflexiones sobre El Caballero Oscuro |
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Meses después del estreno de una de las películas del año, retomamos el tema de Batman con esta nueva crítica menos eufórica y más reflexiva sobre la última película del señor de la noche. |
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¿Cuál es la labor del intelectual moderno? En esta pregunta ya está la respuesta. Su labor es la de evitar oficializaciones, etiquetas, mantenerse en un término mediador, en una distancia crítica, interrogando. Ahora bien, la dificultad consiste en saber permanecer en ese lugar intermedio adiscursivo, dinámico y cuestionador. Christopher Nolan no lo consigue. Si he llegado a reflexionar de esta manera es porque la intención de este director y la tesis que pretendía albergar su última obra habían apuntado demasiado alto sin obtener, empero, los frutos previstos.
La roza con la yema de los dedos, en un esfuerzo titánico. Y nada más. Camina trabajosamente hacia el destino que ya ha vislumbrado, pero no lo alcanza: una agónica tendencia que desesperadamente busca un asidero porque no sabe flotar. Y finalmente, extenuado, opta por una solución, no la mejor, sin duda, pero aceptable porque es una vieja conocida. Lo arriesgado es mantener el equilibrio, y él se deja caer. Por decisión propia, o por exigencias de la productora, lo cierto es que la tesis planteada no halla jamás su demostración. Y acaba autonegándose en flagrante paradoja.
Nolan ofrece unos instantes, que a veces son momentos, brillantes y que preludian una solución sublime que nunca llega, o mejor dicho, llega bajo la forma de vértigo, nada más, pues rápidamente se regresa al suelo firme y la inestabilidad se desvanece. Entonces el espectador, perplejo porque antes gozaba adivinando un desarrollo potencial que se ve defraudado, cae en la cuenta de que se halla ante un filme de superhéroes. Entonces es cuando cuajan las escenas inútiles y los absurdos recursos de guión, algunos de los cuales por cierto parecen dignos de las aventuras del mejor y más inverosímil agente secreto; y sobre todo es cuando se comprenden las resoluciones tomadas: aleccionadoras, obvias, diletantes.
El Joker de Ledger por momentos se torna en el instrumento experimental del intelectual moderno. Pero sus motivaciones superan el distanciamiento, visitan el nihilismo para codearse en último lugar con la irracionalidad visceral fascista. Pero eso es El Joker. El motor de las sensaciones vertiginosas, que nos guía por senderos obnubilantes y deletéreos, que hacen perder la orientación, las directrices, las latitudes, para luego asestar un traicionero golpe pues es su caprichoso albedrío el que rige su (des)control.
La intención del director era demostrar, con el villano de Ledger como anzuelo y la evolución de Dent como ejemplo ilustrativo, la consistencia del Caos. El Caos entendido como territorio viscoso, legamoso, estadio amniótico que nada es pero que todo lo contiene, vida en potencia pero también muerte en acto; un lugar intermedio de susceptibilidades. Es Caos la locura, pero también la matriz del Demiurgo. Un interludio en el que cualquier entidad puede hacerse con el mando o ser la víctima: pulsión de muerte, mareo de regeneración, terror de desaparición, la nada fruto de la aglomeración. Y El Joker es su Mensajero. Y Nolan, a través de él, pretendía analizar el alcance de ese Caos dentro de la cotidianidad del ser humano: los escarceos extáticos, la tentación de saborearlo, de dejarse seducir, embriagado, por parte del ciudadano medio.
La situación de partida, que abre abruptamente el filme preanunciando una violencia cruda que se vuelve más tarde un fallido artificio, es que Gotham está siendo hostigada por las extremas acciones de un lunático histrión cuyo objetivo no es el dinero: es un vesánico agente de la irracionalidad, a quien no importa morir o vivir. En realidad es una superconciencia que ha sabido trascender las leyes patriarcales, y los freudianos tabúes y tótems, aislándose en un escalofriante limbo. Discursivamente, por tanto, no existe. Es Nadie, en definitiva; lo demuestra la historia, siempre peregrina, que él relata sobre las causas de sus cicatrices en las mejillas: no se sabe de dónde ha surgido, no se le conocen familiares, orígenes, registro civil… nada.
Es un hombre sin identidad, legal y social, porque ha cumplido los pasos del ritual ideológico de Sorel. Ha sabido desprenderse de connotaciones personales, afectivas, éticas y sacrificar su Yo individual en favor de un falso Yo colectivo, falso porque es un ejercicio de egolatría mesiánica. Ha asomado su rostro pintarrajeado al abismo, al Caos primordial, lo ha mirado a los ojos, ha perdido la razón en el ejercicio, erigiéndose luego más sabio, auténtico mártir político, y poseedor de las claves de manipulación de la descontrolada masa. Es un acercamiento al líder pirandelliano, el que éste adjudicó en un principio a Benito Mussolini.
Pero Nolan no se atreve a emplear a un espécimen tan peligrosamente bien edificado –y por desgracia ya jamás lo podrá hacer. El Caos no termina de ser retratado con la seriedad esperada y los experimentos pedagógicos que lleva a cabo El Joker, momentos cumbre de la narración, no consiguen el impulso necesario. En favor de la enseñanza moral canónica, el realizador prefiere la lección simple, maniquea, y en un gesto final recula, no tiene el suficiente valor, lo que conduce a una irresolución de la cuestión y a una tesis poco eficaz.
Debería haber girado la llave. Y habría sido entonces cuando la advertencia que se atisba cobraría toda la fuerza necesaria para ser admonitoria, para provocar una honda reflexión, para suscitar la desconfianza en los cánones institucionales y sobre todo culturales que abanderan el progreso histórico de nuestra sociedad occidental. El terror se torna real cuando el enemigo es el vecino, cuando el señor de a pie, con traje y corbata, se descubre, se destapa, destapando a su vez a un gran número de conciencias, cuando la distancia ya no existe, y se acorrala a la víctima, se la acusa, se la canibaliza, sin querer pensar que al día siguiente el próximo en caer puede ser uno mismo.
Que un individuo como este villano sea a la vez tan atractivo y tan infame es peligroso, encarnando el delicado velo que distingue la normalidad formal de la voluntad en bruto, capaz de alcanzar con facilidad lo extremado y superar las leyes de la con(super)vivencia consensuada. El Joker, que encarna en sí mismo y en sus actos una preconización/advertencia brechtiana, ve en esta cinta limitado el alcance de su no-ejemplo y se desperdicia una gran reflexión humanista.
Mientras que el contacto con la realidad que propone El Joker linda con el vacío fagocitador, V de Alan Moore planteaba lo mismo en sentido crítico. Ninguno de los dos apuesta por una negociación, ninguno de los dos evita la irreversibilidad, pero en su historia Moore, cuyas tesis en cierta medida desde aquí condeno también como el mismo autor haría años después, permite que los experimentos lleguen a su fin, lo que demuestra, destapa y alecciona mejor que las soluciones utópicas y veniales de The Dark Knight.
Si los gadgets insólitos y los resbalones en el plano de la verosimilitud del guión se justifican alegando que el filme, en el fondo, no es sino la adaptación de un cómic, también, como hizo Moore, se podría justificar el hecho de que mostrar momentos tan extremos, no aptos para una superproducción DC en Hollywood, pertenecería al ámbito de la fantasía en viñetas, meras licencias literarias. Y ahí encontraría un pretexto Christopher Nolan para seguir adelante con sus itinerarios ¿O la razón es que su proyecto es en verdad tan limitado? ¿Que está buscando un producto para el gran público? Una distinta solución del quiz de los ferrys habría supuesto sólo una imagen en la ficción, una lección sobre el papel, para demostrar lo que se intentaba sostener. La denuncia habría sido un rotundo y exitoso desenlace para la película. Pero tras su visionado vuelvo a caer en la cuenta de que se trata de un filme de superhéroes y que, en efecto, se trata sencillamente de un cómic llevado al celuloide.
Si esta es una gran película es gracias a la expectación que se formó a su alrededor desde su anuncio inicial. Las esperanzas puestas en este Batman se fundamentaban en su filtrado y adecuación para adultos, en su elevación ideológica, en un contenido que prometía una Tesis, o la prometían más bien los críticos cinematográficos. Pero se frena en un intento de hipótesis, y eso no es suficiente. Y no creo que los cortes en el metraje sean la única razón, como se dice. No se me malinterprete, no estoy diciendo que sea una mala cinta, pero hay tres elementos que han contribuido a hinchar su caché antes de lo previsto.
Una eficaz y hábil publicidad viral; una entrega precedente, Batman Begins, solvente e inteligente; y un accidente letal del miembro más destacado del reparto que añadió un indudable morbo, hicieron de este filme una obra maestra antes incluso de su visionado.
El Batman para adultos deberá esperar, en The Dark Knight sólo hay un esbozo, porque las conclusiones son banales en lo que respecta a los interrogantes propuestos por el guión e incluso triviales en muchas escenas planteadas con aparente sobriedad (la actuación de Harvey Dent ante el testigo armado hace pensar en un juicio del otro Harvey, Birdman, el simpático fiscal de acción).
Ante una película de superhéroes con ínfulas de grandeza intelectual irresoluta me llevo a preferir, como cómic en la gran pantalla, a la menos pretenciosa, irónica y kitsch, Batman de Tim Burton.
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9 Comentarios recibidos
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Usuario: nacho10000 (20-Octubre-08)
Este es un ejemplo claro de una crítica que pretende estar por encima del objeto criticado. Sólo ha faltado citar a Kirkegaard para explicar la crisis existencial del Joker. Bastaba con un comentario para explicar eso. Si Bob Kane levantara la cabeza... Es igual, al final toda esa espesura verbal para concluir que Nolan no ha llevado la suficientemente lejos al Joker en sus juegos macabros. Pues no me parece una gran falta. ¿hubiera sido mejor película si el Joker se hubiera salido con la suya? tampoco, de hecho me parece irrelevante. El perfil del Joker es el mejor que he visto del personaje desde "la broma asesina". Si en algo flojea la película es en Dent, pero no hay tiempo suficiente para todos, se siente Harvey.
Batman de Tim Burton? Otro tópico pretendidamente intelectual. Por alguna razón que no alcanzo a entender todos los críticos de cine que no leyeron un comic de Batman en su vida tildan este esperpento de película como obra maestra, cuando todo en ella es ridículo, empezando por Nicholson.
El Caballero Oscuro es gran cine y no hay mucho más que decir al respecto.
Y otro día hablamos de porqué decimos estética cómic cuando queremos decir hortera y de mal gusto, que vaya tela.
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Usuario: Agis Silverfish (18-Octubre-08)
Si alguien fue a ver esta película para ver cosas como un 'instrumento experimental del intelectual moderno', estaba muy, muy mal informado.
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Usuario: ReyZipollo (17-Octubre-08)
Despues de haber leido esta nueva reflexion sobre la pelicula estoy me he quedado un poco frio, aunque como todo lo que se escribe aquí son opiniones y como opinion que es hay que respetarla, es una reflexión, objetivamente etsa pelicula ha tenido el mejor Joker de todos, el mejor Batman, el mejor Alfred y el mejor Gordon, pero no tiene el Gotham que tenía Tim Burton, esa gótica en el escenario solo lo da Burton, pero por todo lo demas esta es la pelicula del año, y muy orgulloso estoy de que trate sobre uno de mis superheroes favoritos.
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Usuario: david palacios ochoa (17-Octubre-08)
con todo respeto lei esta critica pensando encontrar un punto que realmente argumenta lo que prometia al inicio de la critica. pero encontre fue un laberinto de ideas que no me llevan a ningun lado
es mas estoy totalmente deacuerdo con los comentarios ya que si es cierto estos no han profundizado en una critica tan desarmada como la que lei .pero ellos realmente saben cual fue la verdadera idea de esta pelicula
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Usuario: Atonman (17-Octubre-08)
El artículo es interesante, pero no comprendo muy bien adonde quiere llegar. Vale, quizá debería haber explotado el ferry, diría que ese era un momento crucial de la película. De haber sido así y los presos hubiesen muerto, me da que Batman habría perdido aún más que con lo que realmente acabó perdiendo con la transformación de Harvey en Dos Caras. Pero... al final la película gira hacia un tono más noble, con un Joker triste al comprobar que su plan no se cumple tal y como lo tenía previsto, es la única vez que podríamos decir que gana Batman en cuanto a lo moral. Aún así... Esa escena NO lo es todo y creo que ninguneas muchas de las cuestiones del film a favor de lo que te gustaría que podría haber sido. Por ello, estoy en desacuerdo contigo.
De hecho, está tan jodidamente bien rodada la escena de los ferrys, con esa tensión y ese "joder, a ver qué va a pasar ahora" que al final el resultado es tan válido como si hubiese estallado. Vale, Bats quizá hubiese sufrido una crisis de fe, pero sería de todos modos algo redundante, ya le afecta de la propia caída a los infiernos de Harvey o el terrible final de Rachel. Ese imponente Dos Caras gritando a Gordon: -"Dile a tu hijo que todo irá bien, miéntele, como yo mentí a Rachel" ya tiene ese fuerza y esa intensidad que podría haber ocasionado lo de los mismos Ferrys.
En resumen, si la película quiso mostrarnos al Joker intentando demostrar algo, creo que al final vence con lo que es capaz de hacer con alguien tan aparentemente inquebrantable como Dent, ¿qué necesidad había de cambiar el final de los ferrys? No veo tan enorme ese presunto fallo que comentas, hasta el punto en que se puede considerar mejor la adaptación de Burton, especialmente porque ésta última es inferior en todos los aspectos al Caballero Oscuro.
Por dios, que el Joker solo está para tirarse a la fotógrafa que, casualidades de la vida, sale con Bruce Wayne cuando, casualidades de la vida, investiga a Batman. XD
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