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Los crímenes del amor, del Marqués de Sade |
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En definitiva, una obra que merece la pena, que nos expone los defectos y las virtudes con crudeza y nos acerca a la literatura del XVIII. |
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En esta vida hay que leer de todo, y si tenemos que leer "El Quijote" u otros ejemplos de clásicos de la literatura es imprescindible leer también a Sade. Puestos a leer a Sade por primera vez nada mejor que la edición de Valdemar de "Los Crímenes del Amor"; una edición en tapa dura, bien hecha, cuidada, que ha corrido a cargo de Mauro Armiño, quien también ha incluido un interesante y bien hecho estudio preliminar.
Los hombres que arrastrados por sus bajas pasiones cometen mil tropelías, fuerzan y corrompen voluntades, no son seres inhumanos o ajenos a la condición humana
Donatien Alphonse François de Sade, el Marqués de Sade, también llamado "el Divino Marqués" fue un hombre de frontera entre dos tiempos que vivió acontecimientos históricos en primera persona y que es buen ejemplo de las contradicciones que le tocó vivir y lo configuraron. Este aristócrata, escritor y filósofo combinó en sus relatos eróticos, cuando no pornográficos, la plasmación de sus convicciones filosóficas materialistas y su ateísmo.
Estamos ante un autor que concibió su obra y su vida como absolutamente libres, sin límites de ninguna clase. Ni la leyes humanas ni las divinas sirven para un Sade que en su vida personal buscó el placer a toda costa con una concepción amoral de la existencia.
"Los Crímenes del Amor" son una colección de relatos que aunque no tan frontales en el tratamiento del sexo y la perversión como algunas otras de sus obras, plasman igualmente su particular visión de la existencia. Visión en la cual la monstruosidad o lo terrorífico, lo perverso, lo anormal, no son ajenos a lo humano; las perversiones y la maldad que va implícita en ellas son consecuencia de la naturaleza humana. Todos los ejemplos de monstruosidad moral y de morbosidad que ofrece Sade no sólo en esta obra sino en su obra en conjunto -incluyendo por tanto aquellas que pasan de lo erótico a lo pornográfico- son creaciones perfecta y profundamente humanas.
Los hombres que arrastrados por sus bajas pasiones cometen mil tropelías, fuerzan y corrompen voluntades, no son seres inhumanos o ajenos a la condición humana, sino todo lo contrario: es su condición humana la que impera cuando se dejan arrastrar por sus instintos primarios -la lubricidad, los más de los casos-.
Frente a estos ejemplares humanos hay también otros dotados de bondad, nobleza, inocencia, capacidad de sacrificio; para poner de manifiesto la maldad y la impiedad hay que tener ejemplos de virtud, del mismo modo que no hay verdugo sin víctima, víctima que suele ser tanto en esta obra como en el Sade más pornográfico una inocente muchacha arrojada en las garras de aquel que es más poderoso, ya sea el rey don Rodrigo o algún otro noble libidinoso.
El tono más comedido o no tan abierto como en otras obras del Marqués es consecuencia de la preocupación que había causado el autor a Napoleón, por lo que se ve obligado a moderarse para poder evitar las prohibiciones y la enemistad imperial. Con todo el sustrato es igual a sus demás obras: la maldad humana y la depravación.
La obra es interesante no sólo por lo expuesto hasta el momento, sino que además el amante de la literatura encontrará encabezándola "Una idea sobre las novelas", en las que Sade repasa el origen de la novela, su historia, autores destacados (muchos de ellos desconocidos para el público en la actualidad) y su concepción de la narrativa.
En definitiva, una obra que merece la pena, que nos expone los defectos y las virtudes con crudeza y nos acerca a la literatura del XVIII.
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