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Relato inspirado en la leyenda asturiana del cuélebre: Esos objetos que ves ahí son las escamas de la bestia que tanto acecha a los habitantes de aquí. |
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El presente relato está basado en una antigua leyenda asturiana la cual pretendo adaptar a la actualidad y realizar otras modificaciones que a lo largo de la lectura se podrán apreciar.
I
Sobre las altas montañas de Despeñaperros, en Jaén, y en pleno corazón de Sierra Morena, el coche que estaba haciendo su trayectoria estaba ocupado por cinco muchachos de no más de 25 años de edad. El conductor, de pelo moreno y puntiagudo y ojos marrones, se llamaba Héctor y este fue el autor de la idea de hacer una excursión a la mencionada Despeñaperros y comenzó diciendo:
-En breves minutos llegaremos al hotel que os he mencionado antes de ayer.
-Pues ya iba siendo hora-respondía Manuel, un muchacho de pelo amarillo-tenía unas ganas de estirar las piernas que casi olvido que las tenía.
Tras la última curva de la carretera, iba asomándose la imagen del hotel llamado El sol de Despeñaperros, de una construcción con estilo rural. De modo que Héctor tomó el desvío que les llevaba a dicho lugar. Tomó un aparcamiento en frente de la puerta del hotel, que estaba misteriosamente vacio. Los cinco viajeros cargaron sus respectivas maletas hasta llegar a la recepción, la cual encontraron vacía.
-Pero a dónde diablos habrá ido ese tío-protestó Raúl, que era el que tenía la piel más blanca como la plata de todos ellos-estoy embriagado de sueño y ahora nos faltaba la ausencia del recepcionista con tal de…
Héctor le interrumpió advirtiéndole la aproximación del hombre que estaba saliendo de la puerta que estaba tras el mostrador, alguien con una edad de cincuenta años aproximadamente y de considerable corpulencia. Se dirigió a ellos diciéndoles:
-Bienvenidos jóvenes temerarios. Los excursionistas se miraron mutuamente reflejándose rostros que manifestaban extrañeza ante semejante frase.
Arturo, el que era un poco más grande que el resto de los excursionistas, le preguntó:
-¿Por qué nos llama temerarios?
-Veo que nadie os ha advertido de nada, ni tan siquiera escuchasteis rumores sobre este lugar.
-Aquí venimos por que nos invitó nuestro amigo, caballero. Replicó a tal efecto Gonzalo descargando su mochila colocándola en el suelo.
-En tal caso, subir a vuestras habitaciones, colocaros y bajar al restaurante y os contaré la historia en la cual os vais a mostrar escépticos.
Una vez que fueron a las dos habitaciones conectadas a una puerta en su interior que habían solicitado, descargaron su equipaje y la imagen que se mostraba en la ventana invitó a Héctor a observar, además del verdoso y montañoso paisaje, unos objetos supuestamente de piedra que se asemejaban a unas escamas. No obstante Héctor prefirió bajar con el resto de la pandilla a cenar para que el recepcionista les contara esa extraña historia que esperaban oír.
Bajaron de su habitación y entraron al restaurante que se situaba justo al lado de la recepción. Ya sentados en una mesa cuadrada, Héctor se situó al lado del recepcionista puesto que estaba dispuesto a escrutar esas supuestas piedras misteriosas, a lo cual dijo:
-Por casualidad, ¿su historia tiene algún vínculo con esas piedras que parecen escamas?. Preguntó intrigado Héctor.
-No esperaba que te dieras cuenta tan temprano joven viajero. Esos objetos que ves ahí son las escamas de la bestia que tanto acecha a los habitantes de aquí.
Al oír la palabra bestia a los cinco excursionistas se les abrieron los ojos como platos y pusieron sus caras como si se les cortara la respiración. Manuel, para mostrarse más escéptico, dijo sulfurado ante sugerente aclaración:
-¡Ni se le ocurra contarnos una historia de terror absurda para asustarnos! ¡Aquí solo venimos a disfrutar y no a que nos asusten con idioteces!
Gonzalo, situado a su lado, le dijo que se calmara sentándole en su silla y dijo:
-Disculpe a mi amigo. Es un poco impulsivo, así que, proceda a relatarnos esa historia.
-Por supuesto. En los últimos días, ocurrieron misteriosas desapariciones de jóvenes que acampaban por estas montañas y entonces hubo algún muchacho que otro que explicaba que esas desapariciones fue causada por una serpiente gigantesca que habita en las cuevas que hay aquí próximas.
-Honestamente, me cuesta creer cada palabra en relación con ese rumor. Más me cuesta creerlo sabiendo que este país no es el hábitat ideal para las serpientes-dijo Héctor.
El recepcionista dejó que los excursionistas terminaran con su cena. Estaba oscureciendo con las nubes impidiendo que se vea el color negro azulado de la noche que llegó y rompió a llover. Así decidieron marcharse a su habitación a descansar después de todo. Héctor, se puso su pijama y no exento de pereza fue a lavarse los dientes. La puerta del lavabo sonó y Héctor abrió, era Raúl que decía:
-Voy al coche un rato que se me ha olvidado una cosa.
Héctor asintió en señal de que lo tenía en cuenta. Terminó de lavarse los dientes, de repente, escuchó como unos ruidos que sonaba algo similar a una catarata de piedras chocando contra un suelo compacto. Con la luz de la habitación apagada, rompió un relámpago que iluminaba el aposento y Héctor vio a través de la ventana unos ojos con pupilas de reptil con la esclerótica de color escarlata. Héctor reflejaba su rostro como si estuviera pálido, pero pensó que lo que vio era solo a causa del sueño profundo que tenía y se tumbó en su cama.
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