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El húsar, de Arturo Pérez-Reverte |
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Admiración por las armas antiguas, héroes cansados, soldados veteranos que asumen su condición y toman las cartas como vienen dadas, y una personal visión de la vida y del ser humano. |
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“El húsar” (Alfaguara) (1983) es la primera novela de Arturo Pérez-Reverte, pero en sus escasas doscientas páginas se encuentra ya condensado el universo revertiano, su territorio literario y su visión del mundo que desarrollará en su obra posterior. Se puede calificar perfectamente como novela histórica, puesto que la acción se desarrolla en la España de 1808, en plena Guerra de la Independencia, y su protagonista es el joven Frederic Glüntz, subteniente del 4º Regimiento de Húsares del ejército napoleónico.
Una de las obras del autor que componen el conjunto de novelas centradas en la época napoleónica, de la que Reverte es un gran apasionado.
Se podría decir también que se trata de una historia atemporal, porque las andanzas del joven húsar en su bautizo de sangre se convierten a su vez en una perfecta crónica de la guerra, de todas las guerras que han sido y serán, y de cómo una situación límite puede llevar a un hombre desde la ceguera a la lucidez. Frederic Glüntz se convierte así en un icono del joven que se deja engatusar por la erótica de la gloria, el heroísmo, el honor y la fama, que vive la guerra como una aventura –porque la desconoce- y como una oportunidad para regresar triunfante a casa y recibir los laureles de quienes quedaron esperándole. Igual podría haberse llamado Ulises y haber luchado en Troya, o ser un marine estadounidense en el Irak de hoy en día.
El desarrollo de la acción tiene lugar en un espacio breve de tiempo, en algo más de 24 horas, tiempo de mucha espera y poca acción, hasta el último tercio de la novela. Pero esta espera no es banal, en cierto momento de la obra el propio Glüntz descubre para su sorpresa que la guerra es precisamente así, mucha espera y poca acción. Es fundamental, además, para que conozcamos a través de los diálogos y de la narración que espera el protagonista de su participación en la guerra, su temor a morir de forma poco honorable, sus pensamientos acerca del enemigo, los españoles. En este punto, uno de los pasajes más destacables a mi juicio es la descripción que don Álvaro de Vigal, un noble español “afrancesado” hace del carácter de los españoles, explicando el porqué de la sublevación:
“Los españoles no son, no somos, gente que se deje salvar a la fuerza. Nos gusta salvarnos a nosotros mismos, poco a poco, sin que ello signifique una renuncia a los viejos principios en los que, para bien o para mal, nos han hecho creer durante siglos. Si no ha de ser así, preferimos condenarnos para la eternidad. Jamás las ballonetas impondrán aquí una sola idea.”.
Aquí está, a mi juicio, la génesis de “Un día de cólera”, novela que junto con “El húsar”, “La sombra del águila” y “Cabo Trafalgar” componen el conjunto de obras centradas en la época napoleónica, de la que Reverte es un gran apasionado.
Quien sea lector habitual de Pérez-Reverte encontrará en “El húsar” elementos habituales en otras obras del autor: la admiración por las armas antiguas, héroes cansados, soldados veteranos que asumen su condición y toman las cartas como vienen dadas, y una personal y particular visión de la vida y del ser humano que les resultará sumamente familiar.
Quienes no conozcan al autor, tienen en esta novela una buena ocasión de introducirse en este universo fascinante a través de un relato que va subiendo en intensidad hasta desembocar en un final sorprendente.
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