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Las aventuras del capitán Alatriste, de Arturo y Carlota Pérez-Reverte |
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Diego Alatriste y Tenorio, capitán sólo de apodo, que no era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. |
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En 1996, Arturo Pérez-Reverte, tras haber dejado el periodismo activo, llevaba ya diez años de carrera literaria, contados desde la publicación de su primera novela, ‘El húsar’. En sólo una década ya tenía nueve volúmenes distintos en el mercado, entre novelas y recopilaciones de artículos y relatos. Y entonces, llegó la que seguramente es y será su creación más famosa y duradera: Diego Alatriste y Tenorio, capitán sólo de apodo, y que “no era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”.
Además de la historia y el folletín, el libro, y toda la saga, tiene otro componente importante: el educativo
Es famosa y conocida la historia de cómo comenzó la saga: tras haber echado un vistazo al libro de texto de la asignatura de Historia de su hija Carlota y comprobar que sólo se dedicaba página y media al Siglo de Oro, Pérez-Reverte pensó que el sistema educativo estaba robando a los escolares españoles de conocimientos esenciales sobre una parte esencial de su pasado. Tres de sus novelas ya estaban ambientadas en los siglos XVIII y XIX (‘El húsar’, ‘El maestro de esgrima’ y ‘La sombra del águila’) y otras dos (‘La tabla de Flandes’ y ‘El club Dumas’) llevaban dentro un elemento importante de historia, arte y literatura del pasado, de forma que se decidió a inventar a este espadachín castellano (luego leonés por influencia de Viggo Mortensen, el actor que lo encarnó en el cine una década más tarde) que sobrevive como puede en la España imperial de los siglos XVI y XVII. Carlota ayudó a su padre en la investigación sobre los detalles necesarios del periodo y fue recompensada con ver su nombre en la portada.
En este primer volumen, titulado "El Capitán Alatriste" (Alfaguara), conocemos a un espadachín ya cuarentón, en 1623, con un par de décadas largas a cuestas de aventuras y servicio militar como súbdito de tres Felipes distintos, visto a través de los ojos de un rapaz vasco, Íñigo Balboa, hijo de un ex compañero de Alatriste. Éste, tras volver herido de las guerras de Flandes, se hace cargo del crío en Madrid. Supuestamente, Íñigo escribe lo que ocurre recordándolo desde el futuro, ya anciano, en una mezcla de tercera y primera persona. A través de su servicio como paje de Alatriste, el lector va conociendo junto a él la vida de la época en la corte madrileña, sede del gobierno de la principal superpotencia política y militar del momento.
En las páginas aparecerá un Felipe IV casi adolescente, recién subido al trono; un energético y decidido conde de Olivares (aún no conde-duque) ante quien todo parecen grandes promesas para el futuro; un Francisco de Quevedo en el cénit de sus poderes creativos, improvisando versos con la misma facilidad con la que saca la espada, y viceversa... Y junto a estos personajes reales, que parecen bajados de cuadros de Velázquez, encontramos otros inventados, que no aparecen en los grandes retratos ni relatos, como la posadera Caridad la Lebrijana, el alguacil Martín Saldaña o el inquisidor Emilio Bocanegra. Y sobre todo, la amenaza que suponen Angélica de Alquézar, menina de la reina, niña de gran belleza y de retorcidas intenciones, y Gualterio Malatesta, el espadachín italiano, némesis de Alatriste y cruz de la misma moneda.
Entre todos estos personajes, y recién salido de la cárcel por impago de deudas, Alatriste, temporalmente sin blanca ni modo militar de ganarla, oye de su amigo Saldaña la clásica frase con que comienzan muchas aventuras: “Tengo un trabajo para ti”. En ese trabajo harán falta espadas, obviamente, y de eso Alatriste sabe un rato largo. Seguirán una serie de misiones, celadas nocturnas, peleas y reyertas que revelan otra de las fuentes de Pérez-Reverte: el folletín decimonónico, con Alejandro Dumas a la cabeza, subestimado por muchos como mero entretenimiento barato con limitado o nulo valor literario, y del que él es defensor... a capa y espada. La presentación física del libro, con ilustraciones de Carlos Puerta, y hasta el color amarillento de las cubiertas, son un recuerdo a una manera de escribir y publicar que ya no existe, y que ha provocado muchas horas de placer y de sueños despiertos.
Además de la historia y el folletín, el libro, y toda la saga, tiene otro componente importante: el educativo. Como se dijo, el germen de la idea era no sólo ambientar unas aventuras en un momento atrayente del pasado, sino enseñar al lector algo sobre él. Y así, Íñigo, entre combate y pelea, a veces se lanza a digresiones dirigidas a sí mismo y a quien le lee sobre la situación del momento. Sobre los soldados que arriesgan mucho y cobran poco. Sobre las luces y las sombras de la que debiera ser ciudad más poderosa del mundo y es poco más que un pueblo grande. Sobre los hidalgos con mucho tiempo y pocas ganas de trabajar. Sobre ser español, y sobre ser temido, odiado y admirado a la vez por toda Europa. El genio de Pérez-Reverte es hacer parecer estos pasajes probablemente lo mejor de cada libro, no resultando forzados en absoluto, y constituyendo apuntes muy necesarios para que los personajes tengan alma, vida y hasta olor al barrio donde viven, en lugar de resultar meros recortables de papel.
Hay quien critica, por ejemplo, que Íñigo a veces ‘sabe demasiado’, contándonos cosas que ocurrieron cuando él no estaba, o conociendo exactamente cuántas tabernas había en Madrid, pero esto, lejos de representar un fallo del autor, está hecho a propósito. Tampoco la obra está escrita con un lenguaje imitación de Quevedo o Cervantes, por ejemplo, a pesar de que supuestamente el autor es un anciano de finales del siglo XVII. De lo que se trata es de buscar el máximo entretenimiento y aprovechamiento del lector, dentro del marco de una novela de aventuras, no de hacer parecer a éste un aprendiz de filólogo o de anticuario. Por eso, entre otras cosas, las aventuras de Alatriste están teniendo gran éxito como libros recomendados por profesores de historia y lengua española, en los mismos colegios de los que Carlota y su generación salieron con una educación deficiente sobre el Siglo de Oro. Este volumen, los que siguieron, y la avidez con que se esperan los que han de venir, dan cuenta del éxito de la empresa.
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5 Comentarios recibidos
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Usuario: roblagos (26-Octubre-08)
Perez - Reverté se volvió eterno cuando parió a este intrepido y parquisimo soldado español de la edad de oro. Todas las aventuras de este con su Iñigo son dignas de las mas grandes alabanzas, sin importar cuales sean tus gustos literarios de comun. Estos libros son muy buenos, de los mejores que hay.Uno quisiera que el buen capitan se diese una vueltita por el Peru de la epoca o tuviese un increible crossover con los tres mosqueteros. Les recomiendo que compren las ediciones grandes amarillas, la de las grandes letras y magnificas ilustraciones. Corran de las de bolsillo. Y si son amantes de los comics, la adptacion de esta primera novela es buenisima tambien. Ojala salieran mas adaptaciones al comic. |
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Usuario: Mithrand (25-Sept.-08)
Hombre, es una novela de aventuras, otra cosa es que la reconstrucción sea impecable, pero me recordó a los típicos libros de aventurillas de toda la vida, sólo que con mejor estructura y fondo.
Se hace corto, cortísimo, y precisamente que la mayoría de los personajes no estén dibujados de forma completa es uno de los rasgos de las novelas de aventuras. Ojo, podría haberlo hecho, Reverte es capaz, pero creo que buscaba otra cosa con esta novela, y con la serie entera... |
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Usuario: nacho10000 (23-Sept.-08)
Sin embargo no se trata de una novela de aventuras, de hecho la trama principal en cada novela es bastante sencilla, casi superficial. Ahora bien, la reconstrucción de la epoca/ atmosfera de la España de sXVI es lo mejor que ha escrito Reverte en su vida junto a sus artículos de El Semanal. Y eso es lo que más merece la pena, viajamos al siglo de oro y nos permite ver mucho más que el ambiente artísitico de la época sin caer en la arqueología literaria. Y os aseguro que conforme avanza la saga mejora la obra. En cuanto a Iñigo, es una mezcla entre narrador omnisciente y personaje secundario que quizá no esté tan logrado como nos gustaría pero que funciona perfectamente dentro de la novela. El único reproche que le puedo hacer al libro es que encuentro que en general Reverte no domina el lado emocional de sus personajes y no termina de transmitir lo que sienten. Pero si hay algo por lo que merezca se académico, es por Diego Alatriste. |
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Usuario: Dunadan (22-Sept.-08)
La verdad es que si, que ya va siendo hora de cambiar el lazarillo de tormes y la celestina... que ya cansan |
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Usuario: Mithrand (22-Sept.-08)
Gran artículo y mejor libro, lo recomiendo encarecidamente. Entretiene, enseña y está muy bien escrito, no se puede pedir más en un libro. Es más, debería incluirse como lectura en los colegios isimulo: :firma: |
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