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Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen |
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Atípica película del director neoyorkino, protagonizada por Javier Bardem, Penélope Cruz, Scarlett Johansson y Rebecca Hall, llena de tópicos. |
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A Woody Allen se le atribuyen muchas cosas, fundamentalmente su notoria verborrea y su habitual falta de disimulo a la hora de reírse de todo y todos, pero casi siempre con un transfondo transcendente que convierte a su filmografía en inclasificable y usualmente recomendable. El mismo realizador neoyorkino y desgarbado soltó una vez a quien quiso escucharle: “El amor es la respuesta, pero mientras usted la espera, el sexo le plantea unas cuantas preguntas.” No vamos a descubrir ahora el humor del señor Allen, pero esta frase nos viene al pelo para definir su última película: “Vicky Cristina Barcelona”.
La película comienza de forma casi casual: dos turistas estadounidenses, Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson), con poca idea de lo que es España y menos ganas de descubrirlo pero con hambre en el corazón, llegan a Barcelona y se alojan en la casa de unos parientes de la primera, Judy (Patricia Clarkson) y su marido, Mark Nash (Kevin Dunn), un matrimonio de mediana edad que les recibe con los brazos abiertos y les inicia en los misterios de la Ciudad Condal. Las dos turistas representan inicialmente estereotipos femeninos con soltura. Mientras que Vicky es racional y pragmática, y ve al amor desenfrenado como algo efímero, poco estable y para nada duradero, y está prometida con Doug (Chris Messina), Cristina es mucho más espontánea y busca precisamente aquello de lo que su amiga reniega: un hombre que la haga perder la cabeza, sin importar las consecuencias, un choque de trenes de consecuencias impredecibles. Reniega del “amor seguro” que persigue su amiga.
La primera iniciará en un master en Barcelona un curioso curso cuya presencia en la película huele a subvención de la Generalitat, llamado “Identidad catalana”, atraída por la obra de Gaudí, para lo cual hace uso de la variada oferta cultural de la que dispone la Ciudad Condal. Durante una exposición de arte, sus anfitriones señalan a la pareja de turistas al pintor Juan Antonio (Javier Bardem), contándoles su tormentosa relación con su exmujer, María Elena (Penélope Cruz), y ambas quedan impresionadas por el porte del español.
Más tarde, las dos coinciden con Juan Antonio durante una cena, y éste se les acerca, invitándolas a un pequeño viaje a Oviedo (Asturias), unas copas de vino y a… un poco de sexo a tres bandas, así, sin anestesia. Las dos mujeres reaccionan de forma muy distinta. Mientras Vicky se esconde tras su puritanismo y parece ofendida y al mismo tiempo extrañamente halagada, Cristina intercambia miradas lascivas con el pintor y accede a ir con él. Su amiga decide no dejarlos solos y los acompaña en su viaje a Asturias, a bordo de una avioneta que el mismo Juan Antonio pilota.
Tras un día de visita en Oviedo, varias copas de vino y abundante coqueteo, Vicky decide retirarse y dejar vía libre a su amiga, deseosa de estar con el pintor. Cristina no desaprovecha su oportunidad, y sube a la habitación de Juan Antonio, pero cuando suben a la cama, ella sufre un ataque de úlcera, debido a la abundante bebida ingerida horas antes. Con la rubia turista convaleciente, Vicky se ve obligada a visitar Oviedo con el pintor, a solas. Van a cenar a un buen restaurante, beben un poco de vino y escuchan un pequeño concierto de guitarra española, que llega al corazón a Vicky. Tras una conversación en la que ambos ponen las cartas sobre la mesa, sucumben a su pasión bajo un árbol.
Al día siguiente, todos vuelven a Barcelona en la avioneta, pero ni Vicky ni Juan Antonio confiesan a Cristina lo sucedido la noche anterior. El mismo pintor evita posteriormente concertar una cita con la primera, a causa de su compromiso matrimonial, y decide salir con su compañera, Cristina. Ambos resultan muy compatibles, y no tardan en vivir juntos tras unos días de pasión. Mientras él pinta y se siente inspirado por la chica, ella se dedica a experimentar con la fotografía y la poesía. Ambos viven felices, hasta que Juan Antonio recibe una llamada de teléfono en plena noche: María Elena ha intentado suicidarse. Él conduce hasta su lado, y al no tener lugar donde quedarse, ella termina viviendo junto a la pareja, en la habitación de invitados, aún a pesar del desagrado de Cristina.
Mientras, Vicky, envuelta en dudas, acepta casarse con Doug en Barcelona a pedido de éste, aún a pesar de no poder quitarse de la mente al pintor y la mágica noche en Oviedo. Decide correr por la calle de en medio, e intentar olvidar el episodio romántico en la ciudad asturiana, sin mucho éxito. Doug vuela a la Ciudad Condal y se encuentra con ella, que no deja de compararlo con Juan Antonio.
Normalmente, las películas de Woody Allen tienen un sello personal que las distingue del resto, un estilo que puede apreciarse fácilmente. Sin embargo, “Vicky Cristina Barcelona” no pertenece por entero a su director, no se nota demasiado su mano. Vi esta cinta en Cinesa Diagonal Mar de Barcelona, y sólo estaba disponible en catalán y en versión original subtitulada en castellano, aunque en otros cines podía verse en castellano (pusieron una lista de ellos en taquilla), así que obviamente, nos decidimos por verla en inglés. Siempre es recomendable mantener la esencia lingüística de una película, y acertamos: si no se hace esto, uno corre el peligro de perderse buena parte de los matices en las conversaciones entre Javier Bardem y Penélope Cruz.
Como decía, esta no es una película de Woody Allen. Estas cosas pasan cuando estás más pendiente de recibir subvenciones, de visitar ciudades y de acudir a buenos restaurantes, que de escribir un buen guión. Da la impresión de que, mientras Allen visitó España, se dedicó a hacer a medias una película, y el resultado es Vicky Cristina Barcelona. Poco hilvanada, con poco uso del lenguaje cinematográfico y con unos personajes bastante planos, resulta divertida para pasar el rato, pero poco más. Por la forma en que está rodada, no parece que haya un guión detrás, da la impresión de que Woody Allen iba cámara en mano mientras los actores improvisaban sus diálogos, tras unas breves aclaraciones por parte del director. Suena cruel, pero intento ser simplemente descriptivo. La película se deja ver, se pasa un buen rato, pero transmite un sentido de la improvisación notorio y muy ajeno al director, con más ganas de mostrar las ciudades en las que rueda que la historia.
La película se rodó mayoritariamente en Barcelona, donde se dan abundantes muestras del revolucionario arte de Gaudí, aunque también pueden verse bastantes escenarios de Oviedo, como el Hotel de la Reconquista, la iglesia prerrománica de Santa María del Naranco, y pocos de Avilés, como el Faro de San Juan, la calle Galiana y el Hotel Ferrera. En ese sentido, la película es admirable. La estética es preciosa, y aunque podría haberse aprovechado más, resulta muy agradable de ver. Otra cosa son los episodios folklóricos, por llamarlos de alguna manera. Ya sea en Barcelona, en Oviedo o en Avilés, los protagonistas siempre encuentran un buen restaurante (muy real, en cualquiera de estas ciudades se come estupendamente, doy fe), una buena carta de vinos (ídem) y un guitarrista flamenco con pinta de Camarón, amén de un grupo de gente de piel aceitunada y de aspecto… mexicano. Alguien debería decirle a Woody Allen que ni en Oviedo ni en Avilés puede oírse flamenco con facilidad, y en Barcelona no es tan sencillo. Y desde luego, que España no es México: esta confusión entre nosotros y nuestros amigos allende del océano ya ofende a unos y a otros, aunque venga del bueno de Woody. Poco faltó para que llevasen el típico sombrero o destrozasen piñatas.
Deberíamos darle a Allen un buen viajecito por España y México, no sólo para que aprecie la diferencia, sino también para que se aleje de estereotipos en uno y otro caso. La trama es vista a través de los ojos de los estadounidenses, y esto afecta también al director, pero creo que a la película le ha hecho mucho más daño el asesoramiento por parte de los políticos, habitual compañía de Woody en su periplo español. ¿Acaso no leíamos continuamente noticias sobre su visita a tal o cual político, y muy pocas sobre el rodaje? Que si Woody mostraría algunos aspectos diferenciadores de la cultura catalana, que si tal distribuidor había conseguido que apareciera cierto vino durante las escenas, que si iban a dedicarle una calle,… incluso hubo polémica a propósito de su estreno. Jaume Roures, presidente de MediaPro, que produce la película, consiguió que se distribuyeran 50 copias en lengua catalana, cinco en inglés y cinco en castellano. ¿No huelen a nada estas cifras cuando la película fue subvencionada con un millón de euros provenientes de fondos públicos?
En fin, más allá de estas polémicas o apreciaciones, está la trama, que seguramente funcionará mucho mejor en el extranjero que aquí. No sé si atraerá turistas a las tres ciudades que aparecen en la película, pero francamente, espero que sea así. No podemos esperar que se trate de un fiel reflejo de nuestro país, ni siquiera resulta ser un fiel reflejo de la filmatografía habitual de su director… los actores están bastante bien, y me atrevo a decir que hasta mejoran el guión en lo posible. Todos están más que correctos, aunque destacan Penélope Cruz en su papel de histérica, genio de la pintura y en destrozarse la vida, y el propio Javier Bardem, convertido en un latin lover con sentimientos que se lleva a todas de calle, pero que busca la pareja perfecta y no pretende hacer daño a nadie (cualquiera lo diría). Scarlett Johansson está correcta, pero su compañera de reparto Rebecca Hall le come literalmente la escena: no haría falta ni que hablase en realidad, transmite verosimilitud, las dudas se reflejan en su rostro, es más actriz en su papel que todos los demás juntos.
En resumen, con momentos divertidos y una trama ligera y poco sostenible, un final poco convincente y un desarrollo atípico casi documental y confuso, no es representativa de su director ni de su trayectoria. Más que carne de cine, esta cinta lo es del videoclub, como descanso entre otras de mayor entidad. Y me duele decirlo de algo parido por Woody, pero así es. Una de las frases de sus películas, esta de “Recuerdos”, nos viene al pelo: “Nunca había sido capaz de enamorarme, no había encontrado a la mujer perfecta; siempre había algo malo. Y entonces conocí a Doris, una mujer maravillosa, con una gran personalidad. Pero por alguna razón, no me atraía sexualmente, no me preguntes por qué. Luego conocí a Rita, un animal, indecente, problemática. Me encantaba irme a la cama con ella, pero después siempre deseaba volver con Doris. Entonces, pensé, si pudiera poner el cerebro de Doris en el cuerpo de Rita sería maravilloso. Y pensé, ¿por qué no? Así que preparé la operación y todo fue perfectamente, cambié las personalidades e hice a Rita una mujer ardiente, dulce, sexy, maravillosa, madura... Y me enamoré de Doris.” La trama de “Vicky Cristina Barcelona” hecha frase.
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2 Comentarios recibidos
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Usuario: Velkar (21-Sept.-08)
Es una peli simplemente graciosa de ver, pero no ofrece demasiado, eso es lo cierto. Acaso sólo unas buenas interpretaciones en las que destaco, como Alejandro, la de Rebecca Hall.
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Usuario: D3NE (21-Sept.-08)
Perdonen lo que diré a continuación. Sé que estará basado simplemente en mi lascivo pensamiento... pero no importa.
¡Esa película la veo sí o sí!, aparecen Scarlett y Penélope... en escenas que todo fanático de estas chicas quiere ver!
Coff Coff.
Muy buen artículo, me han dado más ganas de darme una vueltita por el cine.
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