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Wisdom: Los rudimentos de la sabiduría |
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¿No conoces aún a Peter Wisdom? Mutante, pendenciero y que fuma como un carretero. Os presentamos al líder de un grupo dispuesto a defender Inglaterra de toda amenaza, incluidas las peligrosas hadas. |
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Wisdom es una serie limitada del sello MAX de Marvel, publicada aquí por Panini en forma de tomo, que tiene, por su forma y estilo, una clara vocación de producto de la línea Vertigo de DC (a la que Max intenta, hasta cierto punto, imitar). No obstante, ciertas características hacen de ella una serie genuinamente Marvel. Pero vamos por partes…
El personaje de Wisdom fue creado por Warren Ellis para la serie Excalibur en 1995. El guionista británico le dotó de algunas particularidades propias de personajes suyos como Spider Jerusalem y que lo acercan al John Constantine creado por Alan Moore y desarrollado por varios autores desde entonces: el cinismo y la bravuconería son las más destacables, además de una insultante autoconfianza, sin embargo, allí donde guionistas como Delano o Ennis llevaron estos rasgos hasta el extremo, el Wisdom que aquí nos presenta Paul Cornell (guionista de esta miniserie) parece no forzar tanto las cosas (salvo honrosas excepciones, como cuando despotrica de Gales y los galeses en un pub de Cardiff) quizá porque Constantine necesita dar esa impresión de seguridad aplastante para hacer creer a sus adversarios que siempre tiene un as en la manga, aunque no sea cierto, ya que John Constantine, aún con todos sus recursos, no deja de ser un ser un humano, hasta cierto punto, normal, no así Peter Wisdom, que es mutante y posee el poder de controlar la energía que le rodea, proyectándola en forma de rayos o explosiones, de una forma parecida a Gambito. Otra diferencia sustancial reside en el gregarismo de Wisdom, frente al claro individualismo de Constantine; donde el mago por antonomasia de DC busca la soledad para evitar daños colaterales a los seres cercanos, Wisdom parece sentirse cómodo perteneciendo a un grupo (su primera aparición fue dentro de Excalibur, un grupo ya establecido) De hecho, en esta miniserie le vemos dirigir un grupo como agente de la agencia del servicio secreto MI-13. Eso sí, Wisdom fuma como un carretero.
Así pues, tenemos a Peter Wisdom dirigiendo un grupo, pero ¿qué grupo? Los miembros son realmente variopintos y dispares y, al mismo tiempo, representan diferentes aspectos de la cultura y la personalidad británica: Tink es un hada, pero no cualquier hada, sino la mismísima hija de Oberón, eso si, una hija rebelde que luce un peinado punki y combina un traje de bailarina con una chupa de cuero y unas botas contundentes, aparte de la consabida varita mágica (aunque a nuestro Max ya se le había ocurrido lo de las hadas punkis en Peter Punk, hace más de 20 años). El capitán Midlands encarna el espíritu de las tierras centrales de Inglaterra, aunque no está muy claro qué significa eso. También tenemos al John Lennon Skrull; sí, habéis leído bien: el John Lennon skrull, que está pensando en volver a reunir a los Beatles skrull o quizá pasarse a los Monkees skrull y cuya pareja es la Yoko Ono…Kree. Por último está Maureen Raven, una mutante clarisensitiva (algo parecido a una telépata) y madre soltera, que iniciará una tórrida relación con Wisdom, a pesar de que éste se case por conveniencia con Tink, pero aún no hemos llegado a eso.
A lo largo de los seis números que recopila el tomo, el grupo se enfrentará a una serie de amenazas que también representan, al igual que ellos, elementos propios del carácter, el folklore y la historia de Inglaterra. Tras las presentaciones y un momento puramente James Bond en el que nuestros héroes son equipados con armamento y tecnología por el correspondiente “Q” del MI-13, empezamos con una invasión de hadas asesinas, que terminará con una tregua rubricada por el matrimonio entre Wisdom y Tink antes mencionado. Después, los sueños de los ingleses se verán alterados de forma extraña, aún en gente despierta, provocando una delirante y peligrosa alucinación colectiva; el grupo del MI-13 se trasladará a Pantagruel, un pueblecito del interior que parece ser el epicentro de esta extraña actividad síquica, para descubrir que todo está producido por uno de los gigantes ancestrales que duermen bajo el suelo inglés, cuyos sueños alteran el subconsciente colectivo . En la tercera historia, Wisdom se verá enfrentado al mismísimo dragón rojo de Gales, encarnado en un matón de pub, al que Sang-Chi, la copia mexicana no sindicada de Bruce Lee del universo Marvel, se encargará de recordarle a torta pura y dura (ya que, al parecer, el enfrentamiento entre ambos viene ya desde los albores de la humanidad) su verdadera identidad y su naturaleza como honorable protector de esas tierras. La siguiente amenaza vendrá en forma de un tipo extrañamente obsesionado con Jack el destripador que organiza una gira turística por los lugares clave de las correrías del mítico asesino. Lo que en principio parecían los delirios de un alucinado con sobrepeso, se tornará en algo mucho más peligroso al empezar a aparecer por todo Londres encarnaciones de Jack el destripador salidas de todas las ficciones y teorías que han especulado sobre las andanzas y la identidad del asesino de Whitechapel, entre ellas el mismísimo Sir William W. Gull, salido directamente del From Hell de Moore y Campbell, con su carruaje, su chistera, su palabrería sobre la arquitectura masónica y sus uvas con láudano. El extraño guía turístico resultará tener la capacidad de contactar con universos paralelos, aunque aprovechará los poderes mentales de Maureen para traer al mundo una amenaza mucho más siniestra y poderosa: los marcianos de “La guerra de los mundos” La manera de eliminar a ésta última amenaza, la más poderosa, tendrá trágicas consecuencias.
Debo reconocer que, en un principio, me dio la impresión de que Paul Cornell intentaba imitar, de una manera fallida, el estilo surrealista químicamente inducido de Grant Morrison, pero una segunda lectura revela un estilo más personal, cercano quizá al del escocés, pero menos alucinado. De cualquier manera, hay más de un momento en el que Cornell plantea cosas que luego no sabe resolver muy bien, aunque eso apenas es un impedimento para disfrutar de la lectura. Hay ciertos experimentos y hallazgos que le dan un tono extra a la obra, como el incluir títulos de canciones que deben acompañar a cada escena en el tercer tomo. Las historias van ganando interés y quizá, si hubiera tenido más tiempo, quizá Cornell hubiera podido desarrollar mejor las relaciones entre los miembros del grupo, algo que queda un poco cojo, aunque esbozado de una manera interesante. Pero al final… ese final…
En fin, no quiero desvelar nada.
Al dibujo tenemos un par de agradables sorpresas: por un lado, el también británico Trevor Hairsine, poseedor de un estilo aceptablemente realista y de gran plasticidad y dinamismo, lo que garantiza que las dosis de acción están perfectamente presentadas; por otro lado, el español Manuel García, que se complementa a la perfección con su colega, siendo difícil distinguir la aportación de cada uno, aunque lo cierto es que el entintado del propio Hairsaine aporta cierta unidad estilística al dibujo.
En definitiva, Wisdom es un cómic que va más allá de la simple pretensión de entretener, enlazando una serie de historias de interés creciente, protagonizadas por unos personajes atractivos, aunque quizá ligeramente desaprovechados. En suma, bastante recomendable.
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