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Marvel Masterworks: El increíble Hulk: 1962-1963 |
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Ahora que ha llegado la secuela/remake o lo que diablos pueda considerarse la nueva película de Hulk, es bastante oportuna la llegada del primer Masterworks dedicado a este goliath verde. He aquí los seis primeros números del personaje, ¿merecen la pena? |
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Como dijo mi amigo Jack, mejor vamos por partes y empezamos por una aclaración bastante importante.
Nunca hay que juzgar una obra sin mirarla desde el prisma de su época. Y esto es así por las limitaciones técnicas del momento (no pidas un color informático de la hostia a un cómic de los años sesenta, cuando no había ordenador y todo se limitaba a los colores primarios con unos pocos secundarios compuestos por un punteado) y por el pensamiento de época. Es así como podemos justificar las mil carencias de un cómic como el que nos ocupa, carencias que entonces pasaban desapercibidas, siendo la más evidente la de la ingenuidad de los argumentos. Antes los cómics de superhéroes estaban considerados para niños, eran infantiles y primaba la fantasía por encima de la lógica. Así es como se puede entender la nula caracterización de los personajes o los tópicos que poco a poco han ido haciéndose más caricaturescos. Pero antes de irnos por las ramas y aclarado este punto, veamos cómo llegó Stan Lee a crear a un personaje como este.
Stan Lee tuvo la suerte de aterrizar en una empresa de cómics que no tenía gran cosa que ofrecer y tuvo éxito en todo aquello en lo que se volcó. Ahora mismo se antoja un guionista anticuado e incluso algunos dirían que simple, pero entonces era una especie de Miller en el sentido de que fue provocador y muy atrevido en los conceptos que se atrevió a promover. De hecho, todo lo que es ahora el Universo Marvel es debido a sus ideas, todo aquello del gran poder y la responsabilidad, el que los grandes poderes acarreen grandes problemas, la desgracia de ser distinto a los demás y no ser aceptado por mucho que te esfuerces a mejorar las cosas, el concepto mutante, etc. Prácticamente todo es suyo. Y Hulk también, por supuesto.
Claro que como todo autor que se precie y que además lleva montones de publicaciones y personajes creados a sus espaldas, Stan cuenta con varios personajes y conceptos fetiche que ha repetido en varias ocasiones ya premeditadamente o sin siquiera darse cuenta. Uno de esos conceptos es el de personaje odiado e incomprendido, cuyo poder es una terrible maldición que pesa sobre su alma como una losa. Ya lo hizo con la Cosa, uno de los componentes más populares del cuarteto de superhéroes conocido como Los 4 Fantásticos y más tarde lo repitió con El Increíble Hulk. Este personaje nace de un cruce entre Frankenstein (el del cine, pues el de la novela poco tiene que ver) y El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. La idea inicial trata de cómo un científico llamado Bruce Banner está acabando su última invención: La bomba Gamma, un peligroso invento de radiación desconocida que acaba siendo probada por el propio inventor sin quererlo ni beberlo, por culpa de la aparición de un joven rebelde llamado Rick Jones que, intrépidamente, se cuela en la base de pruebas. Esto provoca el desastre cuando, para salvar la vida del muchacho, el doctor Banner se interpone entre él y la radiación que provoca su transformación en la masa de músculos conocida como Hulk.
Esa historia del origen es de sobra conocida para todo lector de las aventuras y desventuras del monstruo en los cómics, aunque no ha sido adaptado fielmente ni en la serie de imagen real de Ferrigno como el terrorífico monstruo ni en ninguna de las adaptaciones fílmicas que han hecho sobre el personaje. Esto se debe a lo extraña que es la idea de que la radiación convierta a alguien en un monstruo de tales proporciones. Stan Lee, como hijo de la época que le tocó vivir, se informaba de las noticias de entonces y del miedo y terror que se sentía por las consecuencias que podrían acarrear la bomba atómica y la radiación, elementos desconocidos hasta entonces que parecía el recurso perfecto para dotar de poderes a personajes pintorescos. Hulk sería, curiosamente, el avatar e icono perfecto de “superhéroe” (entre comillas, pues Lee tuvo la osadía de crear a un monstruo bastante ambiguo dentro de un contexto superheróico, algo que habría que atribuirle) radiactivo, y no solo por su origen, sino también por el partido que le sacaría el guionista a la radiactividad en cada uno de los números de la colección del personaje, su mano de Midas para crear cualquier situación o enemigos posibles, junto al terror soviético, la mitología o los seres del espacio. Ese era Stan Lee, un hombre que tragó toda la Serie-Z conocida y por haber tanto en las películas o comic books que pasaron por sus manos, y vaya si se nota cuando lees algo suyo.
El principal problema que encuentro, no obstante, en estos primeros números de The Incredible Hulk, es que podría decirse que son unas páginas de rodaje. Me explico, es como presenciar la evolución del concepto del monstruo, porque nada de lo que hace especial al personaje se había explorado aún. Peor que eso, el intrépido creador del Universo Marvel parecía indeciso con este concepto de héroe con maldición y no tenía ni idea de qué hacer con él o cómo manejarlo. Y es que el primer Hulk dista mucho de ser la enorme masa verde poderosamente fuerte, no solo por el evidente hecho de que fuera gris hasta que Lee cambió de idea, sino porque era un monstruo con todas las letras, un auténtico villano que poco tenía de honorable o ingenuo. Es cierto que Hulk, al haber pasado por muchas manos, tiene mil interpretaciones, siendo la de Peter David una de las más conocidas, pero en sus inicios ni siquiera se transformaba a raíz de un ataque de furia o porque fuera la psique oculta del Dr. Banner. No, era simplemente un Mr. Hyde menos sádico, otra mente que no tenía nada que ver con el buen doctor y además solo se aparecía por la noche. Todo esto puede chocar al lector que conozca a Hulk de las películas o los cómics actuales, pero es choca mucho más comprobar cómo varía el status quo a medida que pasan los números.
Y es que es así, Stan no sabía que hacer para controlar el personaje, empleaba a Rick Jones como elemento para implicar al lector en lo que estaba ocurriendo y solo era un mero adolescente, por lo que el propio guionista buscaba el modo de que el monstruo pudiera ser controlado de una manera u otra. Es así como presenciamos a argumentos bastante dispares, desde una celda que encierra a la bestia por las noches (método equívoco, aburrido y desquiciante, sin monstruo no hay cómic y por ello debía escaparse una y otra vez) hasta el control del goliath verde (ahora sí) por el joven Rick mediante la radiactividad (deux machina más frecuente). Y todo esto sin mencionar rayos de transformación y bases ocultas que a saber cuándo fueron construidas y cómo, el detalle brilla por su ausencia en estas historias. Un batiburrillo de sucesos, en definitiva, que no ayudan a que la lectura sea tan fructífera como lo es con los primeros y muy recomendables números de los Cuatro Fantásticos o la Patrulla-X en menor medida. Por no decir que toda la relación entre Betty Ross, su padre: el Coronel Trueno Ross y Banner distaba mucho de ser la que es ahora, no podía ser más ridícula, anodina y contradictoria. Un número están acusando a Banner de traidor (sin siquiera investigarlo además) como que al otro está el buen doctor trabajando con algo para el gobierno. Un desastre.
Claro que ya comenté en la introducción que había que leer este tomo como lo que es, una recopilación de historias de los años sesenta, cuando el género empezó a madurar muy poco a poco. Stan metió conceptos atrevidos con este Hulk, otra cosa es que hayan envejecido mal y sean todo un prototipo de todo lo bueno que vino después. Es aconsejable disfrutar de esto con ojos poco cínicos o simplemente será imposible siquiera entretenerse. Y es que si hay algo que es objetivamente cierto, es que estos cómics han envejecido espantosamente mal, pese a quien le pese.
Eso sí, si hay algo que sigue sin ser espantoso es el dibujo de Jack Kirby. El gran Kirby realiza aquí un trabajo excelente, con todas sus virtudes: Narrativa secuencial perfecta, economía de recursos, espectacularidad cuando se precisa, expresividad adecuada, caracterización de personajes y claridad absoluta. Es un dibujo sencillo pero muestra perfectamente lo que hay que contar, siendo en estos números cuando veremos grandes ejemplos de su famosa manera de dibujar la tecnología fantástica (que tanto han copiado muchos dibujantes después) y su imaginería a la hora de crear monstruos, siendo Hulk uno de los más destacables. Eso sí, hasta el mismo Kirby (que en paz descanse) reconocería que su primera versión de Hulk está clarísimamente inspirada en el actor que dio vida a Frankenstein en la gran pantalla: Boris Karloff. Las splash page son fantásticas y muestran el potencial de un dibujante que aun tendría mucho que decir más adelante, cuando su estilo se afianzaría y maduraría hasta ser el que todos conocemos.
Tampoco hay que olvidar a Steve Ditko, dibujante del último número y co-creador de Spider-man junto a Stan Lee. En Hulk no hace uno de sus trabajos más característicos y, en opinión de un servidor, palidece ante la figura de Kirby, mucho más adecuada para un personaje como Hulk, ya que Ditko lo dibujó mucho más escuálido y se echa en falta un poco de esa imaginería tecnológica que pudimos ver en números anteriores. Aun así, narrativamente hablando es mucho más dinámico y divertido de leer que Kirby, amén de que resulta aun más expresivo.
En resumen, muy recomendable para amantes del cómic clásico de superhéroes, pero para todo aquel que pretenda leer algo de Hulk tras el visionado de la reciente película… mejor que escoja algo un poco más moderno y más parecido a lo visto en el mencionado filme.
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