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La ciudad de las torres (Eberron. Trilogía La Oscuridad Onírica 1) |
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Baker refleja muy bien la aversión existente de los anfitriones hacia los acogidos, el odio mutuo y la obligación de comprenderse y de poner ideas y voluntades en común para superar el cataclismo. |
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En realidad, el libro está lleno de movimiento e intriga; apenas hay un momento para el descanso, ni siquiera en el destartalado dormitorio de La Mantícora, la posada que sirve de alojamiento para nuestros maltrechos exiliados. Un hecho que se repite durante la aventura con cierta asiduidad es que se producen gran cantidad de encuentros y la aparición de bastantes personajes secundarios. No todos estos encuentros tienen verdadera trascendencia para la historia, y asumo que con ello Baker no ha pretendido otra cosa que poder explayarse sobre determinados aspectos que caracterizan Eberron y a la ciudad de Sharn más en concreto. A veces toda esta acción, en cambio, se ve interrumpida por una oleada de información que el autor, aprovechando una situación específica, introduce dentro del curso de la historia. Quizá esto pueda suponer una ligera molestia o tedio para los más avezados en las cuestiones de Eberron, que verán como cada nuevo lugar o aparición de determinados personajes viene calzada con su correspondiente crónica, cortando momentáneamente el ritmo de la aventura principal y restando algo de dinamismo. Sin embargo, y dada que la introducción del escenario de Eberron dentro de los juegos de rol –si no me equivoco- no es el que cuenta por ahora con más adeptos en nuestro país, toda esta información siempre es bienvenida, a mi parecer. De ahí que la elección de esta trilogía como iniciación a Eberron haya resultado idónea por parte de Timun, pues en realidad todo este primer volumen no es más que un avance y un telón para representar las ideas principales que definen este mundo de cara a las aventuras que aparecerán en un futuro.
El desarrollo de la trama, estructurada en capítulos en sucesión cronológica y alternando varios interludios, es por momentos un poco lineal, consistiendo en buena parte de la obra en una sucesión de recorridos por la ciudad, encuentro inesperado y descubrimiento de alguna pista sobre la investigación que llevan a cabo los protagonistas, haciendo que este círculo se ponga de nuevo en funcionamiento. En cambio, la definición que da nombre a la trilogía en conjunto y que, se supone, va a articular la narración de los otros dos libros, apenas aparece esbozada en este primer título. El autor tendrá que hacer un buen trabajo para dar consistencia a esa parte en los próximos volúmenes.
Hacía referencia en un principio a la presentación de todo un abanico renovado de seres y criaturas entre las páginas de esta serie. Efectivamente, hay razas nuevas para un mundo nuevo: los forjados, los conversores y los kalashtar son algunas de las que más pueden llamar nuestra atención. Los forjados (originalmente warforged) son el mayor logro de la casa Cannith. Creados originalmente como autómatas para misiones de ataque, defensa y exploración por las necesidades de la guerra, sin poder desprenderse del papel para el que han sido puestos en el mundo, han ido evolucionando y adquiriendo de alguna forma algo próximo a un alma. Construidos con materiales tan rudimentarios como metal, piedra, cuero y madera, sólo las habilidades Cannith justifican su versatilidad y las capacidades de aprendizaje de que pueden presumir. Sin duda son la nueva especie que más destaca, pero no la única sorprendente y original: los kalashtar son seres humanos de atributos psiónicos, que comparten su alma con otra presencia de carácter espiritual; mientras que los cambiantes son capaces de mutar su aspecto externo a voluntad y constituyen una de las comunidades minoritarias más desconocidas de Eberron. Junto a todos ellos encontramos las ya habituales estirpes o facciones, como los medianos, orcos y los manidos elfos; razas que aquí son de una variedad apabullante (y bien podría decirse que no falta ni una). Aunque para diferenciarse, Baker altera un poco a su vez algunos clichés asociados a las mismas, de modo que ni medianos ni elfos se ajustan exactamente a los prototipos tolkienianos.
Y si importante es el papel que juegan todos estos seres, también lo es el que desempeñan en Eberron los miembros de las llamadas Casas de la Marca del Dragón, o Dragonmarked. Sin duda, la relevancia de estas familias aristócratas en el relato es fundamental, jugando un papel determinante en el pasado y el devenir de la historia de Khorvaire, y constituye al mismo tiempo uno de sus puntos más atractivos. Las marcas de dragón son una especie de tatuajes naturales que afloran a la piel, en distinta forma y tamaño según su poseedor, y otorgan a éste una serie de capacidades, digamos, sobrenaturales que suponen un beneficio que va más allá del mismo individuo, pues sus propiedades son aplicadas por la familia de una forma más o menos colectiva, organizada en forma de gremios y asociaciones. Existen marcas de dragón de todo tipo: de los hacedores, del hallazgo, de protección, de control sobre los animales o los elementos, etc. A pesar de que las Casas cuentan con determinadas restricciones políticas, pues su poder ya es de por si grande, y sociales (padecen de cierta endogamia autoimpuesta, no pueden hibridarse con comunes y se revelan como verdaderos grupos cerrados), se trata de colectivos de enorme importancia. No todos los miembros de una Casa desarrollan su marca de dragón, que aunque es innata no viene de nacimiento. Pero cuando aparece esta marca, ya indeleble para el resto de la vida, el que la porta goza de todos los beneficios que corresponden a su clan. Así, mientras los Cannith, de especie humana, también llamados artificieros o hacedores, aplican sus destrezas sobre la invención de objetos para infundirles poderes especiales, o la creación de toda suerte de artefactos mágicos, los Jorasco –medianos en este caso- mantienen una prolífica red de casas de curación en virtud de sus habilidades sanadoras; o el arte en el manejo de la espada permite a los Deneith sostener el cuerpo de mercenarios más importante de Khorvaire, con licencias suficientes para ejercer un modo de cuerpo policial por el continente, así como los Sivaris aplican su portento telepático a las comunicaciones a larga distancia por todo Khorvaire... Sinceramente, la introducción de los poseedores de las Marcas de Dragón en la historia de Eberron y en la propia aventura que nos ocupa es uno de los aspectos del libro tan interesante y atractivo, como bien explicado.
Volviendo a los personajes de la aventura, tienen como nota común un pasado interesante y misterioso, que el autor va desvelando lentamente, como si desenrollara una madeja de hilo, a lo largo de la historia. Sin embargo, al finalizar este primer volumen de la trilogía, todavía tenemos una sensación de que no hemos descubierto sino un atisbo de todo ese pasado que envuelve a los protagonistas. Se echa en falta un mayor conocimiento de los personajes para entender mejor lo que el lector aprecia a través de sus ojos. Por otra parte, es innegable que están un poco estereotipados, pero ése es un error que difícilmente logran evitar una enorme cantidad de obras de fantasía. Por ejemplo, la relación entre Daine y Lei es poco clara. Si bien existe entre ambos una evidente dependencia y unos lazos que se aprecian más profundos de lo que las apariencias dan a entender, no acaba de ponerse al descubierto cuál es el verdadero sentimiento que les une. Como digo, hemos de reconocer que al finalizar el libro no sabremos mucho más de los personajes que al principio.
Este es un libro recomendable para todos aquellos que disfruten con las series de Reinos Olvidados y similares, pues la imaginería asociada a Eberron recuerda inevitablemente a la de éstos. Al mezclar facetas de relato detectivesco, aventura un tanto pulp y thriller dentro de un entorno de fantasía, aporta sin embargo suficientes novedades como para convertirlo en una obra apetecible (siempre que uno guste del abundante subgénero ‘de franquicias’ dentro de la literatura fantástica), que trata de alejarse de algunos de los conceptos más tradicionales y se reviste de cierta frescura. En definitiva, es una estupenda introducción a este mundo para todos los lectores y en todo caso proporciona una enorme cantidad de información y background sobre el universo Eberron.
La edición de Timun es bastante correcta, y sin duda su principal acierto ha sido el de incorporar íntegramente los apéndices, de nada menos que 50 páginas, que ya incluía la edición original. Los apéndices y el glosario de términos son especialmente útiles para añadir nuevas informaciones en el caso de los primeros, y desarrollar de un modo más extenso determinadas localizaciones, sucesos, personajes, etc. en el caso de los segundos. En ellos nos podremos encontrar una concisa descripción de las razas más desconocidas, las distintas religiones y creencias, una cronología de la historia reciente y los acontecimientos de la última guerra, detalladas características de las trece Casas Dragonmarked y las peculiaridades de cada marca, etc. Además, afortunadamente, no pecan de revelar aspectos que forman parte de la trama de la historia, por lo que se pueden consultar perfectamente sin temor a descubrir algo que todavía no hayamos leído. La única pega que he localizado en el trabajo de Timun es que se dan con relativa frecuencia algunos errores tipográficos molestos, como el cambio de nombre de un personaje al que se están refiriendo, creando así confusión en la intervención de diálogos y situaciones de acción. También es cierto que se produce una traducción inexacta de algunos términos al compararlos con la versión Devir de los mismos, aunque esto es algo que sólo notarán los jugadores de Eberron más puristas (por ejemplo, artificieros en lugar de artífices, sueñolirio en vez de lirio de los sueños, y ese malsonante “chinches” –sin comentarios-, pero en general se mantiene una similitud bastante próxima).
Teniendo en cuenta que se trata del primer trabajo de Baker en el mundo literario, afirmaría que puede salvarse de críticas negativas importantes, en una historia que aun no siendo la más original ni consistir en una gran aportación al género o ser realmente imprescindible, es bastante multifacética y pasa a engrosar el catálogo de lecturas entretenidas y que se dejan leer con fluidez dentro del ámbito fantástico. Además, la calidad de la redacción de Keith Baker es lo suficientemente aceptable y se puede destacar su capacidad imaginativa dentro de la narración. Puede resultar una novela más apetecible para los jugadores, pero también suponer un agradable descubrimiento para los no iniciados en el juego de rol. Una ventaja para acometer su lectura es que se trata de un volumen autoconclusivo que cierra el argumento principal que se despliega en esta aventura, aunque naturalmente, como es propio del género, deja cabos sueltos para enlazar con la continuación, de la que esperamos una mayor variedad de escenarios, un conocimiento más profundo de los personajes y una mayor inmersión en la trama principal, una vez ya hemos adquirido las nociones básicas para desenvolvernos en los rasgos que definen el mundo de Eberron. Baker es un buen diseñador de juegos, y un autor novel en aprendizaje que de momento va por buen camino. Aunque era un poco escéptico al iniciar este tomo que abre una nueva franquicia, creo que el resultado final puede considerarse a la altura de lo esperado.
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