Janice Porter, es un personaje nuevo en la trama. Su presencia viene justificada al ser nombrada nueva fiscal de distrito, cubriendo así la vacante a la fuerza dejada por su antecesor Harvey Dent. Nos encontramos ante un personaje ambiguo, que en primera instancia se muestra muy preocupada por reabrir el caso Falcone, con la intención de limpiar el nombre de la familia, para lo que contará con la ayuda de Mario Falcone. Si bien estas en apariencia honestas intenciones, se tornarán cada vez más turbias, debido al juego a dos bandas que mantiene con los Falcone y un misterioso amante, con el que comparte la información obtenida del comisario Gordon.
Harvey Dent, el antiguo fiscal de distrito, ya no existe, su lugar ha sido ocupado por Dos caras, en origen recluido en Arkham, hasta su fuga propiciada en la noche de Halloween. Ahora prosigue con su particular cruzada comenzada cuando todavía estaba del lado de la ley, pero esta vez amparado en los bajos fondos, donde ha logrado reunir un grupo variopinto integrado por Joker, Hiedra venenosa, Frío, Pingüino, Salomón Grundy, Sombrerero y Espantapájaros. Su misión es la de intentar extinguir definitivamente, los restos de las antaño orgullosas familias mafiosas, y hacerse con el control de sus respectivos negocios, acción que tiene como objetivo final el control de Gotham.
Por último Catwoman/Selina Kyle, vuelve a la ciudad tras una ausencia de seis meses en Roma, cuyos acontecimientos se narran en el volumen “Si vas a Roma” también Loeb y Sale. En su vuelta a la ciudad, vuelve a mostrarse como una mujer sensual, que coquetea con los Falcone, al tiempo que intenta profundizar en la difícil relación sentimental con Bruce Wayne, ya entrevista en el número anterior. Además, se aclara su conexión con la familia Falcone con los que comparte algo más que amistad, como se puede leer en la reveladora confesión en la tumba del patriarca, justo al final de la historia.
En cuanto a la estructura narrativa, al igual que sucedía con el Largo Halloween, la historia está contada desde el punto de vista de Batman, que actúa de narrador presentándonos los personajes, y realizando las conexiones que considera oportunas con los hechos narrados con anterioridad. El guión obra de Loeb, sigue estando a la altura de su predecesora, con unos diálogos muy ágiles, tanto en las escenas de mayor acción como en las más íntimas.
Si la narración es excelente, qué decir del aspecto visual; de nuevo debe alabarse el trabajo de Tim Sale, y vuelvo a insistir nuevamente en los personajes femeninos, especialmente en Janice Porter con su aire a lo Lana Turner, y en general todos los personajes, otorgando especial importancia en los cruces de miradas capaces por sí solas de contar la historia. En el apartado de ambientes, tengo que mencionar la labor de equipo realizada por Sale y el colorista Gregory Wright, quien se aleja un poco de la oscuridad que parecía envolver cada uno de los escenarios de la ciudad de Gotham presentados en el volumen anterior, para mostrarles algo más luminosos. Esto no significa que se abandone las sombras, que aparecen pero en casos muy puntuales, para resaltar la silueta de Batman o enmarcar los rostros de algunos personajes. Junto a ello el blanco y negro presenta un menor espacio, reservado únicamente para los recuerdos de infancia de Bruce Wayne. Además en conjunto el libro está repleto de momentos de gran belleza, como la muerte de los padres de Dick Grayson, el intento de asesinato del comisario Gordon, la presentación de las víctimas del ahorcado o el acecho de Harvey Dent en las cloacas; sin olvidarnos de recursos propios del universo cómic, como el introducir el sonido de un disparo.
En definitiva estamos ante una obra con la que se rompe la regla no escrita de segundas partes nunca fueron buenas, porque no sólo se encuentra al nivel de su predecesora, sino que constituye junto a ella, uno de los títulos esenciales que todo buen aficionado al caballero oscuro debe tener presente.
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