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Fantasymundo entrevista a Sergio Mars
M. Mazarío   02/08/2008 ( 592 lecturas) Escribir Comentario
     El autor de El Rayo Verde en el Ocaso nos ha concedido esta entrevista, en la que se analiza sobre todo el presente y el futuro de la ciencia ficción.
Portada de El rayo verde en el ocaso, de Sergio MarsSergio Mars publicó el pasado mayo la antología de relatos “El Rayo Verde en el Ocaso” (Grupo AJEC), cuya reseña publicamos aquí, de la mano de uno de nuestros redactores. "El señor Mars nos regala nada más y nada menos que doce relatos de lectura rápida, estilo conciso y que utiliza un lenguaje sumamente técnico, englobados bajo el subgénero de la ciencia ficción hard", nos presenta el autor de la reseña, para apostillar que "si bien es casi necesario tener un diccionario técnico al lado para comprender palabros tales como 'qubit' o 'isómeros', los argumentos están tan bien escritos y los misterios que esconden tan bien ocultos y resueltos, que la lectura es totalmente absorbente."

Hemos querido acercarnos un poco más a la persona de este autor valenciano poco conocido, licenciado en Biología, que a nivel de relatos ha destacado en el ámbito tolkiendil, ganador del premio Gandalf, y finalista del UPC, del Pablo Rido y del Ignotus.


Fantasymundo: Biólogo de profesión, científico, por lo tanto predispuesto a ser catalogado como persona observadora y práctica ¿Por qué meterse entonces a escribir ficción?

Sergio Mars: En realidad, antepondría a la practicidad otra característica del pensamiento científico: la curiosidad, querer saber el cómo y los porqués de todo. Esto te lleva a un punto en que ya no hay más terreno firme. Es justo en esa frontera donde trabaja la ciencia, planteando puntales hipotéticos hacia los que tender puentes. Así pues, se podría definir el trabajo científico como la tarea de adivinar, basándote en los conocimientos previos, dónde podría estar el siguiente punto de apoyo que te permita seguir avanzando, definición que podría adaptarse sin muchos problemas a la artesanía de engarzar una ficción coherente. Por supuesto, el siguiente paso del científico consiste en descubrir el modo de llegar hasta ese destino hipotético sin caer al vacío (y eso sin tener la seguridad de que en verdad esté allí). El escritor no padece esa restricción, así que puede ser un poco más osado con las estructuras que elabora, lo cual no quita que deba respetar unos niveles mínimos de verosimilitud.

Fantasymundo: ¿Cuáles son sus influencias directas?

Sergio Mars
: El millar y pico de libros de mi biblioteca (amén de los otros cientos que he leído en mi vida sin disfrutar de su propiedad). Claro que, aun siendo escrupulosamente cierta, ésta es una respuesta bastante tramposa, así que me arriesgaré a precisarla un poco.

Como lector, formaron mis gustos desde muy joven Tolkien, Salgari, Verne, Poe, Haggard, Kipling, Ende; y un poco más tarde Howard, King, Clarke, Lovecraft, Pascual Enguídanos, Homero, Card o Chandler. Ya iniciado en la escritura descubrí a Egan, Varley, Eco, Ellroy, Saylor, Dumas... En realidad la lista sería interminable, y todos ellos aparecen de algún modo en cuanto escribo. Mis primeros relatos (algunos de los cuales han entrado en “El rayo verde en el ocaso”) son más deudores de algún autor en particular. En estos momentos, se me haría muy difícil particularizar los ingredientes de la materia prima con que construyo mis historias.

Fantasymundo: La pregunta que no tiene respuesta: ¿De dónde sale la inspiración para comenzar a escribir un relato?

Sergio Mars
: Sí que tiene respuesta. El problema es que sería una distinta para cada relato.

De todas formas, a lo mejor es posible aportar alguna generalización. En ciencia ficción, por ejemplo, quizás surja del planteamiento de una hipótesis para solucionar un problema inabordable con el estado actual de conocimientos. De esa solución hipotética se ramifican una serie de consecuencias, tanto técnicas como morales, que exigen unos personajes que las sufran o recapaciten sobre ellas, y éstos a su vez requieren de antecedentes y motivaciones. El relato final sería la estructura literaria que se forma para dar soporte a este entramado de ideas interdependientes, que puede hacerse tan limitado como el primer plano de un microrrelato o tan amplio como la panorámica de una novela.

En otros géneros, la semilla es parecida: un detalle de ambientación, una escena, una personalidad determinada, un incidente... Cualquier acontecimiento o reflexión es capaz de generar esa simiente (el cerebro humano no puede estar ocioso y cuando no lo estamos explotando trabaja por su cuenta estableciendo asociaciones libres). De hecho, todos los días nacen multitud de protoideas, aunque sólo unas pocas sobreviven lo suficiente para echar raíces. Esas pocas se quedan sin llamar mucho la atención en algún sitio oscuro, hasta que un día descubres que han sacado brotes, las examinas y la curiosidad quizás te impulse a construir en torno suyo la historia que les dé sentido (y si no están maduras no hay problema, sólo es cuestión de dejarlas crecer por su cuenta un ratito más).

Fantasymundo: En un país de capa y espada, ¿Cómo encaja alguien que habla sobre física cuántica y trasbordadores espaciales?

Sergio MarsSergio Mars: Pues bastante mal, aunque lo cierto es que también me he ocupado de la capa y espada (y el terror) y lo que ha acabado fructificando antes ha sido la ciencia ficción. En realidad, creo que ha sido el subgénero lo que ha supuesto el elemento discordante. Tradicionalmente, la CF española se ha decantado por historias bastante alejadas de la ciencia. Pareciera como si el hard asustara un tanto (no sé si a los lectores, a los escritores o a los editores). Por añadidura, las opciones hoy en día de publicar ciencia ficción para un autor español novel son mínimas (en fantasía, sobre todo cuanto más juvenil sea, hay un poquito más de margen).

Pero centrándome en la ciencia ficción en general, también debe tenerse en cuenta que en un mercado tan minúsculo como el nuestro se le presta en mi opinión excesiva atención a los precedentes, cuando en el mejor de los casos, por su número, no pueden ser estadísticamente significativos. Así, por ejemplo, existe el convencimiento de que el autor español no vende, de que las antologías no venden y de que la ciencia ficción no vende. Por supuesto, si no se apuesta por ninguna de estas variables los resultados comerciales no pueden sino dar la razón a quienes sostienen estos principios. Una tirada de 2.000 ejemplares, con la misma recepción crítica y popular que otra de 700, se venderá en una proporción mayor, por la simple razón de disponer de mejor y más amplia distribución. Si se comparan porcentaje por porcentaje, la conclusión parece obvia: el autor A es preferible al B, ¿y a que no resulta difícil adivinar cuál es la nacionalidad o el género que trabaja cada cual? Este tipo de dinámicas presentan la tendencia a perpetuarse y resulta muy difícil invertirlas, sobre todo en época de crisis.

Fantasymundo: Su palmarés en cuanto premios literarios llama la atención por lo fructífero ¿Cree que es la única forma de conseguir llegar al público patrio sin tener un apellido de origen anglófono?

Sergio Mars: En realidad, yo diría que los premios me han sido bastante esquivos. En su mayor parte mis textos han sido menciones o finalistas, no ganadores, y ésos se olvidan a los pocos minutos de leer la noticia con el acta del certamen. También hay que tener en cuenta la compartimentalización del panorama fantástico español. Cada subgrupo tiene sus propios premios y poco importan los resultados cosechados en certámenes ajenos a este marco de referencia. Como camino para darse a conocer, los premios son una opción frustrante y de resultado incierto. El número de los significativos es bastante reducido y en algunos de ellos concurren condicionantes “extraliterarios”.

Lo habitual para presentarse en sociedad era entrar en el circuito de publicaciones amateurs y semiprofesionales. Por desgracia, esa estructura se derrumbó entre el 2006 y el 2007, dejándonos sin revistas especializadas (profesionales o semiprofesionales) e incluso casi sin fanzines (incluyendo los electrónicos). El hueco aún no ha sido ocupado (aunque en los últimos meses han aparecido varias iniciativas) y por añadidura todas las señales apuntan a que la compartimentalización de que hablaba antes también se está imponiendo aquí.

En mi caso en particular, utilicé un poco los reconocimientos en certámenes y otro poco los últimos coletazos del circuito amateur previo (no llegué a tiempo de publicar en buena parte de las revistas antes de que cerraran) para intentar convencer de la viabilidad de mi antología a mi editor. Se podría decir que este libro es mi carta de presentación para el público en general (para quienes soy, en su inmensa mayoría, perfecto desconocido).

La pregunta que se plantea, claro está, es qué senda puede tomar alguien que empiece ahora de cero, y me temo que no tengo respuesta para ella (ni siquiera tengo muy claro cuáles pueden ser mis siguientes pasos). Veremos cómo evoluciona el sector, aunque no soy excesivamente optimista.

Fantasymundo: Se dice que la ciencia ficción está muerta, que su carácter profético ha desaparecido para convertirse en meras fantasías adornadas por los avances científicos reales ¿cree realmente que este campo literario se ha estancado?

Sergio Mars
: Ni mucho menos. Defender eso sería casi tanto como sostener que la ciencia ha tocado techo. Eso sí, estamos llegando a un grado de complejidad que quizás choque con el valor lúdico de la lectura. Buena parte de la física de vanguardia es tan anti-intuitiva que tratarla con amenidad en un relato se convierte en una empresa titánica. También hay que considerar la ley de Clarke, que expone que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, con el agravante de que la tecnología que hoy en día no somos capaces de comprender (por la extrema especialización hacia la que nos han abocado los sistemas educativos del último medio siglo) es la nuestra propia. Si unimos a este hecho cierto desprestigio que ha ido acumulando la ciencia (no sólo no ha resuelto muchos de los problemas que durante la “edad de oro” parecían a punto de solucionarse para siempre, sino que incluso ha “provocado” otros nuevos, como el cambio climático), no es difícil percibir de dónde viene esta creencia.

Los que sí están acabados son muchos de los temas tradicionales. Seguir con ellos equivale a tratar de ordeñar una vaca que no da más de sí (entre otras razones, porque la realidad ha superado a la ficción o ha tomado un camino totalmente divergente). Por esta razón, quienes sólo entiendan el género como una exploración de los temas clásicos tendrán toda la munición que necesiten para rematar al supuesto cuerpo moribundo de la ciencia ficción... mientras los demás seguimos adelante (examinando la singularidad, el transhumanismo, los desquiciados recovecos de la teoría de cuerdas o buscando el santo grial de la unificación de todas las teorías cosmológicas, por mencionar sólo unos pocos de los frentes abiertos).

También es cierto que la ciencia ficción de vanguardia nos llega con cuentagotas y a menudo a unos precios que difícilmente nos permiten estar al día. ¿Dónde están las novelas de Peter Watts o Karl Schroeder? ¿Cuántos han leído a Charles Stross? ¿Por qué Greg Egan termina editándose con más de un lustro de retraso? Vivimos un poco de espaldas a la ciencia ficción contemporánea (las colecciones más asentadas y de mayor tirada han ido pasándose a la fantasía). Quizás no estemos en el contexto adecuado para un gran superéxito arrollador, pero los límites, si existen, aún están muy lejos y queda mucho que especular.

Fantasymundo: Como fabulador de historias y como hombre de ciencia, ¿qué cree que nos traerá el mañana en cuanto a avances científicos y tecnológicos?

Sergio Mars
: La próxima gran revolución provendrá del campo de la biotecnología. Llevamos varios años acumulando una ingente cantidad de datos procedentes de la genómica, las redes de interacción proteicas, el análisis de los productos de procesamiento alternativo del ARN mensajero, la estructura tridimensional de los enzimas o los sistemas de regulación de la expresión. Hay tanta información, de hecho, que procesarla ha requerido (y requiere) del desarrollo de toda una serie de herramientas nuevas (sobre todo informáticas). Pronto empezarán a ser habituales conceptos como los chips de ADN, la medicina personalizada o la nanotecnología (no con microrrobots, como se había propuesto, sino con sistemas nucleoproteicos artificiales). También deberemos asumir que desde el neolítico hemos ido entrando en una etapa postdarwiniana de la evolución y que va siendo hora de que nos pongamos al timón (algo que sólo será efectivo si se eliminan las diferencias socioeconómicas mundiales, pues de lo contrario nos enfrentaríamos a una peligrosa segregación entre aquella parte de la humanidad con “privilegios administrativos” sobre su ADN y la que carezca de esta ventaja).

También será obligatorio (si queremos paliar los efectos de la gran extinción holocena, que podría llegar a afectarnos más de lo que se piensa) que nos replanteemos los procedimientos de obtención y empleo de la energía, examinando los efectos desde un punto de vista global. En realidad, es cuestión de si las medidas correctivas se tomarán a tiempo o no (con el peligro de que no conocemos a buen seguro ni los plazos ni las consecuencias). No sólo es necesario optar por las energías renovables (a día de hoy, la que parte de una mejor posición es la solar), sino que también hay que controlar la escalada exponencial en los requerimientos energéticos. Todo ello debería pasar por un cambio en el paradigma económico (y político), porque es mucho pedir que la ciencia siga sacándonos las castañas del fuego indefinidamente (llevamos varias décadas en una especie de huida loca hacia delante), pero esos cambios ya se salen un poco de mi campo de experiencia.

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