|
|
Corazón de tinta, de Cornelia Funke |
|
|
|
|
|
Una auténtica delicia que ha entrado como un vendaval en el tradicional mercado de la Fantasía con la muy noble pretensión de quedarse. |
|
No queda lejos el día en que Cornelia Funke (Dorset, 1958) ocupe un lugar destacado dentro de la Fantasía literaria. Desde que en 2000 publicase “El rey de los ladrones” novela de aventuras que supuso su reconocimiento internacional, ha entrado en la órbita de autores con algo más que interesante que aportar al género. Motivos para encumbrarla no faltan: lleva casi veinte años demostrando, mediante sus extraordinarios libros de cuentos, que también ilustra, su enorme talento y su notable oficio como narradora.
En 2003 encontró la pócima mágica con “Corazón de Tinta” (Siruela), un magnífico libro que es primera parte de la trilogía (por ahora) “Mundo de Tinta”. En él, Funke juega con la dicotomía entre lector/ escritor/ personaje, diluyendo las barreras que existen entre estas tres condiciones, exactamente igual a como lo hiciera Michael Ende en “La Historia Interminable” (1979), hasta la fecha el más notorio legado a la literatura de género en lengua alemana. “Corazón de Tinta” comparte muchas características con esta famosísima obra; posiblemente, la más destacable sea su inmenso poder de fascinación.
Su encanto no reside sólo en su maquetación, sino en su propia estructura y en la magia de sus palabras y argumento
Las dos son obras que trascienden las fronteras estrictamente literarias para entrar en el ámbito de la paraliteratura en cuanto objetos materiales. Es posible recordar el libro de Ende por su doble entintado, verde o rojo según la adopción del punto de vista narrativo (el del propio protagonista, Bastian Baltasar Bux o de la novela), en la misma medida en que puede apreciarse la muy cuidada edición de “Corazón de Tinta”. El hecho de que Siruela haya decidido mantener la portada realizada a tal efecto por la propia Funke incrementa las probabilidades de sumergir al lector / espectador en una experiencia lectora radicalmente comprometida, al darle la impresión de tener entre manos el mismo volumen del que sus personajes hablan y por el cual viven.
“Corazón de Tinta” es, por si fuera poco, uno de esos libros que atraen al lector desde las esquinas de los anaqueles donde reposan. Su encanto no reside sólo en su maquetación, sino en su propia estructura y en la magia de sus palabras y argumento. Hojearlo es zambullirse de lleno en un universo sólido, íntegro con unos principios bibliófilos expresos, por el que campan inolvidables personajes de los que no cuesta nada enamorarse. Tal es la sensación que produce, que, apenas con unas páginas a cuestas, ya tenemos el firme deseo de ver cómo lo que nos cuenta Funke vaya a evolucionar en títulos venideros. Deseo que crece todavía más si, encima, cometemos la imprudencia de soslayar primero el apéndice con los principales actores de la función, pues es compendio y resumen de su trayectoria a lo largo del volumen, dándonos pistas sobre lo que vamos a encontrarnos en “Sangre de tinta”. Aviso por tanto para navegantes e impacientes: el dramatis personae está puesto al final por una razón particular.
Las creaciones salidas de la pluma de Funke (cuyos nombres recuerdan mucho a los que Mervin Peake instituyese en “Titus Groan”) tienen, incuestionablemente, una entereza y un carisma insólitos que insta al lector a seguir enfrascado en una lectura contagiosa, convirtiéndola en una suerte de mitología que propicia el interés por la intriga (el qué vendrá después). “Corazón de Tinta” es, además, un manual de civismo lector, pues en él se recogen normas y reglas con las que afrontar el acto mágico de compartir lo que otro ha hecho, es decir, hermanando al creador y receptor. La literatura es cosa de dos y su éxito o fracaso depende de acciones compartidas.
Establecer analogías en un libro sobre libros en donde cada capítulo se abre con la cita de una obra bien definida (y generalmente, memorable), es, por tanto, una obligación a cumplir. A poco que se avanza, ya se comprende que la idea que germinó en la imaginación de su autora surgió tras una lectura de “Seis personajes en busca de autor”, del Nobel de 1934 Luigi Pirandello, donde ya se planteaba algo muy similar a lo que propone Cornelia Funke: ¿qué pasaría si, un día, un creador (llamado, por cierto, Fenoglio, como un famoso relator italiano) se tuviera que enfrentar a los personajes de sus obras? ¿Cómo reaccionaría éste y su mundo circundante ante este acontecimiento? La premisa que sirve de punto de partida en “Corazón de Tinta” es más o menos así; la escritora la adopta como propia y la deforma lo suficiente para hacerla satisfactoriamente novedosa, situándonos ante una novela de Fantasía originalísima y única.
Mortimer Folchart, alias Lengua de Brujo, es un encuadernador - o médico de libros- dotado de un curioso don: puede dar vida a cualquier criatura literaria con sólo leer en voz alta. Desgraciadamente, esta virtud tiene sus contraprestaciones: por cada personaje extraído del universo impreso desaparece alguien en la realidad, que pasa a sustituirle. Aunque capacitado para dar una tercera dimensión a quienes sólo conocen dos, Mo (pues así es conocido por su rubicunda hijita Meggie, coprotagonista de la trilogía) no tiene control sobre su poder, y no puede revertirlo una vez puesto en marcha. Estas peculiaridades serán explotadas con suma pericia por Funke al introducir a dos personajes antitéticos y con motivaciones opuestas: el malvado Capricornio, que es quien da título, por su falta de compasión, a este tomo, y Dedo Polvoriento, el nostálgico funambulista, ambos desposeídos de su realidad gracias a Mo.
Ir más allá de esta escueta sinopsis es privar al lector del cautivador efecto sorpresa que contiene esta pequeña maravilla. Un libro que desgrana y dosifica sus recursos, que empuja a quien lo lee a estrujarse las meninges a la búsqueda de referencias - veladas o no- con la que se sazonan sus páginas. Un tomo, en suma, que participa del maravilloso festín que supone la literatura. Una auténtica delicia que ha entrado como un vendaval en el tradicional mercado de la Fantasía con la muy noble pretensión de quedarse.
|
|
|
Página 1 de 1
|
|
|
 |
|
|
Version imprimible
·
Recomendar a un amigo |
|
 |
|
|
|
 |
|
No se permite la reproducción íntegra de este artículo. Para reproducciones parciales o citas, consultar el apartado de NOTAS LEGALES
|
|
|
|
 |
 |
 |
 |
 |
|
|
| |
|
|
|
 |
|