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El rayo verde en el ocaso, de Sergio Mars |
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En conjunto un título más que recomendable que a su calidad literaria aúna su capacidad para entretener, teniendo además como aliciente el estar escrito en y por un español. |
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El relato o cuento es un género literario con unas características propias y una marcada personalidad. Tengan en cuenta que juega con los mismos elementos que la novela pero que debe barajarlos en una longitud menor, lo que hace bastante complicado que los cuchillos del nulo, planteamiento, desenlace, ritmo, estilo y forma, giren en el aire en armonía y no produzcan ningún corte al osado malabarista que se atreva con ellos.
A mi me gusta especialmente este género porque es rápido de leer, proporciona ideas que desarrollar que no se pierden en grandes argumentos, y porque además se puede narrar sin dificultad con un mínimo de esfuerzo de retención. Esto es sumamente importante pues yo aún creo en la necesidad y lo divertido de la trasmisión oral de la literatura al más puro estilo de las jarchas y los romances. He podido comprobar en primera persona que aun en estos tiempos de ocio visual, gráficos tridimensionales y sonido envolvente, un buen orador puede cautivar a un público acostumbrado a secuencias de acción y efectos especiales, con el solo uso de la palabra como base de un buen cuento.
Les recomiendo hagan la prueba de apagar los monitores en una reunión de amigos y dedíquense a contar historias, les aseguro les sorprenderá lo divertido que puede llegar a ser. ¿De dónde sacar las ideas? Pues de este “El Rayo Verde en el Ocaso” (Grupo AJEC) por ejemplo que firma el casi desconocido Sergio Mars.
El señor Mars nos regala nada más y nada menos que doce relatos de lectura rápida, estilo conciso y que utiliza un lenguaje sumamente técnico, englobados bajo el subgénero de la ciencia ficción hard.
Pero no se asusten, pues si bien es casi necesario tener un diccionario técnico al lado para comprender palabros tales como “qubit” o “isómeros”, los argumentos están tan bien escritos y los misterios que esconden tan bien ocultos y resueltos, que la lectura es totalmente absorbente.
No soy un lector de ciencia ficción, les aseguro que excepto algo de Asimov y de Scott Card, obligadas lecturas de Julio Verne y un par de joyas de este género que tiene Javier Negrete, nunca me han atraído las fabulaciones de base pseudo científica sobre posibles futuros. Pero me gustan las historias bien escritas e imaginativas y “El Rayo Verde en el Ocaso” está plagado de ellas.
Las historias llegan de nadie sabe donde, sin explicación aparente, como un haz de luz refractada en la atmósfera, tan valiosas y extrañas como un Rayo Verde
La verdad es que toda la antología parece estar destinada a crear un desasosiego cercano al terror con influencias clásicas, de las que creo haber identificado a Poe o al mismo Lovecraft. Tal vez el ambiente de científicos y parajes extraterrestres es lo que no me decide a englobarlo en un terror total a la usanza de Barker o de Coyne, pero lo cierto es que nada de lo aquí narrado nos conduce a una sonrisa, si no que más bien nos hace pensar en horrores llegados de otras planos de realidad, o de los que pueden surgir de pasillos asépticos recorridos por figuras con batas blancas y mascarillas.
Los mejores ejemplos a mi parecer son “Cuarenta Siglos os Contemplan”, finalista del premio UPC 2006, que sin saber contra quien compitió creo que lo merece, y “Destellos de Oscuridad” en el que no puedo de dejar de ver una sombra de Cthulhu en el trabajo de los dos científicos protagonistas.
Hay lugar también para una tristeza casi cínica que aparece en el breve pero intenso “El Espectro de Malthus” que obliga a la reflexión con solo tres páginas de textos. Estos son solo un trío de ejemplos destacados, pero el resto les aseguro que tampoco tienen desperdicio.
Este volumen que publica el grupo AJEC para su colección Albemuth, cuenta además con prólogo de Alfredo Álamo, que no solamente queda perfecto para esta recopilación, si no que además explica perfectamente las diferencias tendencias de esto llamado scifi, de manera clara y alejada de pedanterías de eruditos, antojándoseme estar destinado a legos como yo en la materia. En conjunto un título más que recomendable que a su calidad literaria aúna su capacidad para entretener, teniendo además como aliciente el estar escrito en y por un español que se estrena así en esto de firmar sobre cubierta semirígida.
Enhorabuena señor Mars.
La religión claudicó ante un nuevo dios que no buscaba idolatras pasivos entre sus seguidores si no acólitos productivos, La Ciencia, que llegó para desterrar los temores surgidos de la ignorancia. Pero que cada descubrimiento planteaba nuevas incógnitas. El ansia por seguir los mandatos de la nueva fe llevó a los hombres a regresar a las taras de los cultos destinados a lo divino y de nuevo surgieron los pecados. Se rompieron las barreras de la realidad abriendo puertas a nuevos hades, se despreció la obra de Dios aunándola a máquinas de corazón de silicio, se tomó el poder demiurgo para comprobar que el equilibrio original no era arbitrario si no necesario. Un hombre, un científico, un escritor, ve en el infinito de su mente todo esto y lo plasma en papel. Las historias llegan de nadie sabe donde, sin explicación aparente, como un haz de luz refractada en la atmósfera, tan valiosas y extrañas como un Rayo Verde.
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