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La Muerte de Superman: Origen y Muerte |
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La Muerte de Superman cautivó a muchos y aportó bastantes elementos para la mitología del personaje. Aprovechando la recopilación en tomo de la saga, descubriremos si la calidad de la obra esta a la altura de sus repercusiones. |
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Todo empezó con la broma asesina.
No me refiero a la magna obra de Alan Moore y Brian Bolland, sino a una reunión de las muchas que se hicieron para trazar el camino que iban a atravesar las series mensuales del Hombre de Acero. Jerry Ordway siempre bromeaba diciendo: “Matémosle”, para que terminara el sufrimiento de decidir qué era lo que le ocurriría durante un año a la figura principal de DC Cómics. Curiosamente, en 1993 tocaba la boda de Lois y Clark, tras tanto tiempo organizando los preparativos para que los argumentos convergieran hasta ese punto: Superman ya se había desenmascarado ante Lois, ambos ya habían formalizado su relación y prácticamente no había paso atrás, estaba todo preparado para dar el paso definitivo en un evento que daría de qué hablar. No obstante, estamos hablando del superhéroe principal, el primero y el original, un icono norteamericano de gran repercusión internacional tan conocido o más que el propio Mickey Mouse. ¿Qué podría haber más importante que la boda que cerraría por fin todo un noviazgo de más de cincuenta años desde que el personaje fue creado? Ya que no se atrevieron oficialmente con el Superman original (hay muchas historias que transcurrieron en otros universos alternativos o finales no muy esclarecedoras), había llegado el momento en el que la revitalización del personaje de los años ochenta, orquestada por John Byrne y Marv Wolfman, diera sus frutos.
Pero por desgracia, como muchas otras veces ha ocurrido, los productores y los magnates de DC se interpusieron ante esa boda debido a que la serie de televisión de Lois y Clark: Las Nuevas Aventuras de Superman tenía la prioridad y no podían chafarles la iniciativa. Tuvieron que posponerla y fue entonces cuando el editor de DC de por aquel entonces: Mike Carlin se vio en un apuro bastante serio: ¿Qué había que hacer ahora con Superman? ¿Qué podía superar una boda tan esperada por el fandom? Ordway formuló la broma de nuevo: Matémosle. Hubo risas, muchos siguieron con la frase… Y tras el deslumbrar de una bombilla, fue como surgió la idea.
Matar a un superhéroe no es nuevo, sin irnos demasiado lejos el propio J. M. DeMatteis ya jugó con esa posibilidad en la mítica saga de La Cacería de Kraven, con un Spider-man saliendo de la tumba en una de esas portadas míticas que con más cariño se recuerdan. También pudimos ver una de las muertes de superhéroes más escalofriantes y emocionantes que se hayan escrito jamás, de la mano de Jim Starlin en la Novela Gráfica de La Muerte del Capitán Marvel. Y más, y más, si uno busca un poco podrá ver que hay muchas muertes y resurrecciones “inesperadas” en el género. No obstante, los superhéroes, como mitología de esta época que son, siguen los pasos de sus antecesores en la Historia y se niegan a morir bajo cualquier circunstancia. Todo sea por mantener en vilo al lector más asiduo y sorpresivo. Por ello, en la llamada Edad de Plata de DC Cómics, podemos ver multitud de splash page en el inicio de la historia de turno donde nos muestran al héroe ya enterrado o en su propio funeral. Marvel tampoco se libra, pues muchos han perdido ya la cuenta de la cantidad de veces que ha muerto el Capitán América (de hecho, hace poco nos han vendido la “definitiva” al estilo de la muerte que nos ocupa en este artículo, a ver cuánto dura) o el propio Thor (muchas veces han sido las visitas al reino de Hela y hace poco ha resucitado de su Ragnarok). Un ejemplo todavía mejor: Superman ya murió en las Crisis en Tierras Infinitas de una manera poética y el propio Alan Moore escribió su propia versión de la muerte del superhéroe en “Whatever Happened to the Man of Tomorrow?”.
Así pues, ¿qué tenía de especial matar a Superman?
El simple hecho de que, por primera vez, pareciera definitiva la muerte de un icono tan grande como este. No estamos hablando del Capitán Marvel (mal les pese a los seguidores) o personajes de grupo como puedan ser Jean Grey o Jericho. Del mismo modo que estamos hablando de principios de los noventa, cuando la crisis del cómic americano todavía no había comenzado, los dibujantes punteros no habían hecho más que empezar su nueva andadura en la reciente editorial Image y Marvel estaba ganando dinero a espuertas antes de desinflarse y caer en la peor bancarrota que haya soportado jamás. Por entonces los editores estaban experimentando, golpeando sus mesas y tomando decisiones arriesgadas. El todo o nada, se estaban vendiendo millones de ejemplares de algunas colecciones gracias a artistas jóvenes de estilos provocadores y había que ponerse a la altura. Superman no estaba vendiendo, ¿qué pasaba? ¿qué necesitaban? Un golpe de efecto parecía suficiente para mover al fandom y hacer que se moviera en masa a comprar el ejemplar más solicitado. Y más si estamos hablando de un evento único, algo que jamás se había hecho con tanta inteligencia, toneladas de merchandising y portadas alternativas. Algo que ahora parece tan evidente, entonces era toda una novedad. ¡Iba a morir Superman! Y nadie se lo creía.
Pero ocurrió, por unos meses pasó lo impensable y hubo conmoción, las tiendas especializadas de los Estados Unidos se llenaron y llegaron a haber colas que atravesaban varias calles. Suena exagerado, pero el efecto que tuvo esta muerte en el país de la tarta de manzana fue el triple que en este, y lo curioso es que en España hasta se movilizaron los periódicos para anunciar tan extraña noticia que empujó a fans a escribir montañas de amenazas de muerte a sus autores, que ya es decir. Así pues, estamos hablando de una idea muy bien ejecutada y que cumplió su cometido a la perfección, el cómic ya es un clásico por su repercusión mediática. ¿Lo es también por su contenido?
Para empezar la crítica de un cómic tan extenso como este “tochal” (así ha llamado el editor de Planeta DeAgostini Comics a estos tomos tan extensos en alguna entrevista), nada mejor que dividirla en tres partes diferenciadas: La muerte, el funeral y la Legión de los Superhombres.
La Muerte de Superman
Uno pensaría que este hombre de acero con tantos años de experiencia a sus espaldas y tantos villanos que ha derrotado desde sus inicios moriría en sucesos “más grandes que la vida”. Esto viene a ser algo cósmico, algo inabarcable que pudiera superar a nuestro héroe presuntamente invencible o incluso un plan arriesgado que sorprendentemente saliera bien por primera vez. Superman, para morir y que fuera creíble, necesitaba algo realmente grande. Los autores se lo tomaron muy al pie de la letra y crearon a una especie de Hulk con muy mala leche y sin una pizca de humanidad y escrúpulos: Doomsday, llamado aquí Juicio Final.
Voy a empezar a echar un poco de bilis y no va a ser agradable.
La muerte que da título a esta gran macrosaga ambiciosa es lo peor del tomo. Puede sonar a fracaso absoluto, pero incluso la mismísima Louise Simonson ha llegado a decir en alguna entrevista que a los guionistas se les fue de las manos el concepto de épica, elevándolo hasta extremos ridículos y sin una pizca de ingenio o sutileza. Superman era demasiado bueno para morir en una situación ambigua con un enemigo inteligente, debía morir contra un animal tan poderoso e imparable como él, sin escrúpulos y desagradable. La antítesis absoluta, blanco y negro, bueno intachable contra malo saliéndose de la escala, monstruo contra héroe, clasicismo en estado puro. Nada de un Luthor con un maléfico plan, nade de un Darkseid a punto de destruir el planeta en un altercado lo suficientemente bestia como para movilizar a todos los países, nada de un enemigo con intereses de conquista. No, algo mucho más simple, tanto que hace que siete cómics de batalla constante se puedan resumir en tan solo dos líneas: Un enorme monstruo nace de alguna parte, lucha contra todo lo que se encuentra a su paso, la JLA fracasa al detenerlo pero Superman muere consiguiéndolo. Fin. Juro que no hay más, no se necesita más, es simplemente un enorme bicho imparable que solo quiere matar y matar, que ha salido de la nada y ese es su único cometido. Superman muere de una manera poco memorable, ni siquiera realiza una gran proeza y la pelea acaba con un reparto de puñetazos a lo WWF. Sin gracia, sin ingenio, sin nada.
De hecho, todo es imagen, artificio y mucha dosis de melodrama barato. Para suplir las carencias de guión los dibujantes juegan con conceptos de narrativa un tanto discutibles como es hacer que el número de viñetas se vaya reduciendo a medida que la batalla avanza para que los dibujos sean más y más grandes, la espectacularidad vacía aumente y ofrecer, cómo no, todo un número final con splash pages en todas las páginas. Algo que ni siquiera es nuevo, pues Sal Buscema ya hizo lo propio de una manera mucho más épica y justificada en el gran número que es La Canción de Mjolnir, The Mighty Thor #380, que es curiosamente todo lo que debería haber sido este número de la muerte del hombre de acero. Lo dicho, para el que esto escribe, los autores se estrujaron muy poco las meninges, dándonos una muerte vacía y que no hace justicia a un héroe de este calibre. Para colmo, con muchos cabos sueltos que ni siquiera se explican en el mismo tomo, como es el origen de Juicio Final o sus propias intenciones.
Eso sí, los dibujantes lo hacen lo mejor que pueden y podemos llegar a ver a un Dan Jurgens pletórico, haciendo el trabajo de su vida y dando lo mejor de sí en algunas escenas que más se recuerdan, como lo poéticamente siniestra que resulta la capa resquebrajada de Superman, colgada de una vara metálica que sobresale de los escombros de una desolada Metrópolis. El resto de los dibujantes: Rick Burchett, Jackson Guice, Tom Grummet y John Bogdanove también realizan un buen trabajo, destacando los dos últimos, los cuales se notan muy motivados por una historia que lejos de ser fantástica al menos es divertida de plasmar en imágenes. Por no decir que sabían de sobra la trascendencia de un evento como este, así que no es de extrañar que se encuentren con un incentivo extra a la hora de realizar las páginas de una gran batalla. Algo bueno podemos sacar de esto, después de todo.
Próximamente, funeral y el Reinado de los Superhombres, con la conclusión final.
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