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Conan y el Dios Araña (Conan Clásico), de L. Sprague de Camp |
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Conan y el Dios Araña, una excelente y sorpresiva novela fantástica, con un toque de destacadas batallas y una pizca de fabulosa magia. |
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Llevada por mi profunda y completa ignorancia, me atreví a juzgar esta maravillosa obra por su desalentador título y portada, sin vislumbrar siquiera, que me encontraba ante una de las mejores sagas de ciencia ficción y fantasía que a mi parecer se han escrito jamás, la cual data de los años treinta y que fue sistematizada en los sesenta por L. Sprague de Camp, autor de diversos libros de fantasía, que contribuyó a popularizar esta leyenda escrita por Robert E. Howard.
Al comenzar a leer este texto, me enfrenté a cada una de las páginas del mismo con una actitud frustrada y algo desilusionada, mas poco a poco la redacción me fue seduciendo, atrapando y envolviendo en una nueva realidad, en un ambiente legendario, de nobles y honorables bárbaros, poderosas criaturas y aventureros caballeros, que van por el mundo con tan sólo un saco de monedas en el bolsillo, una espada colgada al cinto y cargando con un confuso pasado que les susurra constantemente indescifrables palabras al oído.
La historia presenta desde el primer capítulo a un Conan que ha vivido bastantes momentos, contratiempos y estilos de vida distintos antes del presente libro, lo cual vuelve más intrigante e interesante la lectura. Este personaje de origen cimmerio debe enfrentarse a complejas situaciones que atentan con su vida, antes de que el lector llegue a asimilar las diez primeras páginas del escrito. Con el correr de hojas y capítulos, el corpulento protagonista vuelve a encontrarse en graves problemas, casi como si de un don particular se tratara. Todas estas contrariedades, al ser audazmente mezcladas con un sin fin de pasionales sentimientos, angustiosas y atrevidas batallas, hermosos parajes, cultos malignos, un amor desesperado y la magia de un reino antiguo y rezagado, dan a la trama el toque final, para que se transforme en la novela corta, precisa, concisa pero preciosa que realmente es.
Las palabras del narrador nos sitúan en una realidad ambientada en primitivos pueblos guerreros, que se ponen en contraposición con la supuesta civilización de otros, quienes poseen leyes establecidas, religiones varias y ejércitos dispuestos a entrar en guerra bajo cualquier circunstancia. En medio de toda esta pomposa vida, aparece un hombre muy especial, tal vez demasiado.
Mezcla de boxeador profesional, contrabandista y honesto trabajador, Conan, joven bárbaro, va sin ninguna preocupación prueba distintos trabajos y labores, sin reparar siquiera un segundo en lo que este camino pueda desencadenar. Y es justamente en este libro, en el que todas sus vidas anteriores le juegan una mala pasada, obligándole a huir otra vez en busca de un nuevo destino, hogar y trabajo, tendrá que cambiar incluso su nombre e inventar un pasado aburrido para que su cabeza no termine sobre la mesa del viejo Tughril o incluso sobre la del mismo Rey. Por extraños laberintos del destino, Conan termina siendo no solo culpable de un asesinato cometido en Yildiz, sino que ahora también del inesperado secuestro de la princesa Jamilah, esposa favorita del Rey Yildiz.
Este es sin duda un libro para quienes quieran disfrutar de aventuras y atormentados escenarios, desarrollados en una novela de lectura rápida y ligera pero maravillosa
Así es como comienza su veloz travesía, en la cual conocerá a la hermosa bailarina Rudabeh, unos cuantos fanáticos clérigos liderados por el Sumo Sacerdote Feridún, al joven y obediente Lar y un personaje muy peculiar, que terminará por convertirse en uno de los amigos más preciados del cimmerio. Gracias a todo esto, el autor logra sacar a Conan de su monótona vida como oficial, para desarrollar una novela que se mueve principalmente entre la hermosa ciudad de Zath y sus alrededores:
“Aunque el crepúsculo hubiera envuelto la quebrada en oscura penumbra, el cielo brillaba todavía con cerúleo color azul cuando la torrentera se ensanchó por fin en una llanura no muy amplia. Las casas de una aldea se apiñaban a lo largo del camino. Más adelante, en un lugar donde el cañón se dividía en dos, una ciudad amurallada o acrópolis se erguía sobre el risco en el que se unían los dos desfiladeros y, como la corona de un monarca, el templo marmóreo de Zath destaca entre los rosados techos de la ciudad fortificada…”
Aún así, no todo es perfección en esta sorpresiva obra, pues si bien sus virtudes son amplias, no carece de defectos y algunos de ellos bastante remarcables.
Lo primero que noté al cerrar el libro fue que a pesar haber disfrutado cada oración, frase y palabra del texto, sentía un vacío casi clamoroso con respecto al culto y el origen general de la religión y ciudad del Dios Zath, junto con un amargo gusto en la boca, luego de comprobar que no se indagaba más en el destino de los pobladores o incluso, en el de aquellos que se habían convertido, en los seres más cercanos y queridos por el protagonista. Por otro lado, me impactó la indiferencia mostrada por el narrador para con la inexistente despedida de Conan, junto con la confusión que producen ciertos personajes, que son nombrados incesantemente pero que no se sabe quienes son, lo cual muchas veces puede presentarse casi como una molestia para el lector.
Finalmente, quisiera concluir esta reseña agregando también, que todo aquel que quiera comenzar a leer esta asombrosa saga, no necesariamente debe comenzar a hacerlo en forma cronológica, pues se encontrará con que cada obra puede existir por si misma y que lo único que querrá hacer al concluir la última página, será comenzar con el libro siguiente y luego, con el posterior a éste.
“Conan y el Dios Araña”, es sin duda un libro para quienes quieran disfrutar de aventuras y atormentados escenarios, desarrollados en una novela de lectura rápida y ligera, que no presenta mayores dificultades y que podría definirse como corta, pero maravillosa. Especial para acurrucarse bajo un árbol y soñar por momentos, bellos parajes relegados y corpulentos hombres del pasado…
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