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Detective Marciano: Secretos americanos
Carlos Caranci   15/05/2008 ( 824 lecturas) Escribir Comentario
     En plena época de la caza de brujas el detective John Jones, tratará de desenmascarar los parametros de una nueva invasión alienigena sobre la Tierra.
Detective Marciano: Secretos americanosTras la IIª Guerra Mundial en “Occidente” se emprendió una labor de revitalización cultural para sustituir los elementos derivados del conflicto por otros que fueran paradigmas de la habitabilidad en las urbes modernas, la unión, la seguridad y el bienestar económico. Los ’50 en EEUU fueron los años de la forja de la construcción cultural conocida como “sueño americano”, un icono social estipulado como paradigma deseable por la ciudadanía según el cual la normalidad era sinónimo de éxito y el éxito lo conformaba un modelo que convertía a quienes lo ostentasen en gente normal.

Norma, regla, canon. La normalidad no obedece más que a una búsqueda de equidad entre las partes, consensuada según pautas epistemológicas, a la fuerza parciales, en el seno de cada sociedad. Por ello las pautas a las que recurrió la posguerra estadounidense fueron las mismas que ya conocía, conformándolas como identidad nacional y potenciándolas a partir del reflejo antitético en el enemigo, defensor de valores opuestos susceptibles de infiltrarse en la cultura estadounidense y contaminar el propio modelo.

En función del peligro comunista se reforzaron conceptos como el de una propiedad privada a la que defender, el de una familia estrictamente organizada, con un hombre dominante como patriarca y fuente de la economía doméstica y con la asignación de un papel átono (y sumiso) a la mujer. Asimismo se orientaron los gustos y el consumo hacia la cultura de masas, que presentaba un determinado esquema iconográfico como meta accesible y la posibilidad de apropiarse de espacios públicos concretos por parte de los individuos Detective Marciano: Secretos americanos(grandes almacenes, estadios) haciéndoles ficticiamente protagonistas de su propia vida, vida de la cual estaban excluidos negros, homosexuales, los niveles económicos más bajos y las mujeres activas. Y por último se inculcaba el amor a la patria, el respeto por los héroes de guerra y las fuerzas armadas, garantes de la salvaguardia del Estado, labor que podían asimismo desempeñar los ciudadanos en su justa medida.

Se permitió, aún más, se obligó al ciudadano normal a ayudar a las fuerzas del orden contra todo aquello que perturbara el statu quo tradicional, que violara la apacible existencia de un honrado trabajador anglosajón y de su fiel esposa, que pudiera hacer daño a sus queridos hijos jugadores de béisbol, a su niña reina de la belleza en miniatura, a su perro, a su casa, su jardín y su auto, obtenidos con el sudor de su frente. Todo lo que desestabilizara esa bella estampa, digna de un anuncio, lo haría visualmente, es decir, que todo lo que no se viera, o se viera oscuro, o no entrara en ese anuncio sería el peligro. Y el deber de todo buen americano era verlo y denunciarlo.

Ahí se ubica el activismo negro, las feministas, los ácratas beatniks, los comunistas, y por qué no, los marcianos.
Secretos americanos juega constantemente con la visualidad y la no-visualidad de la <<normalidad>>. En efecto, gracias a los medios de distribución de imágenes e información de masas, el gobierno de los EEUU elimina lo incongruente y denuncia lo antagónico. Se observa en escenas como la del concurso “La Gran Pregunta”, en el que el milagro de la posproducción permite camuflar los asesinatos de concursantes inoportunos ante las cámaras; se ve en las letras de los éxitos discográficos determinadas “desde arriba” (clara referencia al reaccionario Elvis); en la abundancia de boletines informativos. Este parapeto iconográfico oculta un mecanismo de control ideológico, de supresión de libertades y de homogenización intelectual, que en el cómic que nos ocupa se metaforiza con una invasión de reptiles espaciales que cultivan en los organismos humanos unos hongos que controlan el libre albedrío, entrando en combustión si las acciones del individuo se salen de la norma.

Detective Marciano: Secretos americanos Secretos americanos recoge en un único tomo los tres números de la miniserie que Gerard Jones y Eduardo Barreto publicaron en el ’92 y que retomaba la versión del Detective Marciano de sus primeras aventuras, del Detective Comics de 1955. Es decir, es un Detective Marciano que aún no se ha desvelado al mundo, que no ha entrado por tanto en la Liga de la Justicia, que se oculta tras la identidad del policía de Denver John Jones investigando casos humanos. Fieles a la cronología de aquellas primeras historias, los autores sitúan la acción en plena Guerra Fría, coherentes con parte de la mitología del universo DC, ya que la Sociedad de la Justicia de América (Green Lantern, Doctor Medianoche, Flash, etc.) fue disuelta al negarse sus componentes a desvelar sus identidades secretas ante el Comité de Actividades Antiamericanas.

De eficaz dibujo, bien narrado, con interesantes referencias y un hábil despliegue de simbología y códigos a lo largo de sus páginas, Secretos americanos es un cómic autoconclusivo de divertida lectura, inteligente y progresista. Gran parte de la culpa la tiene el mismo Detective Marciano, personaje poliédrico, versátil, ambiguo y cargado de una ingenua ironía: uno de los iconos clásicos del siempre interesante universo DC.
Precisamente la ambigüedad de este héroe encuentra un perfecto escenario conceptual en la <<caza de brujas>>, en donde nada es lo que parece, o donde lo que no aparece es lo que realmente es. J’Onn J’Onnz, el Detective Marciano, posee visiblemente tres identidades: la del humano John Jones, la de la versión superheroica del marciano, verde, musculoso y uniformado (su versión de la Liga) y la tercera, otro tipo de marciano, enjuto, de cabeza picuda y aristas óseas por todo el cuerpo que es la que desarrolla sólo en la intimidad. Aún hay más, y él reconocerá en su serie propia que en Marte ostentaba aún otra apariencia, nada que ver con las anteriores, y que sería en cierto modo su Yo pre-social, nunca hecho público.

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