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La moderna Atenea, de María Concepción Regueiro |
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La originalidad de la novela es indudable, no sólo por el tema, sino por un tratamiento que se ha basado en decisiones formalmente arriesgadas (estructura, estilo, tono narrativo, etc) en aras del mensaje. |
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La editorial AJEC ha publicado este año el libro de una autora vieja conocida suya, pues María Concepción Regueiro Digón (Lugo, Galicia, 1968) fue una de las menciones especiales del jurado en el IV Concurso de Relatos “El melocotón mecánico”, que organiza esta editora andaluza, además de una autora ya habitual del género. En esta ocasión se nos presenta, en su sello de bolsillo Albemuth, la última novela de la autora: La moderna Atenea. Una obra, digámoslo ya, difícilmente clasificable, pues es de aquellas que, por su estructura y transcurso argumental, son un misterio envuelto en un enigma escondido entre las sobras, que el lector deberá desentrañar a medida que va leyendo y de principio a fin.
Esta obra es un puzzle sin caja, donde la imagen se va construyendo a medida que las piezas van encajando y los hilos argumentales relacionándose los unos con los otros. Por ello no es fácil la lectura de las primeras páginas: requiere el esfuerzo de meterse en una historia de la que nada se sabe y en la que se entra in media res. Además, por supuesto, de la elección de un estilo epistolar, donde un imaginario boletín cultural comarcal, “El prodigio de las letras”, y los correos electrónicos y archivos anexos que se envían sus editores y colaboradores, son las herramientas con las que se va construyendo la trama y sus distintos argumentos; sin duda una elección arriesgada. Aun así, a pesar de los riesgos que la autora corre en sus elecciones formales, el lector encontrará en La moderna Atenea una trama sólida, envolvente y bien construida, con un ritmo ágil y sostenido, en el que el constante discurrir de los hilos narrativos contribuyen a construir una imagen cada vez más compleja y completa, pero también comprensible y comprensiva.
La perspectiva de la novela es claramente ideológica y, más que ninguna otra cosa, femenina y feminista. El triángulo de personajes principales que conforman Cándida Vizoso, Dorotea Suances y Juana María Mayoral se construye desde dos tiempos: el pasado, un contexto en el que su relación con un ambiente machista y opresivo las lleva a la construcción de una relación de amistad a partir de la comprensión y el respeto mutuos; y el presente, donde los distintos colaboradores de “El prodigio de las letras” reconstruyen y ponen en valor, desde una nueva óptica caleidoscópica, las múltiples y complejas dimensiones del papel de estas mujeres. Por tanto, la novela explica las vicisitudes dramáticas del 'ser mujer' en tiempos bastante distintos a los actuales; condena las actitudes machistas e intolerantes que reducen el rol femenino a papeles tradiciones, definidos por la sumisión vía bien de la persecución moral, bien la violencia física; y, sobre todo, tiene una misión consciente de reconstruir y resarcir a las mujeres, desde un punto de vista contemporáneo, en cuanto a lo esencial de su presencia en el mundo.
Mª Concepción Regueiro da una perfecta muestra de un conocimiento profundo de la escritura, y de un manejo habilísimo de las posibilidades que de sí puede dar una novela
La ideología penetra a través de esa perspectiva feminista que, en cuanto reivindicativa con la igualdad y condenatoria con la intolerancia, construye un discurso claro de reivindicación de derechos y libertades. Las tres mujeres protagonistas son sólidas imágenes de este discurso, como el sufrimiento del personaje de Marisa lo es -con sus padecimientos- de su necesidad e inevitabilidad también en los tiempos actuales. El hecho de que los principales colaboradores de “El prodigio de las letras” sean hombres, y que sea precisamente su mirada la que reconstruya la imagen contemporánea del trío protagonista, tampoco parece algo dispuesto al azar; sin duda es un feminismo que habla de una 'igualdad' integral y no excluyente. Incluso existen ciertos fragmentos en el que la voz de un personaje eje argumental, como el del editor del boletín, marca posición clara en este aspecto, redondeando un mensaje que toma forma y fuerza a medida que corren las páginas.
El elemento fantástico más claro está en la ambientación. La Galicia en la que transcurre la parte fundamental de la acción (me aventuraría a apuntar que es la bellísima comarca de O Salnés aquella cuya historia retrata “El prodigio de las letras”), tiene en sí misma un fondo mágico con relevancia suficiente como para introducir notas relacionadas con el espiritismo y las ciencias ocultas. No obstante, el 'punto fantástico' forma parte de un tapiz general en el que comparte protagonismo y relevancia con otros subtemas como: la homofobia y la analogía de la homosexualidad con la situación opresiva de la mujer, la historia de los movimientos de protesta antisistema en la España finisecular del XIX, la reivindicación de la educación como instrumento de cambio y progreso social, etc. Una ambientación, entonces, coherente con tema principal y secundarios.
El manejo del lenguaje destila, no obstante, quizás un arcaísmo en exceso anacrónico que puede llegar a confundir al lector poco atento. De hecho, son tan escasas las diferencias de estilo y léxico entre textos supuestamente escritos en el siglo XIX y otros del siglo XXI que, si no fuese porque el formato de alguno de ellos es el de un correo electrónico o el de un archivo adjunto, o incluso por la firma del personaje que lo subscribe, sería difícil identificar cual texto pertenece a qué tiempo. Dicho sea, para ser justos, que este es el único 'pero' que le podemos poner a un texto bien llevado a lo largo de toda la trama.
En definitiva, la originalidad de la novela es indudable, no sólo por el tema (podríamos entrar en un análisis más profundo y sesudo sobre la 'literatura de mujer' y/o la 'literatura feminista'), sino por un tratamiento que se ha basado en decisiones formalmente arriesgadas (estructura, estilo, tono narrativo, etc.) en aras de -creo- objetivar tanto el mensaje como su moraleja. Es aquí, con la asunción de riesgos, cuando la capacidad del narrador se pone en riesgo y de manifiesto, y donde el autor debe demostrar lo que puede dar de si. Pues bien, Mª Concepción Regueiro da una perfecta muestra de un conocimiento profundo de la escritura, y de un manejo habilísimo de las posibilidades que de sí puede dar una novela, para construir un texto ideológico sobre un fondo histórico donde los toques fantásticos tienen la relevancia (si bien secundaria) en cuanto permiten aplicar un “efecto multiplicador” sobre un mensaje, sin duda, importante y universal.
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