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Camino Oculto: Las aventuras urbanas de Giuseppe Bergman |
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Milo Manara nos trae en camino oculto de vuelta a uno de sus mejores personajes, Giuseppe Bergman. Bergman deberá hacer de ángel de la guarda de una joven con una imaginación desbordante. |
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Milo Manara creó Camino oculto: Las aventuras urbanas de Giuseppe Bergman en 1998, veinte años después de la primera aparición del personaje protagonista en el mundo de la viñeta. Lejos del exótico toque aventurero de aquel HP y Giuseppe Bergman, tan deudor del espíritu Hugo Pratt, Camino oculto se sostiene sobre un estilo más intimista y artístico, sin olvidar la habitual carga erótica de Milo Manara.
El guión, uno de los mejores que ha firmado hasta la fecha el autor italiano, narra la historia de una bella mujer obsesionada con un libro de arte del que toma prestada la identidad de protagonistas femeninas de cuadros famosos. Así, Manara se recrea en su afición por el Arte mostrando una buena cantidad de obras clásicas y reinventándolas a su modo, convirtiendo a la protagonista en musa inocente y demencial de Tintoretto, Manet o Boticelli. Además, los ecos quijotescos a la obra cervantina son más que evidentes.
Camino oculto es un auténtico homenaje a la imaginación y a la fantasía, más como necesaria evasión ante un mundo real cruel y egoísta que como simple y sana afición. Giuseppe Bergman quedará relegado a convidado de piedra que intentará bajar de las nubes a la mujer, salvándola de todas aquellas situaciones que la ponen en peligro. El personaje se convierte así en secundario, un mero conductor a través del hilo del imaginativo guión.
Hay humor, por supuesto, e incluso una pizca de crítica política (habitual en las historias de Manara) reflejada en una sociedad cada vez más deshumanizada, y quizás por ello menos imaginativa y menos sensible. El arte se erige imagen especular de una sociedad feísta. Imaginación frente a mentes obtusas. Inocencia frente a perversión.
Milo Manara nunca ha dibujado mejor que en este tomo, recreando bellos paisajes e iconografía clásica con una multitud de matices y sombras que dotan de vida las imágenes de su relato. Se nota el mimo con el que ha tratado la historia y los personajes, subrayado por un final tan abierto y vital que será el propio lector el encargado de darle forma.
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