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Nightwing: Un caballero en Bludhaven |
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Tras demostrarle al mundo que ya no es el chico maravilla, Dick Grayson llega a la corrupta ciudad costera de Bludhaven, donde la ley y el orden no son como aparentan. |
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Los sidekicks son muy populares en los cómics de superhéroes, de hecho resultan muy comunes en el género y como su mayoría son personajes jóvenes suelen ser también el cebo perfecto para todos aquellos adolescentes que quieran implicarse en las aventuras del héroe de turno. Algunas veces son incluso odiados, por el simple hecho de que infantilizan las historias y su permanencia en las series puede llegar a convertirse en un lastre para el tono que podría buscar el protagonista principal. Por ello, uno de los más célebres tanto para lo bueno como para lo malo es el archiconocido y famoso Robin.
Destacable sobre todo por ser el sidekick más querido y a la vez el más odiado, puesto que uno de los cómics más famosos del murciélago nocturno conocido como Batman es Una Muerte en Familia, que tiene casualmente la historia donde muere uno de los adolescentes que toman el papel de Robin: Jason Todd. Lo más destacable de dicha saga es precisamente que la muerte se votó entre los lectores.
Pero por mucho que varios hayan tomado el papel de Robin, nadie ha sido tan popular y querido como el primero: Dick Grayson.
Especialmente porque es el primer sidekick en abandonar la sombra de su mentor y tomar otros caminos.
Así es como llegamos a Nightwing.
Líder de los Titanes, de Outsiders, amante de Starfire y Oráculo, entre otras muchas. Un personaje con colección regular propia de más de diez años y que ronda los ciento cuarenta números, podríamos hablar incluso de un éxito dentro de la ya extensa familia del murciélago de Gotham.
Y quizá todo se lo debamos a Chuck Dixon.
Guionista odiado por culpa de escribir la colección principal de Batman en una de sus peores épocas (aunque en opinión del que esto escribe, la peor temporada que jamás haya atravesado el personaje es la de los sesenta en plena fiebre de Adam West, pero la nostalgia mueve montañas hoy en día), y es que pocos recuerdan con cariño la saga conocida como La Caída del Murciélago y todo lo que tiene que ver con Azrael. Algunas personas son capaces de equipararla a la famosa saga del Clon de Spider-man, también de la década de los 90. Razón no les falta, no.
Sin embargo, Dixon nos ha traído muy buenas colecciones en esa misma década y es una figura clave para el mundo de Gotham City, para bien o para mal. No todo lo que escribió en Batman fue malo y además fue él quien inició las colecciones de Nightwing y Aves de Presa. Y si bien no realizó un trabajo sobresaliente, al menos se podría decir que rozó el notable. Es más, hoy en día es tan deprimente el nivel de calidad de la propia serie de Nightwing (cuya única buena saga en mucho tiempo ha sido casualmente una donde regresó Nixon y el propio Scott McDaniel: Nightwing: Año Uno) que se recuerda la etapa del guionista con cierto cariño y nostalgia.
Los que acabamos de llegar, sin embargo, afrontamos la lectura del relanzamiento de esta colección desde el principio con la esperanza de leer algo decente en el personaje tras la horrible etapa de Bruce Jones (piadosamente inédita en este país) y los olvidables números de Wolfman que hemos tenido la oportunidad de ver publicados hasta el momento.
Ya entrados en materia, veamos qué es lo que nos depara este primer tomo que reúne los primeros ocho números a un módico precio por parte de Planeta de Agostini.
Lo primero a destacar es la ardua labor que supone crear todo un entorno desde cero a un personaje que se parece tanto a su mentor y que prácticamente cuenta con el mismo tono, solo que un poco más circense de lo habitual.
Dixon no se complica demasiado, pues si no quieres que las historias se parezcan demasiado a lo que leemos en la colección de Batman, lo mejor es hacer que este personaje se dé un garbeo por otra ciudad creada desde cero como es Bludhaven y, a partir de ahí, a desarrollar los acontecimientos de la mejor manera posible con secundarios completamente nuevos y alguna que otra cara conocida para no perder los lazos con el universo que le rodea.
Llama la atención que en estos primeros argumentos de mafias, secuestros, atracos y asesinatos estén tan alargados como estamos acostumbrados en la época que nos ocupa. A veces da la impresión de estar leyendo un cómic de Bendis o Brubaker actual, solo que sin la gracia de éstos o la complejidad que a veces se dignan a dar en sus argumentos, con saltos argumentales, flashbacks y personajes más complejos.
Eso no quiere decir que sea del todo negativo, puesto que Dixon se las apaña para hacer interesantes las historias y el propio Nightwing se antoja carismático y atractivo, hasta el punto en que es el amo de la pista de su propio circo ambulante en busca de la atención del lector con un constante “eh, yo molo” en la boca.
Por ello, lo que pierden en complejidad estos cómics lo ganan en puro entretenimiento con sabor palomitero. Y es que eso es lo que hace Dixon, escribir aventuras con muchos efectos especiales y montones de situaciones límite donde todo son mentiras y conspiraciones que se revelan justo al final pero que durante toda la saga solo están de tapadillo y para poder atraer de algún modo el interés del lector.
Es agradable leer un cómic así de vez en cuando, con este tono ligero que no engaña a nadie y que, además era muy superior a lo que podías leer del propio Batman por entonces. Quizá por el simple hecho de que Nightwing, en su nueva y peligrosísima ciudad (un trasunto de la Gotham que nos presentó Frank Miller en su fabuloso Batman Año Uno, pero sin un Gordon que ayude al héroe a hacer frente a la corrupción de la ley en la zona) cuenta con muchísima más libertad por parte de unos editores impertinentes y deseosos de obtener dinero fácil con crossovers incoherentes y situaciones forzadas.
Por ello merece la pena leer estos números, por su diversión y falta de pretensiones. Por eso y porque Scott McDaniel realiza aquí el que quizá sea su mejor trabajo.
Y es que no sé qué sería de esta colección sin un dibujante tan competente, imaginativo e inspirado como este. Algunos están empezando a conocerlo ahora por su trabajo en Green Arrow y quizá a muchos se les atragante su estilo dinámico y tan cartoon que a veces roza la caricatura y el escorzo más exagerado y tosco. Pero por estás páginas, el bueno de McDaniel recuerda al mejor Rick Leonardi, de hecho me atrevería a decir que lo supera.
Estas páginas están repletas de fuerza, dinamismo, claridad narrativa y espectacularidad a raudales. No es que nos haga disfrutar a los lectores de un dibujo que viene como un guante a una colección hasta el punto de potenciar las carencias del guión, sino que además nos está gritando con sus dibujos lo mucho que disfrutó en la colección. Es capaz de ofrecernos la versión definitiva de Nightwing, la que todo el mundo debería tener en mente a la hora de dibujar el personaje. Dicho de alguna manera y salvando las comparaciones, McDaniel es para el personaje lo que Ditko era para Spider-man. Y perdónenme los acérrimos amantes del cómic clásico por semejante afirmación.
Así pues, no es un imprescindible y tampoco un cómic sobresaliente pero entretiene y engancha sin pretensión alguna. Dicho de otra manera, ojalá la mayoría de los cómics de superhéroes fueran así. Escapismo entretenido en una edición encomiable que consta de ocho tomos vertiginosos.
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