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Una película que, aunque sin brillar, se adentra en lo más profundo de los pensamientos humanos. ¿Estamos ávidos de violencia gratuita? Internet es un fiel reflejo de que no todos somos tan sensibles como parecemos, y Rastro Oculto intenta indagar en ello. |
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La verdad es que esto del acceso a Internet a nivel global tiene su miga. La red es posiblemente el invento más influyente del último siglo, capaz de desbaratar expectativas de desarrollo, fortunas personales, formas de comunicación, modelos de consumo. “World of Warcraft” o “Second Life” han demostrado que vivir en una realidad paralela es viable, y no me refiero únicamente ha invertir horas de ocio en esto programas, sino a planificar una vida dentro de universos de polígonos y texturas y que las acciones que acontecen en estos reinos virtuales tengan una trascendencia en el plano físico.
Recuerdo una anécdota personal en la que me vi rodeado por una docena de chinos enfurecidos que intentaban linchar a un rumano, porque este había golpeado a otro oriental que le había timado en la venta de no se que espada mágica capaz de matar dragones de un solo tajo. Mi integridad física se vio comprometida por una conversación de chat en la que intervinieron un elfo y un orco, y todo por unos cuantos píxeles coloreados relacionados con una tabla de porcentajes de daños. Salí bien parado gracias a una propiciatoria columna tras la que me resguardé, mientras sonaba aquel remix, el de litle conversation baby de Elvis Preysler y se oían maldiciones en mandarín y llovían golpes al más puro estilo de película de Tarantino.
En otra ocasión discutía con mi padre sobre la posibilidad de crear y dirigir el primer psicokiller virtual utilizando para ello un avatar de la citada “Second Life”. De haber sido posible y tomando para ello un modelo de sicopatología médicamente demostrable, creo que habríamos pasado a la historia de la criminología moderna.
Hasta que esto sea viable creo que el crimen a través de la red queda limitado a los robos y estafas nombrados con toda clase de anglicismos terminados en ing.
Hollywood hasta el momento ha coqueteado con el lado más letal de la World Wide Web en pocas ocasiones, ahora mismo solo me viene al la cabeza “The Eye” de y por supuesto esta “Rastro Oculto” que se estrena comenzando el mes de abril.
La película de Gregory Hoblit no es en si misma un buen producto. Ciertamente no consigue entretener ni enganchar, por que parece ser una colección de refritos de películas anteriores pero sin arte y con un presupuesto para actores bastante limitadito. Va de cómo se le complica la vida a la agente del departamento de delitos informáticos del FBI Jennifer Marsh, que normalmente se ocupa de localizar a quienes clonan datos bancarios, compran cosas raras en puntocoms o sacan fotos de mal gusto centradas en señoritas untadas en jarabe de maíz rojo y armadas con dildos de 40 cm. Pero un día le pasan la dirección de una página, “killwithme.com”, en la que se muestra en directo la agonía de un gato, hambriento e inmovilizado que al final muere de inanición.
La broma no es de buen gusto pero no parece ser de lo más fuerte que se puede encontrar uno a golpe de ratón. Lo malo llega cuando el felino es remplazado por un hombre que ha desaparecido y su muerte se emite en tiempo real, incrementándose en nivel de tortura a la par que las visitas al site aumentan. Cerrar el portal es imposible, pues es sumamente complejo ya que cambia de IP a través de un servidos de Tailandia que redireccióna por espejo cuando se bloquea una de las puertas de entrada (¿Es viable la excusa técnica?) entonces Jennifer se une al policía Eric Box para detener al sádico que ha montado este reality.
Bueno pues para escribir esto se han juntado Robert Fyvolent, Mark R. Brinker y Allison Burnett, los tres ahí pensando muy ofuscados para mezclar toques de “Seven”, “El Coleccionista de Huesos” y “El Silencio de los Corderos”. Y no consiguen profundidad, ni misterio, ni seriedad aunque si un pelín de agobio pues los shows de marras se las traen, aunque tras “Saw” y sus bricolages carniceros incluso se quedan algo faltos de imaginación y estética.
El único buen golpe de guión es el de la pista de investigación que lleva a dar con el móvil que hace que los crímenes, en un principio sin relación, tengan un patrón y esto ocurre ya casi al final del metraje.
Diane Lane es la protagonista, la agente Jennifer Marsh, y bueno no destaca ni por arriba ni por abajo. Es sorprendente verla en este tipo de papel por la política de Hollywoood ante las actrices que ya no pueden ocultar las líneas de expresión faciales. Por el entorno del personaje y sus responsabilidades como madre soltera, encaja por edad pero es ese mismo entorno el que la resta credibilidad en la acción, pues no me imagino yo a un analista real del FBI repartiendo estopa, aun que claro después de ver C.S.I ya me creo cualquier cosa sobre la flexibilidad de protocolos en las actuaciones policiales.
La otra cara es Billy Burke (Eric Box) contrapeso masculino, un actor que aun espera un papel de éxito pero que está más que correcto aquí, aunque le auguro un futuro de TV feature...
Joseph Cross es el malo (Owen) y la verdad es que da bastante miedito con la cara de ido que logra sin perder un punto de dulzura, casi infantil, que es una de los recursos que le convierten en el mejor del largo.
Anastas Michos es quien se encarga de la foto con Hoblit, la experiencia de ambos en series de televisión es un lastre pues parecen no enterarse de que esto es cine y no un capítulo de “Cancion Triste de Hill Street.”
La música tampoco es gran cosa y pasa desapercibida, la nombro únicamente por que la firma Christopher Young al que le tengo mucho cariño por encargarse también de las partituras de clasicazos de mi infancia como “Hellraiser”, “Hellbound”, “Hellraiser II” y “La mosca 2” y creo que también de “Copycat”, que esa si que es una buena película sobre asesinos en serie.
Hay cosas mejores que hacer y que ver que este “Rastro Oculto” (“Untraceable” en el original atiendan). Pero la cinta posee un concepto al que hay que prestarle atención por lo que conlleva. Les he explicado que la muerte de las víctimas depende del número de visitas de la red del psico, quien en uno de sus diálogos expone que es la gente quien quiere ver morir a los sufridos protagonistas. Los asesinatos y torturas son alentados por un público anónimo que siendo totalmente conscientes de que su aportación lleva al desenlace, están deseosos de ver escenas de violencia gratuita. Esa deshumanización, esa frialdad ante el sufrimiento humano que ha propiciado nuestra querida Internet con su gran cantidad de contenido, es lo que asusta, lo que me hace pensar y me recuerda ha ciertos experimentos nazis y sobre todo a esas palabras que dicen los presentadores de los noticiarios: “Advertimos a las espectadores que las siguientes imágenes pueden herir su sensibilidad” y que hacen que el share suba como la espuma y que los buscadores de las páginas de videos se llenen con tags como decapitamiento, ejecución, desmembrado…
Invita a recapacitar.
El otro punto es el del anonimato que dan los nicks ¿Quien se esconde tras Girl23 o Elfking en un chat? Tengan cuidado, hay un tipo en el mismo foro de Fantasymundo que a mi me da mala espina, firma como Skualo, habrá que vigilarlo.
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