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Green Lantern: El Poder de Ion |
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Kyle Rayner ha sido el único Green Lantern del universo durante muy poco tiempo, pero incluso él se ha dado cuenta de que algo está ocurriendo. Su anillo de poder ya no necesita recargarse, y él es capaz de utilizar enormes reservas de fuerza de voluntad para realizar sus tareas. ¿Cúal será el coste de ese gran poder? |
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Green Lantern es una de las colecciones más recomendables de DC actualmente. Todo se debe a la vuelta de Hal Jordan y el escritor de la serie regular: Geoff Johns, aclamado por su trabajo en Flash, JSA, Teen Titans y Hawkman, entre otros. La vuelta del Lantern más conocido ha relanzado la serie como nunca se ha visto, con una miniserie tan exitosa como Renacimiento y sagas tan memorables como la que tendremos próximamente por este país de la mano de Planeta de Agostini Cómics en una miniserie que conoceremos como La Guerra de los Sinestro Corps.
Pero lo cierto es que fui injusto en su momento, cuando me atreví a decir que Kyle Rayner no destacaba tanto como personaje comparado con Hal Jordan.
Y es que este tomo es prácticamente un recordatorio del potencial que atesoraba ese personaje como Lantern, con toda la interacción que tiene con la gran mayoría de los secundarios de la colección, tales como John Stewart, Jade, Alan Scott y el propio Jordan como Espectro.
Pero no adelantemos acontecimientos y hablemos del guionista que trató con soltura a Kyle Ryner y su mundo: Judd Winick.
Su mismo nombre me tenía espantado a la hora de afrontar la lectura de este tomo, puesto que es el culpable de perpetrar una de las peores etapas que he tenido la mala suerte de leer en Batman (con la resurrección de Jason Todd y demás), por no decir que sus Outsiders nunca me parecieron buenos, cayendo en el más estrepitoso de los ridículos en los números post-Crisis Infinita.
Con unos antecedentes como esos, no es de extrañar que pensara que su paso por Green Lantern no iba a ser precisamente mejor.
Pero ojo, curiosamente en Green Arrow realiza un trabajo más que decente, tratando de ponerse a la altura de Kevin Smith (el hombre que trajo a Oliver Queen de vuelta al ruedo, casi del mismo modo que Johns nos devolvió a Jordan) y un Brad Meltzer en estado de gracia y semidesconocido que empezaba a asomar su nariz por esa colección.
¿Este Green Lantern de Winnick a que se acerca más? ¿A lo que realizó en Green Arrow o a su Batman? ¿Quizá término medio? Veamos…
Antes que nada, conviene recordar aquella saga que lo cambió todo en el mundo de los Lanterns: Crepúsculo Esmeralda, porque en ella desaparecieron muchos conceptos clásicos y se alteró bastante el status quo de los personajes. Es increíble la cantidad de cambios que hubo en los años 90 en esta colección. Desde la desaparición de los Guardianes hasta la ausencia total de los Green Lantern CORPS, todo gracias a un Jordan desquiciado y transformado en Parallax por culpa de la destrucción de Coast City de la mano de Mongul. El mundo de OA arrasado, la batería de poder destruida y Jordan con todo su poder. Mató a Lanterns, a Guardianes e incluso a Sinestro en una saga típica de los noventa, en el sentido de que es toda una referencia de la necesidad que sentían los guionistas por aquel entonces de encontrar el tono de Watchmen de seres ultrapoderosos que pueden meter la pata o ser egoístas en algún momento con consecuencias irreparables. En fin, que Jordan acabó muriendo (redimiéndose, claro está) y pasó a ser el Espectro. El único Guardián que quedó le pasó el anillo a un dibujante llamado Kyle Rayner y el resto… Bueno, el resto permanece prácticamente inédito en España, a decir verdad.
Por suerte, Planeta tiene el acierto de rescatar esta saga, que resulta indispensable como prólogo o antecedente directo de la vuelta de Jordan. Ya solo falta la publicación y reedición de Crepúsculo Esmeralda para cerrar el ciclo.
La razón por la que resulta tan recomendable es porque es una vuelta al status quo original en toda regla. Kyle Ryner siente que el poder de su anillo es cada vez mayor, que cierra todo el poder de la batería que una vez volvió loco a Jordan (luego Johns nos diría en Renacimiento que en ella estaba encerrado Parallax y que poseyó al protagonista). Tendrá que liberarlo todo para poder derrotar a un Alexander Nero en plenitud de facultades y dispuesto a destruir la realidad a su antojo. En resumen, una enorme batalla de proporciones cósmicas está a punto de ocurrir, y no sabemos siquiera si un humano puede hacer frente a tal magnitud de poder, por lo que las consecuencias pueden llegar a ser tan desastrosas como las del Crepúsculo Esmeralda.
Pero claro, Winick no está dispuesto a repetir la historia, así que nos ofrece otra muy distinta en la que todo el asunto de Parallax poseyendo a Jordan cobra bastante sentido, ya que Kyle no se vuelve loco y pasa a convertirse en una deidad llamada Ion que es capaz de estar en todas partes al mismo tiempo.
Todo está contado con soltura y de una manera interesante, muy decente, manejando a muchos personajes y con muchas subtramas por en medio. Desde la intención de superarse a sí misma de Jade hasta la necesidad de Stewart de volver a ser un Lantern y surcar los cielos de nuevo. Lejos de quedarse con las escenas de acción, Winick se preocupa sobre todo en los personajes, y es encomiable que se preocupe tanto en desarrollarlos a partir de todo lo que está ocurriendo. Así pues, vemos cómo le preocupa a Kyle utilizar todos sus poderes correctamente (con una conversación con Superman de las que ponen los pelos de punta) hasta revelaciones del pasado como la de Stewart, que es la que lo cambiará todo.
Y es que al final, toda esta saga de Ion es básicamente una vuelta al status quo original en muchos sentidos. Se recuperan tantos conceptos que básicamente ni parece imprescindible la vuelta de Jordan, ya que Kyle, tras todo lo ocurrido en esta saga, es incluso mejor Lantern. De hecho, El Poder de Ion es la antítesis absoluta de Crepúsculo Esmeralda, ocurre algo similar (un Lantern obtiene acceso a una enorme cantidad de poder) solo que en esta ocasión el poder es empleado para crear y no para destruir. Claro que tampoco hay una destrucción de Coast City por medio que preceda el caos o algo similar, pero se nota que la intención del guionista (e imagino que de los editores) es la de hacer de Kyle un personaje imprescindible para la colección, a la altura de Jordan o quizá superior, teniendo en cuenta la madurez de sus actos en estos acontecimientos. Pero eso sí, hasta el propio Winick nos recuerda que este personaje no está en la misma situación en la que lo estuvo Jordan cuando el suceso de su ciudad.
En resumen, es un tomo imprescindibles para fans de Green Lantern, lo cual supone una agradable sorpresa para un servidor, que ha encontrado en él entretenimiento y un gran desarrollo de los acontecimientos, con el lema de un “gran poder conlleva una gran responsabilidad” y el añadido de “pero ello no quiere decir que tengamos que leer una saga catastrofista o pesimista de resultados desagradables”. Esto es el vaso medio lleno, ser Dios y tratar de ser justo sin demasiados quebraderos de cabeza o crisis existenciales varias, como estamos acostumbrados a ver en la mayoría de los cómics que tratan este tema. Winick se preocupa más por enfocarlo de una manera más ligera, coherente con el personaje que está tratando, desarrollando su entorno y de paso trayendo de vuelta conceptos antiguos con total soltura y coherencia. Sorprendiendo y ofreciendo un resultado ciertamente notable. Hasta el punto en que no he echado de menos a Johns en el título, y mucho menos a Jordan.
Sobre la edición, son once números a muy módico precio, Planeta nuevamente nos deja cada número a cerca de uno con cincuenta céntimos. Lo que no entiendo es la extraña decisión de poner una portada que no tiene absolutamente nada que ver con el interior, habiendo una excelente para la saga que nos ocupa en la edición estadounidense. Por no decir que aparece en ella Guy Gardner en un primer plano y en el interior también se destaca en la descripción de personajes. Pero es que Gardner, a lo largo de esta saga, no hace acto de presencia. Lo cual me ha parecido un tanto extraño.
En cuanto a los dibujantes, puede que sean el punto flojo de la saga, ya que le habría venido muy bien tener a uno solo en lugar de a tantos de tan distintos estilos y distinto nivel.
Así pues, nos encontramos con Dale Eaglesham como dibujante regular de la colección (ja), Darryl Banks, Eric Battle, Brandon Badeaux, Jamal Igle y Pat Quinn. Seis dibujantes para once números, un desmadre.
Empezando por Darryl Banks, comentar que es uno de los más adecuados para la saga, con cierto estilo realista pero que domina bastante bien la acción, aun sin ser nada del otro mundo. Lo cierto es que recuerda bastante al Stuart Immonen de los primeros tiempos, salvando las distancias.
Dale Eaglesham, por el contrario, tiene un estilo más acentuado, su trabajo en estas páginas no está nada mal, llegando a ser de lo mejor del tomo en las escenas de Alexander Nero. Es una suerte que este sea el dibujante que más números realiza en todo el tomo, ya que su trabajo tiene un buen nivel e incluso se permite dibujar con cierto dinamismo que se echaba un poco en falta en el dibujante anterior.
Eric Battle es alguien que quizá se excede en ese aspecto, ya que su estilo es muchísimo más tosco y caricaturesco, llegando a ser muy inadecuado en ciertas escenas, especialmente cuando notamos que todos los personajes, de un modo u otro, son figuras de Wrestling con montones de músculos inexistentes. Cuidar la anatomía un poco no le habría venido nada mal.
Jamal Igle resulta extraño, con ciertas limitaciones en cuanto a la expresividad facial de los personajes y un estatismo en según qué escenas bastante preocupante. Pero aun así, realiza un trabajo correcto.
Brandon Badeaux, por otro lado, es una especie de McGuinnes en el sentido de que todos sus personajes son enormes, verdaderas masas de músculo, incluso las mujeres. Por suerte, tiene bastante expresividad y cuida las proporciones, por lo que ofrece un resultado mejor que Eric Battle, por ejemplo.
En definitiva, un tomo notable que merece estar en las estanterías de todo aquel que haya disfrutado con Green Lantern Renacimiento.
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