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Mindscan, de Robert J. Sawyer (Col. Nova) |
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La novela alienta reflexiones en torno a lo que nos hace humanos y seres individuales y distintos unos de otros, sin caer en maniqueísmos ni en moralinas absurdas. |
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¿Le gustaría vivir eternamente? Piénselo bien, eternamente es mucho tiempo. No estamos hablando de unos siglos, sino de la eternidad, que puede durar más que la cita del especialista o que esperar esa llamada que no llega (y usted y yo sabemos lo larga que es esa espera). Si además la eternidad le exige transferir la conciencia a un androide, deberá tener en cuenta toda una serie de pequeñas o grandes diferencias con lo que hasta ahora ha sido su vida: no comer, no respirar, no sufrir dolor físico, no dormir, etc. ¿Se anima? Sí es así estará preparado para someterse al proceso Mindscan.
El protagonista de la novela, Jake Sullivan, afectado por el síndrome de Katerinsky (una enfermedad hereditaria), tendrá que plantearse las mismas cuestiones antes de optar por someterse al proceso que le permitirá vivir sin las ataduras y los miedos de su dolencia. Esta decisión, como no podía ser de otra manera, tendrá diversas consecuencias positivas y negativas que iremos conociendo durante la lectura.
Debe el lector tener en cuenta que Robert J. Sawyer no construye una novela moralista, sino que pone sobre el papel las hipotéticas consecuencias del proceso sin indicar si son buenas o malas, dejando que saquemos nuestras conclusiones, sin someter la acción narrativa a una suerte de exposición moral y sin que haya una perspectiva maniquea, tan frecuente en otras obras.
La novela –grosso modo- se construye en torno a dos periplos vitales: por una parte el del Jake Sullivan original que traumatizado por el estado vegetal al que se ve reducido su padre, víctima también del síndrome de Katerinsky, decide transferir una copia de su conciencia a un cuerpo androide que permanecerá en la Tierra, mientras él se retira a Alto Edén en la Luna donde vivirá hasta el desenlace de su enfermedad; por otra parte la vida del nuevo Jake, el androide transferido que permanece en la Tierra.
En lo que respecta a la “trama del nuevo Jake” veremos las dificultades para adaptarse a su “nuevo cuerpo”, cómo manejarlo, las diferencias de percepción, la inexistencia de necesidad de comer, beber, respirar. Todas esas diferencias físicas provocan una lógica angustia en el protagonista, angustia que ayudará a paliar la coprotagonista Karen Bessarian.
Karen es una afamada escritora, mucho mayor que Jake, que también se somete a la transferencia de conciencia. Su nuevo cuerpo androide tiene un aspecto más joven que su cuerpo físico y, como la edad no deja de ser las más de las veces un estado mental, entabla una relación con Jake.
Sawyer nos presenta una relación entre dos personas distintas a la media y, hasta cierto punto, perdidas y rechazadas por la sociedad en su condición de androides. Es de importancia en la trama puesto que, hasta el momento de su transferencia, Jake no había sido capaz de involucrarse en una relación, consciente de que, por su enfermedad, podría morir en cualquier momento. En la relación con Karen puede volcar esa necesidad de una relación afectiva plena sin el miedo a la desaparición repentina y al daño que puede causar en el otro.
Es importante en la psicología del personaje de Jake, tanto del original como del nuevo, su enfermedad y su propia experiencia respecto a la enfermedad en su padre; no debemos olvidar que el padre ha quedado reducido a un estado vegetativo y que eso forma parte de los miedos más profundos de Jake, que además ve como su madre ha volcado su vida en una curación para su padre que es imposible.
La novela alienta reflexiones en torno a lo que nos hace humanos y seres individuales y distintos unos de otros
Otro factor importante en el periplo del nuevo Jake es el rechazo que sufre por parte de su madre, quien no acepta que el androide que tiene delante sea su hijo y –lo más importante- que el proceso Mindscan no sirva para sacar a su marido del coma profundo. Será un primer rechazo de los que sufrirá Jake y que presagia lo que podrían sufrir otros transferidos.
En esa línea se enmarca otro episodio traumático: el rechazo de su animal de compañía. La perra no sólo no lo reconoce como su dueño sino que se muestra agresiva, lo que le lleva a buscar a alguien que se haga cargo de ella.
Como vemos, Sawyer va colocando in crescendo distinto conflictos que nos llevan hasta el nudo central de la trama: el conflicto jurídico, ético y filosófico en torno a los transferidos. Este conflicto se materializará en el juicio del hijo de Karen Bessarian contra la “nueva” Karen, a la que no reconoce como su madre y a la que reclama su patrimonio por considerar que ha muerto al fallecer en Alto Edén la “Karen original”.
Es en la parte del juicio donde Sawyer entra a fondo en distintas teorías y percepciones en torno a lo que nos hace humanos y a lo que nos hace seres individuales y distintos. Traza con gran maestría un juicio acorde al sistema jurídico anglosajón, plasmando, además, las profundas diferencias entre Estados Unidos, donde se celebra el juicio, y Canadá, de donde procede el personaje de Jake Sullivan y el propio autor. Es una parte vibrante que mantendrá al lector enganchado con la exposición de las dos posiciones enfrentadas, asistiendo, mediante la contraposición de pretensiones, presentación de pruebas y contrapruebas, a un auténtico proceso judicial.
En el proceso judicial no sólo se enfrentan Karen Bessarian y su hijo, sino que se enfrentan también dos posturas jurídicas y modelos sociales distintos. Se confronta el modelo teocrático y conservador estadounidense (fundamentalista en muchos aspectos) al modelo canadiense más próximo en muchos aspectos a la tradición política y jurídica europea, y por tanto mucho más progresista.
Mientras se desarrollan estos acontecimientos Sawyer nos muestra lo que le va ocurriendo al Jake Sullivan original en su retiro en Alto Edén. Será allí donde se produzca un hecho fundamental que llevará al Jake original a intentar volver a la Tierra y recuperar sus derechos individuales transferidos a su copia. Este “enfrentamiento” entre los dos Jake marcará la parte final de la novela y nos colocará ante una nueva duda moral y legal ¿Cuál de los dos es el auténtico?
Así pues, son distintas cuestiones en torno a la condición humana las que plantea la novela, puesto que hay que dilucidar si los transferidos son humanos y además cuál es el humano el original o el transferido; cuestiones que no son fáciles de resolver en la novela y que no serían tampoco sencillas de resolver en la realidad.
Sawyer ha escrito una obra interesante y bien hecha, a la que quizá le hubiera sentado mejor un final distinto, ya que resulta un tanto acelerado o prematuro. En todo caso, siempre es una suerte poder leer a Robert J. Sawyer. Es un autor original, con novelas y relatos llenos de conocimiento pero construidos de tal manera que el lector puede ir entendiendo y comprendiendo sin necesidad de tener una formación previa en las materias tratadas. Esta capacidad de hacer sencillo lo complejo nos ayudará a aproximarnos a una obra (Mindscan) que trata temas de trascendencia y complejidad sin que la lectura sea farragosa sino interesante, amena, formativa y dejando –pese a esa extraña sensación final- un poso que invita a la reflexión.
Y es que el tema de Mindscan es el tema fundamental de nuestra condición humana, porque no es ni más ni menos que eso: ¿qué es ser humano? Con Mindscan, Sawyer no hace otra cosa que construir una memorable reflexión en torno a lo que nos hace humanos y llevarnos a pensar si el cimiento de la humanidad está en el cuerpo (hardware) o en la mente (software).
Pensemos por un segundo en qué nos hace humanos; cavilemos en el qué y –sobre todo- en porqué y entenderemos la profunda incógnita que subyace en Mindscan.
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