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La noche de la loba (La Moira 3), de Henri Loevenbruck |
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Se termina la Moira y sus crónicas durarán en la memoria poco más que una nueva campaña de lanzamiento de otro éxito extranjero, que nos tendremos que tragar porque llegará avalado por un gran éxito en tierras extrañas. |
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Los yanquis basan el negocio editorial y muchos de sus imperativos categóricos en el campo de la literatura, en teorías y escuelas. Les encanta acotar las miles de variantes de la creación sobre papel en esquemas y formulas maestras. A mi no me gusta esto, ya que creo que coarta la creatividad y propicia un hieratismo de formas e ideas, que en mi visión de cualquier acto creativo es antagonista del mismo en esencia.
Pero mantienen una sentencia a la que le tengo que dar la razón pues se demuestra en la propia realidad, esta es: el 85 por ciento de los escritores son autores de un único libro. Esto quiere decir que todo aquel que se pone a escribir, con más o menos suerte, podría ser capaz de hacer un tomo más o menos pasable que sumado a la fortuna personal y a los factores abióticos y bióticos, puede convertirse en un betseller.
Pero ahí se acabaría la cosa, vamos que el talento y las experiencias de cada ser humano se podrían condensar en un único tomo, resultando todo lo escrito posteriormente un fracaso decepcionante. Esto queda perfectamente reflejado e ilustrado en el cómic “Caliope” de Neil Gaiman, perteneciente a la obra maestra del género “Sandman”. Recomiendo su lectura.
Esto que les cuento viene al caso porque he terminado la trilogía de “La Moira”, compuesta de “La Loba y la Niña”, “La Guerra de los Lobos” y “La Noche de la Loba”. En esta bendita casa que es Fantasymundo podrán encontrar ustedes, si es de su agrado, las reseñas de los primeros volúmenes firmadas por un servidor y comprobaran que mi interés por la obra del señor Loevenrbruck ha ido disminuyendo a la par que aumentaban los números romanos que aparecían en las portadas de sus encuadernados.
Porque la verdad es que la historia central la de los habitantes humanos de Gaelia no tenía nada nuevo que ofrecer, es repetición de otras muchas y muy poco interesante. En cambio la subtrama que representaba la incursión entre los destinos de los verticales del punto de vista de los lobos, era tanto original como muy cuidada por un autor que ponía todo su cariño y su estilo a la hora de narrarlo. Pero se debió cansar de hacerlo ya que la loba Imala ha ido pediendo protagonismo según transcurren las páginas restándole toda la gracia al asunto.
Esta “Noche de la Loba” es un punto final de una saga que queda deslucida por las prisas de ser terminada. En ella la poesía que se respiraba en los inicios, es sacrificada por un intento de encajar los distintos flecos del argumento sin parecer importar demasiado que los nudos que fijan la madeja queden forzados.
Señores, el qué se cuenta es tan importante cómo la forma de hacerlo, y si uno mima los inicios no pude pasar a un estilo casi telegráfico en los finales pues destroza el trabajo bien hecho del principio.
Una pena la verdad ya que había algunas ideas que me gustaban, pero no se puede obviar esa muletilla fácil que es: “Todo había ocurrido tan deprisa” para intentar justificar un ritmo artificialmente exagerado que resta credibilidad y seriedad a la acción, desvinculándonos de unas pasiones y sentimientos que quedan como cartón piedra en un mundo lineal y de pocos matices.
Luego está el tema de querer emparentar a todos los personajes con la protagonista, como si así se consiguiera un trascendentalismo en el asunto llevado por la consanguinidad. Y la conclusión sobre la necesidad de la destrucción de unas creencias y de una forma de vida antes de comenzar la renovación de todo el sistema sobre la ruinas del anterior tampoco me convence.
Así mismo he notado que últimamente la literatura fantástica tira de la iglesia católica con demasiada facilidad y siempre para utilizarlos como malos malísimos. No voy a entrar aquí a juzgar a los señores que trabajan englobados bajo el Trono de Pedro, pero vamos que si en “Blade Runer” hubieran metido armaduras de bisagra no creo que hubiera quedado bien, así que si hablamos de elfos y de druidas con poderes metahumanos no entiendo que pintan obispos con tiara y botafumeiro. Esto último irá en gustos y yo no soy muy partidario de amalgamar las cosas.
Se termina la Moira y sus crónicas durarán en la memoria poco más que una nueva campaña de lanzamiento de otro éxito extranjero, que nos tendremos que tragar porque llegará avalado por un gran éxito en tierras extrañas, mientras los originales de españoles quedan olvidados en cajones de editores poco valientes.
Sinopsis:
Alea ha comprendido por fin sus responsabilidades como el Samildanach gracias a las profecías encontradas en “La Enciclopedia”. Su destino no es un simple enfrentamiento con el druida renegado Maolmorda si no cambiar completamente las creencias y la forma de vida de su pueblo guiándole a un periodo de paz y prosperidad. Para ello tendrá que salvar a sus compatriotas de si mismos impidiendo las guerras de poder interinas que amenazan con destruir la isla.
Pero La Hija de la Tierra no ha perdido con su semi divinidad su faceta humana, y mientras descubre el amor y el valor de la amistad también se encontrará con que su pasado de huérfana es solo una pantalla de humo que esconde raíces mucho más profunda. El bien y el mal se unen propiciando un cambio para el que no todos están preparados y al que muchos no sobrevivirán al no comprender los designios de La Moira.
Timun Mas nos ofrece este tomo cuidadamente encuadernado que contiene el perfecto trabajo de traducción de Susana Salazar y que adorna con maestría y buen gusto Enrique Corominas en la ilustración de la cubierta. El lobo ha vuelto a perder la batalla ante el hombre demostrando que la visión de la bestia era la acertada. Pasen página, solo nos queda pensar cómo podría haber sido mientras escuchamos un aullido lastimero que suplica a la luna caprichosa que le devuelva su sombra.
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