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       Artículo de literatura

Canción de Hielo y Fuego, de George R.R. Martin


M. Mazarío   18/03/2008
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     Adéntrense en los Siete Reinos, un lugar donde el honor es tan vital como el aire para respirar. Donde la sangre de antiguas familias ha conseguido dibujar los estandartes y los lemas que definen sus Casas. Un mundo de caballeros juramentados, de reyes armados y de damas nobles y valientes.
Portada de Juego de Tronos (quinta edición)Por costumbre y media suelo finiquitar de dos a tres novelas a la semana. Últimamente esta cifra ha caído en picado, por apuros temporales, pero sobre todo a causa de que he vuelto a la sufrida adicción de leer sagas.

Las sagas dentro de la literatura épica son posiblemente la mayor causa de desesperación para el lector y también para el escritor, no así para los editores que actúan como taimados mercaderes especuladores, insensibles a la ansiedad de un público que no puede creer que le dejen sin saber que ocurrió con sus personajes favoritos durante un periodo temporal indeterminado y que se rellena con explicaciones tales como: “Aun no hay fecha de salida, Esperamos la traducción. Está habiendo problemas con los derechos de comercialización.”

Por eso suelo huir de las historias partidas en volúmenes y las suelo cazar de las librerías cuando ya todo el mundo las ha leído fraccionadamente. Entonces yo me siento, anulo citas y me doy el gustazo de leerme toda “La Torre Oscura” de un tirón, “Caballo de Troya” sin pausa, “Príncipe de Nada”, R. Scott Bakker, sin interrupción o como en este caso “Canción de Hielo y Fuego”, de George R.R. Martin.

Con alguna excepción que confirma la regla, la calidad impera sobre la cantidad, ya que normalmente me decepcionan más las historias autoconclusivas de trescientas páginas que los macro argumentos que nunca bajan de las dos mil.

Esta forma de lectura me deja totalmente fuera de las corrientes de opinión y muchas veces tengo que preguntar, y quedar como un paleto iletrado, por no estar al tanto de lo último en universos ficticios de dragones y caballeros, pero por otra parte me permite tener un punto de vista objetivo y libre de valoraciones externas que creo, sin tener en cuenta a radicales inamovibles: ustedes agradecerán si buscan en estas planas una reseña de calidad y comparten, o al menos respetan, mis gustos y criterios.

No voy a contar nada sobre “Canción de Hielo y Fuego” que no se pueda encontrar desde hace tiempo en otros textos, pero intentaré no destripar tampoco la magnífica obra de George R.R. Martin como he visto que se hace por ahí, publicando sin vergüenza ninguna resúmenes llenos de detalles reveladores que estropean una epopeya moderna de lectura obligada.

Portada de Choque de Reyes (cuarta edición)Señores, lean “Canción de Hielo y Fuego”, porque es entretenidísima, adictiva, sorprendente y con la capacidad, autentica muestra de maestría literaria, de conseguir que el lector se zambulla totalmente en universo sólo real en la mente del escritor. Si uno empieza a leer “Juego de Tronos” ya puede darse por perdido, pues desde la primera página quedará totalmente enganchado a una historia tan intimista como permite su narración en tercera persona, omnipresente pero variable en cada capítulo al estar este enfocado desde el punto de vista de la persona que lo titula.

Este truco del oficio permite a Martin no solo crear una historia, si no aprovechar un argumento para escribir tantas historias como personajes la viven. Un duelo siempre es un duelo, pero cambiará mucho si lo cuenta el que salió vencedor y coronado con laureles dionisíacos, al que terminó en la arena abrazándose el abdomen para evitar que sus entrañas le sirvieran de lecho. Pero claro, no se trata de describir y describir situaciones desde cabezas huecas, sino de que entendamos los puntos de vista de quienes exponen su opiniones en los diálogos, así que cada personaje de “Canción de Hielo y Fuego” es en si mismo una novela propia. Son tan complejos, tan humanos, tan bien definidos, que con cada uno de ellos se podrían haber escrito ya auténticas maravillas.

Y no son uno ni dos, si no docenas de personalidades, tipos y modos tan variopintos como los que podríamos encontrar en cualquier grupo humano, y todos actúan de manera creíble, comprensible para un lector que siempre encuentra dentro de este catálogo de personalidades una que encaja con lo que es o con lo que le gustaría ser. Vamos, una autentica novela para todos los públicos, desde el guerrero curtido hasta la dama de compañía disfrutaran de las líneas ágiles, directas y evocadoras que se desarrollan en “Choque de Reyes” y que continúan en “Tormenta de Espadas”.

Pero ojo, que unas marionetas bonitas sin un buen decorado no habrían servido de nada, así que además de cuadros personales nos topamos con una visión general de un mundo perfectamente organizado, estructurado y estudiado para una viabilidad real. Si bien en esta faceta las influencias de la Historia ortodoxa son innegables, las licencias sobre ella la engrandecen y aumentan su interés para nuestros ojos.

Desde las distintas estructuras de la fe, con su desarrollo histórico temporal, hasta los contrastes de las civilizaciones, en sus más mínimos y cotidianos detalles, pasando por supuesto por las estructuras económicas y sociales. Todo perfectamente narrado e introducido en la trama para que hasta el menos imaginativo de nosotros pueda visualizar con total claridad lo que se nos expone.

Portada de Tormenta de Espadas (tercera edición) - 1Una auténtica maravilla narrativa con un ritmo constante que peca en ocasiones por ser demasiado plano, echo en falta una ola que rompa y descargue la acción acumulada que de tan intensa puede llegar a agotar. Este es una de los grandes peros de la serie, no hay una conclusión lógica, no hay un llegar a un algo que pueda marcar un punto y aparte. Esto es un cebo, un gancho de escritor que hace que el lector tenga que seguir leyendo sin pausa y que si bien cumple a la perfección su función, debería estar combinado con algún pasaje de trascendencia argumental bien diferenciado.

Otra de las faltas que encuentro es la carencia de poesía y de épica, no hay un solo pasaje que me haya conmovido por lo plano del léxico. Un poco de arte en unas líneas sumamente técnicas, habría llegado a hacer que el lector se emocionase realmente y no que únicamente continuase leyendo de forma casi alineada un texto que es, en ocasiones, demasiado parco en recursos poéticos y eso que oportunidades para lucirse no faltan. Es en estos detalles donde se ve que Martin es un guionista y no un novelista. Es un genio a la hora de contar una historia, de describir una escena y sobre todo de crear una continuidad, pero diría que le falta corazón y ganas de engrandecer su trabajo con las florituras que permite la gramática.

Hay otro punto que me gustaría destacar: la tiranía del autor. No permite un filtro visual del lector, pues es tan detallista que ciñe con fuerza cada detalle estético, cada pequeño motivo. Las descripciones de aspectos físicos, objetos, estancias, son milimétricas, fotográficas dejando muy claro que aunque lo que leemos se mueve gracias al motor de nuestra mente, esto es sólo un préstamo. Martin revindica su obra en cada coma, en cada punto, no nos regala una habitación si no que nos la alquila, dejando muy claro quien tiene los documentos de propiedad del inmueble. Estoy seguro de que si cualquiera de ustedes y yo mismo nos pusiéramos a representar en dibujo a Jaime Lannister, saldrían dos copias idénticas aunque nuestras referencias artísticas fueran totalmente opuestas, y ese esbozo no sería una versión, sino el fiel retrato de lo que tiene Martin en la cabeza.

Festín de cuervos (Canción de hielo y fuego / 4) - cartonéEl último tomo de la serie “Festín de Cuervos”, ha sido el más esperado en nuestro país y el que más se ha hecho de rogar, nos lo trae Gigamesh traducido al castellano impecablemente por Cristina Macias y decorado en su cubierta por un Enrique Corominas, no tan inspirado como en otras ocasiones. La edición aporta una introducción de Álex de la Iglesia donde el director recomienda la saga y se descubre como fiel fan de la misma, además de exponer algunas ideas y teorías muy interesantes. Aparte, como viene siendo usual y de manera inteligentísima, se nos incluye un glosario de nombres y referencias que sirve tanto para refrescar acontecimientos y fijar detalles como para que neófitos en “Canción de Hielo y Fuego” puedan disfrutar de la última entrega poniéndose en antecedentes de lo sucedido.

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