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Madrid, de Daniel Mares (Parnaso) |
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Significará un viaje interesante para unos, un puzzle que no engancha a otros o una experiencia distinta para el resto. Yo he tratado de desgranar y ofrecer las pistas de lo que a cada uno de vosotros le puede suponer este Madrid. Adrenalina con palabras. |
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Con “Madrid” recién acabado de leer y tratando de recuperar la cordura, me enfrento a la difícil misión de reseñar objetivamente y transmitir a los lectores este título parido por el genio de Daniel Mares, que ya en su día dio el campanazo con la inquietante “Seis” o su “En Mares Extraños”, compendio de relatos de excelente calidad.
He tenido oportunidad de leer casi todo el catálogo de la editorial Parnaso y desde “Umma” nada me había abofeteado tanto las neuronas. Una vez más, esta editorial (que nació al calor de una nómina efervescente de nuevos apellidos cervantinos que querían pisar fuerte en nuestro país) estrena un ejemplo palpable y vivo de lo que es capaz nuestro fantástico. Que se abstengan los muermos de adentrarse en estas hojas impresas con el trabajo de un artesano de la escritura nada convencional. Un libro de ciencia ficción, sí; ambientado varios siglos en el futuro, sí; pero... que me ha sabido tan cercano, tan real su paranoia, que luego recapacitaré a este respecto. Ha sido como meter los dedos en un enchufe, o salir de un bar donde tenían la música mucho más que alta, lo cual ya es para felicitar a Mares.
¿Está Mares drogado cuando escribe? ¿Es pariente de Philip K. Dick? ¿Se ha escapado de vacaciones a las páginas del obsesivo “Neuromante” de William Gibson? Bueno, el que me esté formulando estas preguntas ya dice mucho del autor.
Joder, pero si es que tratas de leer las páginas deprisa y es como si estuviera pensado para ello; como si alguien te empujara por un tobogán cuyo final no se adivina, sólo que vienen curvas. ¿Sabéis esas películas en la que una cinta grabada es ininteligible hasta que no se pone a la velocidad adecuada? Pues a eso unidle todo un universo de sexo, violencia verbal y física, personajes que entran y salen sin parar con perfiles de todo menos beatíficos, escenarios que pronto se tiñen de rojo u otros fluidos, un marketing tan descarnado que no le importa las vidas que consume, unos militares casi lobotomizados que todo lo pisan bajo las suelas de sus botas como un rodillo, y más y más estereotipos sacados de madre.
Un libro atípico de ciencia ficción con una trama basada en la acción pura y dura, que inyecta adrenalina en el cerebro del lector
La disculpa para iniciar todo este festín desenfrenado es ni más ni menos que la final de la Copa de la Champions en el Bernabeu, disputada entre el Real Madrid y su eterno rival, también aquí, el Barça. Dos personajes se encuentran a las puertas del coliseum de Chamartín, un tal Blitz y un tal Raus, y ahí empieza la locura. Un viaje de infarto, ahora narrado en primera persona por un personaje autoproclamado Dios, ahora contado en tercera persona, la de los cerebros por los que nos iremos paseando. Pero, ahí no acaba la cosa; el hilo principal se traslada a las dos horas en tiempo real que dura el partido, pero alternado por continuos saltos en el tiempo hacia atrás, a las horas previas del evento. Dos, tres, cuatro historias paralelas que evolucionan hasta alcanzar clímax tras clímax. Personaje a personaje, éstos entran, los conocemos y desparecen, bien hasta una nueva entrada o bien porque ya no volveremos a verles tras ser masacrados, violados o vete tu a saber qué extravagancia le reserva el escritor. Un asesino va dejando un reguero de víctimas a su paso con el único punto en común del denominado Oráculo, un proyecto de gran envergadura con la telepatía de por medio. ¿Qué os parece entrar en una mente, ejecutar a tus víctimas y salir del que ha servido de envase, siendo éste acusado de la matanza? Pues perlas como ésta se alternan con un Barajas del que no parten aviones, sino donde le pueden teleportar a uno a la estrella más cercana.
Pero, recordemos que estamos en un futuro lejano, por lo que una guerra de tintes cósmicos también está servida. Se nos quiere entretejer de fondo una cierta trama, que da sustento a ejércitos, organizaciones, agrupaciones de países, todos con motivos suficientes para apretar el botón e iniciar la aniquilación total, y que ésta se produzca sobre el propio Paseo de la Castellana, epicentro de la Tierra que Mares recrea; y es que es en sus alrededores donde transcurren muchas escenas. Sin necesidad de ser madrileño, creo que las calles aledañas se nos hacen a todos conocidas, aunque sea de sólo verlas en la tele al final de la Vuelta Ciclista a España o en haber pasado algún fin de semana en la ciudad. Su metropolitano todavía sigue en funcionamiento y El Corte Inglés aún existe como para dar cobijo a más de una sorpresa.
No cuento más porque puedo liaros. Pero de eso ya se encarga el autor. Confieso que me he perdido más de una vez, por más atención que he tratado de prestar. Escenarios y personajes son esbozados lo suficiente para que lo que realmente prime sea la acción. Y digo ACCIÓN. Todo el libro es como un final de órdago, donde yo me pregunto: ¿es necesario, tiene sentido, o está fundamentado, emplear las herramientas que ha utilizado Daniel Mares y en tan superlativa medida? Que es un libro atípico está claro. Que ha querido provocar en el lector sensaciones, también. Pero, ¿es realmente novedoso y rompedor Mares? Para muchos lo será, no sólo por el lenguaje empleado, sino porque descoloca al aficionado poco avezado y que espera una historia con un tronco tradicional. Gran parte del mérito, porque no nos engañemos, al autor le reconozco su mérito de arquitecto cubista, está en esa desfragmentación de un texto típico, pero su abuso de sangre, sexo, exabruptos, signos fascistas, machistas y capitalistas puede en algunos llegar a empalagar y resultar estridente, rozando el sinsentido; de ahí que el autor sabe reconducir la trama en ese momento y mete mano a nuestra atención y nos arrastra hasta las últimas páginas preguntándonos y deseando saber ¿de qué coño va todo esto?
Un madrid atípico pero al mismo tiempo cercano al contemporáneo, una ciudad a la que muchos odian pero que atrae irremisiblemente
He querido bucear un poco más allá de esta corteza de artillería de explosiones verbales, y he entrevisto en Mares, en definitiva, que éste nos crea una historia que muestra el cromatismo actual de nuestra sociedad. No creo que haya elegido el fútbol, ni el cine, ni a Madrid, ni a la policía, ni a las prostitutas, ni al ejército, ni a la televisión porque sí.
La bondad de este título es que tras su maquillaje chillón se esconde una visión feroz de la realidad que Mares percibe latente a su alrededor. Una magistral metáfora alejada de los moldes tradicionales, un texto que amarga e indigesta y que sin embargo está magistralmente construido. Eso sí, que se abstenga el simplista de turno. El libro te ofrece a gritos que hay otras maneras de ver la ficción. Por lo que eso te encontrarás: un cóctel curioso. Provoca, pero no destroza tabúes. Entretiene, pero llega a desquiciar. Nos lleva al futuro, donde lo actual sigue presente. El ser humano lo puede todo tecnológicamente, pero sigue atado a su origen carnal. A la ciudad de Madrid muchos la odian, pero otros no pueden vivir sin su droga. Lo que os dejo encima de la mesa es eso, un porrete literario. Significará un viaje interesante para unos, un puzzle que no engancha a otros o una experiencia distinta para el resto. Yo he tratado de desgranar y ofrecer las pistas de lo que a cada uno de vosotros le puede suponer este “Madrid”. Adrenalina con palabras.
(R) Jaime Santamaría de la Torre, febrero de 2008.
http://www.escenafinal.com
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