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Interfaz, de Neal Stephenson y Frederick George |
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Aportación narrativa de Neal Stephenson (y su tío), si bien esta se aleja de sus obras de Ciencia Ficción. Estamos ante una intriga política en cuyo fondo se reflexiona sobre la deriva de los procesos democráticos y los riesgos de manipulación de una minoría sobre los intereses de la mayoría de ciudadanos. |
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Publicada originalmente en 1994, Interfaz tiene una interesante y original historia que contar en cuanto a su autoría. De hecho, por aquellas fechas la responsabilidad del libro correspondía unicamente a un tal Stephen Bury. Más tarde, cuando Neal Stephenson consiguió ya nombre y prestigio en el género, cambio a este dueto creativo. Un dueto que, si bien si tiene en Stepheson a un autor reconocido y reconocible, en lo que respecta a Frederick George, tras este nombre no se esconde otro que el tío del propio Stephenson, George F. Jewsbury.
Esta obra tiene interés, además, porque es un producto encadenado cronologicamente con, y derivado de la escritura de, una de las principales obras de Stephenson, Snow Crash (1992). Así como con la segunda -y fruto del éxito de público de esta primera- colaboración entre ambos autores: The Cobweb (1996); obra cuya futura publicación ha confirmado ya Ediciones B, dentro de su colección Nova.
Un dueto familiar este, entonces, autor de una novela que pivota entre el manifiesto democrático y la crítica cínica y descarnada al sistema político norteamericano. Porque, aunque por ciertos sitios el lector pueda encontrar la calificación de 'tecnothriller' reservada a esta obra, en realidad, tiene mucho menos 'tecno' y poco 'thriller' de lo que, en un principio y conociendo unicamente el argumento general, pudiera parecer.
La obra tiene tan sólo unos tintes de tecnothriller, y se orienta más hacia la crítica social
Primero, porque el 'tecno' se refiere aquí, unicamente, a los procedimientos médicos y de ingeniería que derivan en la construcción, implante y funcionamiento del 'chip' que le ingertan a uno de los protagonistas, el gobernador William Cozzano, en el cerebro. Una referencia tecnológica y clave argumental, referenciada paralelísticamente con la 'nanotecnología' que estaba tan de moda mediada la década de 1990, pero que no supone ni un elemento de contexto con la suficiente relevancia, ni su presencia es tan decisiva, como para aplicársele por extensión a la obra el calificativo de 'tecno'.
Y después, porque la novela no tiene ni el ritmo vertiginoso ni el tono tenso y oscuro propio de las obras encuadrables dentro de la categoría de 'thriller'. Si se piensa bien, incluso el propio estilo de Stephenson, con un entramado preciso y complejo tanto de las distintas tramas argumentales, como de los personajes protagonistas y secundarios, choca con las necesidades de estilo que requieren los 'thriller'. E Interfaz es, desde el principio hasta el final, una obra 'de Stephenson': poseedora de todas sus más renocibles características de autor, y con técnicas muy cercanas o plenamente coincidentes con otra de sus obras más conocidas -y temporalmente la más próxima a esta que estamos comentando- Snow Crash (1992).
En cuanto al argumento es, en apariencia, simple. El gobernador William Cozzano sufre una apoplejía en un momento de crisis para los USA, la superación de esa afección a través del ingerto de un ingenio electrónico en su cerebro lo convertitá en una de las personas más aptas para tomar las riendas del país. No obstante, el propio funcionamiento del ingenio, que lo capacita para gestionar de forma óptima las demandas de la opinión pública, lo somete al mismo tiempo (de forma parcial, aunque significativa) al control o la influencia de grandes grupos de interés, ajenos al sistema democrático pero, igualmente, interesados en su dominio y en aprovecharse de él. Esta novela es la drescripción de los procesos que derivan en esa crisis, en el surgimiento de ese 'robot' político que es Cozzano, y en el ser y funcionamiento de los hilos que mueven al 'robot' en contra de los intereses y la voluntad de la ciudadanía.
Esta apariencia sencilla, no obstante, esconde -como es de esperar en Stephenson- un amplio y complejamente trazado conjunto de hilos narrativos. La trama es ambiciosa y está formada por numerosas subtramas de distinto tipo y naturaleza: no sólo intrigas políticas, también asuntos familiares, conflictos privados, ambiciones profesionales, etc. Y el ritmo pausado (en la mayor parte de la novela) y la precisión en la descripción de circunstancia y personajes, ayudan en mucho a visualizar y comprender, sin sobresaltos, esa complejidad.
El lector tiene en Stephenson, sin duda, un defensor de la claridad y la profundidad de las ideas, a la par que de la calidad de construcción en los argumentos y las tramas, y la corrección extrema en un estilo muy cuidado y preciso. Es por ello que la gran labor de construcción de historias de Stephenson siempre permanece sólido, a pesar de su complejidad; comprensible y cercano al lector, a pesar de su densidad; y de fácil y entretenida lectura, a pesar del (casi) siempre voluminoso resultado de sus obras. Estamos ante, posiblemente, uno de los escritores con mejor manejo técnico de ese arte llamado 'escritura', y eso se percibe claramente aquí, como en la mayor parte de su demás obra.
Así y todo, y aún a pesar de las numerosas virtudes que destacamos, la novela no acaba de ser tan redonda como debiera. Pues, si desde la 'escritura' queremos pasar a hablar de la 'literatura' no sólo debemos encontrar pura y excelente técnica (como la que Stephenson tiene y da, en grandes cantidades), sino también algo de esa magia que provoca que nos olvidemos de autor y/o narrador, y pasemos a sentir y vivir la historia que se nos cuenta. Y de esa 'magia' es, precisamente, de lo que está más falta Interfaz.
El argumento deriva demasiado hacia la crítica política y los personajes pecan de planos
A esta ausencia de magia contribuye, por ejemplo, una voz narrativa demasiado centrada en producir discurso político o en describir las situaciones negativas a través de las cuales representar su evidente crítica a la deriva de los canales y los procesos democráticos. Simple en exceso es también la caracterización de unos personajes planos que, en representación de un papel prefabricado (quizás con la voluntad autoral de resultar reconocibles a cualquier lector), no son más que esclavos de su propio papel en la trama principal; faltos por tanto de fondo y matices característicos de una personalidad propia. O incluso, -personalmente, diría que 'sobre todo'-, por un planteamiento argumental típico y tópico en exceso, en el que se recurre a la ya manida y mil veces trillada conspiración manipulativa de una élite sobre la mayoría para justificar y dibujar esa crítica al devenir de la democracia estadounidense; resuelta, además, a través de mecanismos y vericuetos poco creíbles.
Pero este es, quizás, el sino de algunos autores como Stephenson o, creo, Connie Willis que, poseedores de una gran técnica en la escritura, capaces de construír excelentes armazones argumentales y/o personajes de calado, pocas veces transmiten con esa magia que engancha a los lectores de la primera a la última página (reflexión: ¿quizás estuvieran más y mejor dotados para las labores de edición?). Si bien, no por ello dejaron de suponer puntos de inflexión y de presentar aportaciones claves para entender el progreso del género de la Ciencia Ficción en los últimos tiempos.
En definitiva, Interfaz es una nueva aportación narrativa de Neal Stephenson (y su tío, claro), si bien esta se aleja de sus obras de Ciencia Ficción. En esta novela estamos ante una intriga política en cuyo fondo se reflexiona sobre la deriva de los procesos democráticos y los riesgos de manipulación de una minoría sobre los intereses de la mayoría de ciudadanos/as. En la superficie, el lector podrá disfrutar con las intrigas, las tretas, las reflexiones maliciosas, o las escenas truculentas a través de las cuales ese peligroso poder totalitario se despliega y expande por las arterias del sistema representativo democrático.
Una obra destinada, por tanto, a los amantes de la intriga política, que deparará momentos hilarantes y frías reflexiones de cuya experiencia gozar durante sus más de seiscientas páginas.
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