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Aquaman: El hundimiento de San Diego |
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¿Qué ocurriría si la costa oeste se hundiera en el océano? ¿Y si algunas de las miles de víctimas comienzan a salir del agua y ahogarse al respirar oxígeno? El rey de Atlantis debe resolver el misterio. |
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Ningún superhéroe con tantos números a sus espaldas y tanta historia, ha sido tan vilipendiado en España como Aquaman.
Si tenemos que hacer recuento y ver qué cómics de este personaje han salido esta misma década en este país, solo obtendremos una respuesta: Aquaman La Espada de Atlantis, de Planeta de Agostini Comics.
Sorprendente, pues se podría decir que desde que Ediciones Zinco sacó varios números de la serie regular de este superhéroe, no hemos vuelto a ver otra de sus andanzas en solitario. Lo más curioso es que nadie parece haberse dado cuenta.
Esto es debido a que Aquaman nunca ha sido un personaje con demasiados lectores fieles, en este país hay tanto material inédito de la colección que es muy difícil empezar a sacar algo para que la gente empiece a conocerlo. Por no decir que DC no lo pone nada fácil, teniendo en cuenta que no son capaces de meter un equipo creativo que se mantenga el tiempo suficiente y con el interés adecuado para relanzar al personaje y hacerlo interesante durante una larga etapa que merezca la pena leer. Algo así como lo que tenemos hoy en día con Green Lantern, Green Arrow, Catwoman o el Capitán América de la competencia. Si a todo esto le sumamos un enorme caos en el propio origen del personaje por culpa de las Crisis originales, lo que vino después y demás, digamos que no es demasiado accesible.
Por suerte, Planeta está apostando fuerte por el personaje y ha decidido sacar por fin la colección regular por una etapa que no tiene demasiada dificultad para el lector que desconoce la mitología y el pasado de este complejo superhéroe. Justamente cuando Kurt Busiek y Butch Guice han comenzado The Sword of Atlantis, con un Aquaman completamente nuevo que ni siquiera es el mismo de siempre, el que todo el mundo ha conocido durante estos años en la JLA. No es el primer cambio brusco que hacen en esta colección, Atlantis ha llegado a emerger a la superficie, el protagonista ha llegado a perder el trono varias veces, ha perdido la mano para ser cambiada por un garfio o por algo más sobrenatural, ha perdido mujer e hijos y mucho más. Podría decirse que nunca ha tenido una vida tranquila.
Curiosamente, la colección tiene tan mala suerte incluso en los Estados Unidos que fue relanzada con un número 1 ya en el año 2003. Los guionistas que se encargaron de esta etapa fueron Rick Veitch, John Ostrander, John Arcudi y Will Pfeifer, siendo este último el más atrevido de todos al cambiar de una forma interesante el status quo de la colección. Por desgracia, tan solo permaneció en ella ocho números y, para colmo, luego vendrían las Crisis Infinitas para arrasar Atlantis una vez más.
El caso es que Planeta, tratando de recuperar material del personaje sin perder dinero por ello, ha decidido por fin traernos una de las sagas más famosas que ha tenido en toda esta década: El Hundimiento de San Diego, del ya mencionado Will Pfeifer.
Me atrevería a decir que, de tener éxito esta saga, podríamos estar hablando del momento decisivo para ir recuperando gran parte del relanzamiento del personaje desde el primer número, ya que de esta manera los lectores que conozcan al clásico no se sentirán tan perdidos con ese nuevo jovenzuelo que les han metido en la serie regular y que de seguro no permanecerá tanto tiempo.
¿Y de qué va esta saga? El propio título lo resume a la perfección, gran parte de la ciudad de San Diego ha sido enterrada en el mar por culpa de un enorme terremoto que ha sido provocado intencionadamente por alguien. La saga arranca a la perfección con imágenes aterradoras donde mujeres, niños y animales (el famoso ZOO ha sufrido también esta terrible catástrofe) permanecen flotando inertes bajo el agua, ahogados, muertos.
A quien más le afecta esta situación es, obviamente, al señor de los mares. Aquaman siente que debe ayudar, incluso aunque sea demasiado tarde. O quizás no lo sea, pues pronto empiezan a verse casos tan extraños como que algunas de las cuatrocientas mil víctimas empiezan a salir del agua y a ahogarse al respirar el oxígeno. Por si esto fuera poco, un ser extraño vigila con sus mil ojos en la zona de San Diego que permanece hundida. El superhéroe no puede quedarse quieto ante estás situaciones tan asombrosas y debe resolver el misterio cuanto antes.
Lo dicho, un arranque espectacular y bastante interesante, que motiva al lector a seguir leyendo para descubrir qué diablos está pasando en ese lugar.
Lo que sí me gustaría destacar sobre todo es el hecho de que DC sea un universo mucho más libre que el de Marvel, en el sentido de que si puede existir lugares ficticios como Metrópolis, Gotham City o incluso Keystone City, no veo por qué no puede ocurrir una catástrofe tan permanente en una ciudad real que, podría decirse, sobrepasa todo lo excepcional. Y esto lo comento porque al final digamos que nada se arregla por arte de magia, el daño está hecho y las situaciones se mantienen, de ahí me refería a que Pfeifer juega con valentía en esta saga y consigue darle a Aquaman un status quo que hace mucho más interesante la colección, sin que pierda su seña de identidad siquiera, porque el protagonista permanece en su hábitat siendo gobernante incluso. Algo nuevo dentro de algo viejo.
El problema es que Pfeifer dura en la colección tan solo dos números más, dejándole la situación a otro guionista que además se verá obligado a ceñirse a las directrices de la editorial tras los diferentes crossovers, así que nada de todo lo que se ve en esta saga es aprovechado a largo plazo, pudiendo ser el arranque de una etapa espectacular.
Para colmo de males, sabiendo algo así es difícil que el lector permanezca enganchado a esta serie tras leer el tomo, especialmente porque todo el misterio y la intriga del argumento se ven truncados a mitad de saga al notarse tanto el “decompresive storytelling” (estiramiento de la trama) que tanto afecta al panorama USA actual. Todo lo que está contado en estos seis números se lee en un soplo y casi podría resumirse en dos sin dificultad. Esto no sería un problema si no fuera porque se dejan varios cabos sueltos y la saga no funciona bien por sí sola, realmente necesitas seguir leyendo más para saber cosas tan indispensables como qué empresa es la que se ha encargado de algo así y cómo se beneficia por ello. Es como ofrecerle al lector una historia por la mitad.
Y es una pena, porque en verdad es un buen comienzo de etapa la mar de interesante, si Pfeifer hubiera seguido al mando de la serie sin interferencias editoriales podría haber sacado oro de una situación como esta, que viene a ser una crítica ecológica haciendo hincapié en el preocupante tema del calentamiento global. Además, ni siquiera encontramos malos y buenos en el sentido más estricto de la palabra, aunque el tópico de científico loco me venga a la cabeza tras recordar quién es el único personaje visible en tomo que está detrás de todo. Por no decir que Pfeifer sabe tratar muy bien a Aquaman, siendo un personaje que siente el mundo sobre sus hombros y que siente tener un enorme compromiso que cumplir porque nada habría ocurrido de no haber existido en este mundo. ¿Intrigados? Quizá solo por estos detalles ya merece la pena hacerse con este tomo.
En el apartado técnico aprueba con nota, contando con Alan Davis para unas magníficas portadas y con un inspirado Patrick Gleason para el interior.
Este dibujante que ya hemos podido ver en algunos números de la JSA, Noble Causes e incluso en Green Lantern CORPS es uno de esos que hay que tener en cuenta por el nivel que muestra en cada uno de los trabajos en los que se ha visto implicado. Su estilo expresivo, dinámico y repleto de escorzos y grandes zonas de tinta resulta lo suficientemente atractivo como para ser tomado en cuenta desde un primer momento. Aparte, en esta saga tiene un gusto por el detalle exquisito y las imágenes que nos brinda de esa ciudad bajo el agua es sensacional. Por no decir que la versión que nos muestra de Aquaman: clásica y a la vez moderna, es de las que más se deberían tener en cuenta. El personaje no deja su porte señorial y monárquico a pesar de haber perdido la barba, el garfio y el pelo largo, recuperando su famosa camisa naranja de escamas que tan mal queda cuando el dibujante no sabe hacerla atractiva. Su aspecto clásico nunca le había sentado tan bien.
En definitiva, una saga que por si sola no se mantiene del todo bien pero que se deja leer, es recomendable y tiene detalles muy interesantes a tener en cuenta. Es una pena que no sea verdaderamente el inicio de una etapa, pues como tal funciona a la perfección y podría haber dado mucho más de sí.
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