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El Ejército Negro II: el Reino de la Oscuridad, de Santiago García-Clariac |
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Tras leer El reino de la oscuridad he sentido que el libro acaba casi como empieza, pero con un mayor número de incógnitas. Seguiremos esperando a la última entrega de El ejercito negro, deseando que el nivel de la primera entrega no siga bajando y tengamos un fantástico final para Arturo Adragón. |
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Tras el inconcluso final de “El reino de los sueños” nos llega de la mano de Ediciones SM la segunda parte de “El ejército negro” escrita por Santiago García-Clairac. A pesar de no ser excesivamente larga la distancia entre las publicaciones la espera a que “El reino de la oscuridad” fuese publicado sí lo parecía. Por diversos motivos aún fue más larga la espera para mí y una vez que tuve el libro en mis manos estaba impaciente por volver a saber de Arturo Adragón, Metáfora y la desaparecida Alexia.
Resulta curioso ver en el primer capítulo un breve resumen de lo acontecido en el libro anterior como si de una sinopsis capitular de una serie de televisión se tratase. Rápidamente se vuelve a coger el ritmo de la aventura tanto pasada como presente. Introduciendo nuevos personajes que en algún momento se vuelven excesivos, aunque por otra parte, en su mayoría, necesaria.
Arturo Adragón se ve desesperado tras la muerte de su amada Alexia, y tendrá que recurrir a la bendición del Gran Dragón para poder traerla de regreso del Abismo de la Muerte, como hizo en su día Orfeo en la mitología griega en busca de Eurídice, encontrándose allí con todos aquellos que un día cayeron bajo su espada. Arquimaes por su parte hará todo lo posible por ayudar al joven caballero y por restituir la paz en el reino de Emedia. Demónicus, el malvado tirano, apenado (o mejor dicho enfurecido) por la muerte de su hija hará todo lo posible por acabar con aquel que llevó a su primogénita hasta una muerte precipitada.
En el presente el joven Arturo se verá enfrentado a los acreedores y las deudas, que harán que la Fundación se vea en peligro, así como se sentirá más solo que nunca al tener a su buena amiga Metáfora lejos de su lado. Las dudas sobre su madre así como el empeño de su padre con devolverla a la vida harán que el joven se vea enfrentado en parte con los miembros de su propia familia, que ahora siente más distantes que nunca a causa de los secretos y las mentiras.
Santiago García-Clairac nos devuelve a Férenix y a sus múltiples misterios que, a pesar de ya tener el ritmo de lectura cogido, hace en más de una ocasión que el lector acabe perdiéndose en su lectura. Nos encontramos con el caballero Arturo que irá descubriendo poco a poco diversos misterios sobre sus antepasados, mientras que por su parte en la historia con el joven Arturo parece cada vez más confusa en cuanto a sus progenitores se refiere.
Esta novela, como sucede con muchas que forman parte de una trilogía, es una mera transición entre lo ya acaecido y lo que queda por venir. Aunque en este caso, a pesar de tener un buen comienzo y un prometedor final, da la sensación que el autor necesita cubrir el cupo de tres libros y lo intenta como sea. La historia general que nos encontramos es buena, aunque está algo difuminada, encontrándonos a menudo con batallas sin sentido o que simplemente parece estar ahí para rellenar las 600 páginas del volumen. Así como el enturbiamiento de la relación entre el joven Arturo y Metáfora que sube y baja como en una montaña rusa, pero aparentemente sin mucho sentido, habrá que esperar a la última parte para averiguar si todas las disputas, enfrentamientos y reconciliaciones tienen algo oculto o es simplemente un mal enfoque de la relación por parte del autor.
De todos los paralelismos encontrados en la historia es de confiar que tendrán su solución en la última entrega, aunque en algunos momentos da la sensación que con todos los misterios que se han creado durante el transcurso de las dos primeras partes puede quedarse alguno en el saco y no ser solucionados, por descuido, o porque son demasiadas incógnitas para ser resueltas en un solo volumen.
En esta novela nos encontramos de cara con el tema de la resurrección, con los sentimientos encontrados ante la pérdida de un ser querido y la necesidad de volver a verlos. Durante años se ha tratado en múltiples relatos dicho tema, ya sea el regreso a la vida mediante No-Muertos, resucitar cuerpos que han perdido su vida recientemente, incluso devueltos a la vida a pesar de tener ya el cuerpo prácticamente descompuesto o almas que se introducen en nuevos cuerpos para volver así a la vida. Es esta última opción por la que ha apostado el autor, y puede que sea en parte la más polémica, por mucho que lamentes la pérdida de un ser querido, ¿justifica eso eclipsar el alma de otra persona para poder recuperar lo perdido? Sólo un personaje en toda la novela parece ser lo suficiente sensato para aceptar que el hecho de querer estar con alguien no es razón para hacer que otra persona pierda su esencia.
He de reconocer que generalmente suelo reparar en la gramática, aunque por otra parte soy una persona de “ciencias” y como todo el mundo, no soy infalible, y reconozco que el trabajo de corrección es arduo y más cuando se va a contrarreloj como parece que ocurrió con dicho libro. Aún así me parecen un poco inconcebibles algunas de las expresiones que se usan en él. A menudo en los textos literarios nos encontramos con personajes marginales, o que simplemente maltratan la “lengua de Cervantes”, pero no puedo acabar esta reseña sin concluir con algo que ha podido más que con mis ganas de ser benévola con el libro, como muchos que hayáis leído la primera parte, o hayáis leído alguna reseña sabréis que hay un personaje llamado Norma, madre de Metáfora y que además es profesora de Lengua. Pues a pesar de tenerlo todo a su favor para potenciar nuestra lengua cae en errores gramaticales de primaria en varias ocasiones.
Sin mucho más que agregar, sólo decir que tras leer “El reino de la oscuridad” he sentido que el libro acaba casi como empieza pero con un mayor número de incógnitas. Así pues seguiremos esperando a la última entrega de “El ejército negro” deseando que el nivel de la primera entrega no siga bajando y tengamos un fantástico final para Arturo Adragón.
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