Como habéis podido notar tanto en la introducción y en los antecedentes, este tema no es del todo nuevo, no es tan novedoso como quieren hacernos entender algunos de los medios de comunicación que han tratado de publicitar y explotar este nuevo evento de Marvel. El tema del registro ya se explotó en Watchmen, en Kingdom Come e incluso en el Escuadrón Supremo de los 80, no es nuevo. Es más, el tema del registro ya pudimos verlo en los mutantes, que siempre han sido perseguidos y marginados con las leyes más duras, por no hablar de que Iron Man y el Capitán América ya se enfrentaron en un crossover llamado Armor Wars, curiosamente en bandos distintos.
Sin embargo, la manera en que ha sido enfocado y especialmente dónde, eso sí es importante.
Porque estamos ante el primer crossover político, uno que cambia por completo la manera de ver a los superhéroes en la editorial Marvel, que está más ligada al mundo real que nunca. Es más, al ser Mark Millar el encargado de esto, parece que todo el realismo y el tono que podemos encontrar en Ultimates ha sido trasladado al universo original con tal soltura y naturalidad que resulta incluso abrumador. De hecho, a algunos les parece muy chocante que personajes como Iron Man o el Capitán América tomen decisiones tan peliagudas, están metidos en situaciones sin escape, sin alternativa posible.
Y es que momentos desesperados requieren medidas desesperadas, y nadie como el hombre de hierro, Tony Stark, está más desesperado por hacer que las cosas vayan lo mejor posible, aunque para ello tenga que realizar actos de auténtico villano en esta horrible transición para los habitantes del Universo Marvel que es Civil War.
Por tanto, este es el primer crossover sin villano reconocido, aquí no tenemos el típico: Llega malo malísimo, destroza cosas, los buenos se unen y lo derrotan. Fin.
No, en absoluto, este evento mancha las páginas de casi toda la editorial durante los meses que dura, de duros matices de gris. En algunos momentos los que dedican su vida a proteger el registro parecerán villanos fascistas, en otros serán los anti-registro los que parecerán terroristas anárquicos… En ningún momento sabrás si un bando es mejor que el otro porque todos luchan por una causa común en la que creen.
Por desgracia, aunque el evento está muy bien enfocado y en algunos momentos se logran dilemas éticos de gran fuerza, al final resulta que el tema de la ley del registro se les va mucho de la mano a algunos guionistas.
Flagelante resulta ver como la mayoría de los escritores se posicionan especialmente en el bando de la libertad, haciendo que el registro sea lo peor de ambas partes y cada vez más duro a medida que pasan los números. Paul Jenkins en Primera Línea, por ejemplo, se dedica a relatar el paso de la cárcel de la Zona Negativa, creación del gobierno con la ayuda de Stark y Richards para los fugitivos, como un infierno realmente horrible. Luego Straczynski en Amazing Spider-man lo dota de comodidades para luego escribir en boca de Iron Man que se trata de un lugar creado para siempre, no provisional, por lo que desmiente la gran cantidad de veces que este personaje ha dicho que es un mal necesario por el momento, pero en absoluto algo permanente.
Contradicciones que son inevitables por culpa de ser un evento de tal magnitud, con tantas manos y tantas mentes tratándolo.
A todo esto, ¿alguien se pregunta qué es de los mutantes que tantas veces han lidiado con situaciones semejantes de recortes de libertad? Pues tras la Dinastía de M fueron diezmados, quedan unos pocos y la mayoría se encuentran o bien atrincherados en la escuela de Charles Xavier o bien fugitivos por culpa de O.N.E. (Oficina Nacional de Emergencias). Por lo que la presencia y el protagonismo de estos personajes durante la Civil War es más bien escaso. Así pues, tenemos un crossover de Marvel que por fin se centra en todos en mayor o menor medida, sin que los mutantes se conviertan en los protagonistas absolutos, como ha pasado tantísimas veces.
El desarrollo del evento a lo largo de los meses puede ser criticable en algunos puntos, pero lo cierto es que ocurren multitud de cosas fuera de la propia miniserie central que enriquecen por completo una situación tan rica y tan variada que es capaz de revitalizar a personajes que nunca antes habían sido tan interesantes. De hecho, el año de la Civil War es el año de Iron Man, y también el Capitán América ha sido una figura a la que le han quitado por fin el “sanbenito” de facha que siempre ha tenido, al menos por estos lares.
Más que nunca, se ha convertido en el sueño americano, en el hombre que defiende los ideales de una América que ha desaparecido para él, negándose en todo momento a admitir ese hecho. Su cabeza le impide razonar porque ve que el Registro está lejos de ser provechoso para ellos, nunca se centra en ver quién lo quiere y por qué, solo piensa en todos aquellos amigos que se verán perjudicados con este cambio tan radical de status quo.
Iron Man, por el contrario, es uno de los científicos y pensadores más prestigiosos de este siglo y el pasado, creador de una armadura de combate a la que solo tiene acceso a él. Es el hombre que trata de investigar todos los puntos posibles para buscar el más adecuado, el que cree realmente en el sistema que defiende. Su posición se debe a que quiere que la situación ocurra lo más suave posible, porque aunque se hubiese puesto en contra otro habría ocupado su puesto o, peor aun, SHIELD habría tomado las riendas personalmente sin siquiera cuestionarse si lo que hacen es correcto, teniendo en cuenta que están encarcelando a seres poderosos que han estado defendiendo América de grandes catástrofes sobrenaturales, seres del espacio exterior o simplemente de ladrones y asesinos.
Por todo esto Civil War es uno de los eventos más importantes e interesantes de esta década. Pero la idea, aunque fantástica, no está tan bien plasmada en todas partes.
En la próxima parte veréis un repaso de la miniserie central y los tie-ins que conforman realmente toda esta historia.
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