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Dracula de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola |
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Tras varias adaptaciones del mito vampírico, Francis Ford Coppola se atrevió con la versión más fiel de la obra de terror de Bram Stoker. Coppola consiguió una película en la que las conexiones con la novela fueran totalmente palpables. |
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En 1992, Francis Ford Coppola sorprendía a propios y extraños con una nueva versión cinematográfica de Drácula. El personaje creado por Bram Stoker en 1897, es junto a Sherlock Holmes, la criatura literaria que más veces ha saltado del papel al celuloide. Desde la versión no oficial que F. W. Murnau filmase en 1922 con Nosferatu, pasando por la clásica de 1930 de Tod Browning interpretada por Bela Lugosi, sin olvidar las versiones realizadas en el seno de la Hammer, coqueteos con el blaxploitation o reinterpretaciones posmodernas como Drácula 2001(Drácula 2000 en el original) con producción ejecutiva de Wes Craven.
En las numerosas versiones, la fuente literaria era utilizada como mera excusa, sobre la que pergeñar una historia que en contadas ocasiones, tenía relación con el original. Coppola sin embargo, pretende con su proyecto desmarcarse de lo acometido hasta entonces, para ofrecer una historia donde las conexiones con la novela fueran palpables.
Una de las primeras medidas que adopta en este sentido, viene de la mano del título de la película “Bram Stoker’s Drácula”, para que no haya ninguna duda de la fidelidad que se pretende mantener con el original literario. Esta fórmula que repetiría dos años después con “Mary Shelley’s Frankenstein”(1994), en este caso como productor, contando con Kenneth Brannagh como director y protagonista del invento, no deja de ser una pura estrategia de marketing para vender la película, pues como se puede comprobar a los pocos minutos del metraje, cualquier parecido con la fuente original, es pura coincidencia.
El logotipo de la Columbia, permite escuchar los primeros acordes de una marcha macabra, que da paso a un prólogo, donde como de una lección de historia se tratara, nos sumerge en la Constantinopla del siglo XV, que sufre el acoso de los turcos. En realidad lo que Coppola nos muestra, no es sino la historia del príncipe Vlad Draculae Tepes, el empalador, figura que el folklore popular ha venido identificando como posible fuente de inspiración para el personaje literario. Por tanto primer aspecto donde novela y guión no coinciden, echando por tierra la supuesta fidelidad que reza en el título. En cambio, las semejanzas sí aparecen en la forma de narrar la historia, a través de los diarios y cartas escritos por los principales personajes, a saber, Drácula, Jonathan Harker, Mina, el profesor Van Helsing y el doctor Seward. Así como la utilización de información aparecida en la prensa. Otra coincidencia significativa, reside en ambientar la historia en 1897, mismo periodo en el que transcurre la novela.
En el plano de los actores, la película reúne un plantel de jóvenes promesas, con veteranos y actores independientes. Entre ellos sobresalen Gary Oldman en el papel de Drácula, del que nos ofrece un retrato rico en matices. El vampiro es un ser despiadado, movido por las consecuencias de la maldición de la vida eterna, pero al mismo tiempo presenta una alta dosis de melancolía reflejada en el anhelo por la mujer que ama. Convirtiéndose el amor en un arma de doble filo, su debilidad y al mismo tiempo su redención.
La entonces emergente Winona Ryder, mucho antes de que su nombre se convirtiera en habitual de las crónicas de sucesos, más que de los estrenos cinematográficos, interpreta a la dulce Mina, humilde maestra de escuela, que sigue los dictados propios de la sociedad de su época: encontrar un marido, con el asegurar una buena posición social. El retrato ofrecido de Mina es más o menos fiel al original literario, salvo por la dualidad que Coppola establece, al convertirlo en reencarnación de la princesa Elizabetha, trágico amor del príncipe.
Sir Anthony Hopkins, muy de moda en aquella época por su intervención en El silencio de los corderos (Jonathan Demme 1991), interpreta al profesor Van Helsing, ofreciendo un retrato que dista sobremanera del hombre de ciencia representado en la novela. El Van Helsing cinematográfico, sigue siendo un científico y estudioso como lo pone de manifiesto la escena de la clase magistral; sin embargo, es un hombre impulsivo, poco convencional, que en ocasiones lo convierte casi en un demente a ojos de la sociedad civilizada.
En el plano de los secundarios, mencionar a Sadie Frost, en el papel de Lucy la mejor amiga de Mina, heredera de una de las familias más importantes de Londres. En la versión de Coppola, este personaje sin duda es uno de los que mayor transformación ha sufrido. Pues si en la novela la Lucy terrenal era retratada como una educada y delicada joven, en la película, desde el principio nos la presentan como una joven casquivana que no duda en utilizar sus encantos femeninos, para cazar a los hombres, quienes se convierten en auténticos juguetes en sus manos. Por tanto este retrato diluye en parte la transformación en criatura lujuriosa que el personaje sufre una vez ha sucumbido al poder del vampiro.
Keanu Reeves, presta su rostro inexpresivo al personaje de Jonathan Harker, brillante abogado que se convierte en artífice de la llegada del conde a Londres, a través de la venta de los terrenos de la antigua abadía de Carfax, nuevo hogar del vampiro.
Cierran este grupo de secundarios, el músico Tom Waits como Renfield servidor del conde; Gary Elwes y Bill Campell como amantes de Lucy. Y Richard E Grant en el papel del doctor Seward, el director del manicomio, brillante médico, con recovecos oscuros, reflejado en su adicción a la morfina.
Pero sin duda lo más destacado de esta película, reside en su puesta en escena. Ya desde el comienzo, nos damos cuenta que no asistimos a una cinta convencional, sino más bien casi a un montaje teatral. Cada escenario es presentado desde un punto de vista frontal con planos generales, para poder conocer todos los detalles. Si bien Coppola es amante de realizar complicados efectos de cámara, como el ralentizado, acelerado, planos de gusanos, fragmentados entre otros, con los que dotar de dinamismo a la historia. También recurre a numerosos efectos que no es frecuente encontrar en el cine actual, como los gaches para entrar o salir del encuadre, las sobreimpresiones de imágenes como los ojos de Drácula sobre las montañas, escritos…; o la presencia de maquetas, y sombras chinescas.
Como motivo complementario de la puesta en escena debe mencionarse la importancia del color como valor simbólico. En este sentido, el rojo es uno de los más repetidos, adquiriendo en algunos casos carácter de muerte, pero también de amor, romántico como puede ser en el vestido de Mina, o lujurioso en el tono de pelo de Lucy y en el color de su camisón transparente, que viste en su encuentro con el licántropo. Roja es también la armadura, que el príncipe Drakul lleva en el prólogo, símbolo del valor del guerrero; y carmesí es la indumentaria cuando se revela a Harker como un anciano. Además, el rojo es el símbolo de la vida, “la sangre es la vida”, repite con insistencia el vampiro, aunque sea una vida maldita, de condenación eterna. Otro de los colores empleados es el blanco, tradicionalmente considerado un símbolo de pureza y bondad. En este caso blanco es el vestido de novia con el que amortajan a Lucy, convirtiéndose en improvisado uniforme del nuevo vampiro. Se le otorga así un carácter de muerte, de no vida. El mismo color viste el conde cuando Mina decide abandonarle para volver en brazos de su amado, lo que despierta la ira del vampiro, precipitando los acontecimientos. También un símbolo de muerte puede considerarse el verde del vestido de la princesa Elizabetha, o en otro caso una forma con la que reconocer el amor perdido, con el vestido verde azulado que Mina lleva cuando el conde la aborda en las calles de Londres. Así como los colores tienen importancia, también lo tienen las sombras, utilizadas para representar momentos de gran crudeza como la masacre de la batalla inicial, o las sombras que habitan el castillo de Drácula, con especial relevancia la sombra del conde que parece tener personalidad propia.
Tampoco debe olvidarse el vestuario, obra de la japonesa Eiko Ishioka, destacando el carácter exótico de la indumentaria de las novias, la riqueza de las túnicas que portan algunos de los personajes, como por ejemplo la que lleva Drácula cuando sale de su ataúd, la armadura del príncipe cuya apariencia es similar a la textura de los músculos, lo que le convierte en una especie de segunda piel; sin olvidar el impresionante vestido nupcial de aparatoso cuello y exótico tocado.
La música es otro de los puntos importantes, su autor Woiciech Kilar, es capaz de intercalar temas románticos como el que corresponde a la relación de Mina-Drácula, con motivos más intensos que subrayan los ataques del vampiro y que en algunos casos aparecen resaltados por una inquietante voz femenina. A todo ello se debe añadir la excelente “A love song for a vampire”, compuesta e interpretada por Annie Lenox que se puede escuchar en los créditos finales.
En cuanto a las influencias que se pueden sacar, resultan evidentes los guiños al Nosferatu de Murnau, sobre todo en la cena entre el conde y Harker. Tampoco debe olvidarse la huella de la Hammer, presente en los retratos femeninos, seres lascivos y lujuriosos, de los que las novias son un buen ejemplo, aunque con dicha productora también guarda en común el protagonismo de la sangre. Sin olvidar el velado homenaje al cine que Coppola realiza de forma consciente a lo largo de todo el metraje.
En definitiva, “Drácula de Bram Stoker”, supuso un acercamiento serio a la figura de los vampiros, donde la naturaleza animal de estas criaturas convive con un romanticismo latente, presente en la excelente historia de amor, que subyace como tema central del film. Una propuesta arriesgada pero de gran belleza visual, que merece la pena ser vista más de una vez para poder captarla en toda su plenitud.
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3 Comentarios recibidos
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Usuario: Murray (17-Febrero-08)
El más bello, sí. El mejor, no. Creo que ese honor sigue recayendo en el Nosferatu de Murnau, increíblemente fiel en muchísimos aspectos al original stokeriano. Tampoco anda cojo el film de 1931 de Tod Browning, el que catapultó a Bela Lugosi.
Pero sí, éste es el más bello. |
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Usuario: Hammer (17-Febrero-08)
Basandonos en el libro de Stoker, es sin duda el mejor dracula que ha sido realizado hasta la fecha. |
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Usuario: Velkar (28-Enero-08)
Un film de bellísima factura. Mi favorito indiscutible hasta el momento. |
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