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Peter Dickinson: fantasía a todos los niveles |
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El pasado 16 de diciembre, Dickinson cumplió los 80 años, lleno de vida y todavía creando para todo tipo de públicos. Presentamos este reportaje que incluye una entrevista a su protagonista. |
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VOLANDO CON DRAGONES
Como ya dijimos, la obra de Peter Dickinson es muy extensa. Más de 50 libros en los últimos 39 años dan una cifra bastante alta de producción literaria, y aún sigue escribiendo, aunque no con la celeridad con que lo hacía antaño. Pero de esta prolífica obra los hispanohablantes sólo conocemos a profundidad unos pocos títulos, y nosotros en particular nos referiremos a los que más nos han tocado, y que hemos podido leer.
El primero es el archiconocido “El Vuelo de los Dragones” que, como dijimos al comienzo de este número de Estronia, es una extraña simbiosis entre ciencia y fantasía que ha calado muy profundo entre los seguidores de lo fantástico gracias a la cinta animada de 1982 dirigida y producida por Arthur Rankin Jr. y Jules Bass. Pero…¿es la cinta fiel al libro? ¿De qué se trata en realidad?
Peter Dickinson es un autor cuyas novelas nacen muchas veces de historias que inventa para sus familiares (hijos, esposa y más recientemente para sus nietos), y a las que él llama “historias de carretera” por surgir en los largos viajes que acostumbraba a realizar en automóvil y en tren. “El Vuelo de los Dragones” es una de estas historias nacidas en uno de sus viajes. Estaba en un tren observando la ilustración de cubierta de una edición en un solo volumen de la trilogía de Terramar de Ursula K. LeGuin, y el dibujo se le antojaba absurdo. Una criatura con un cuerpo tan voluminoso y unas alas tan cortas y achaparradas no podría elevarse en el aire, mucho menos cargar con los dos personajes que aparecían reflejados….¿pero y si hubiese una explicación “científica”? En un par de días las preguntas seguían agolpándose en su mente y comenzó a estudiar sobre dragones y a replantearse el concepto que tenía de ellos. Sus ideas las fue escribiendo pero nunca con la intención de hacer un “libro”. Sin embargo su agente no pensaba igual…
Al ver el material en que estaba trabajando, se lo envió a un ambicioso joven publicista que se quedó prendado con la idea. Él le encargó unas excelentes ilustraciones de dragones al artista Wayne Andersen y comenzó a vender la idea a un gran número de editoriales, y vaya si se sobrepasó a sí mismo al hacerlo. Entonces Peter tuvo que inventar unas cuantas páginas más y al final el resultado fue un libro de 132 páginas completamente ilustrado que fuera publicado en 1979. Para conformarlo Peter Dickinson tuvo que convertirse en científico para probar que los dragones alguna vez existieron. En el libro además de analizar los diferentes tipos y categorías de dragones con argumentos convincentemente entrelazados, nos muestra sus teorías de cómo lograban volar, por qué vivían en cuevas y necesitaban joyas para sus aposentos, etc.; con argumentos muy atractivos coronados por las excelentes ilustraciones de Wayne Andersen quien es un renombrado draconólogo.
Así, según la teoría de Dickinson —que llega a puntos tales que parecen más darwinianos que fantásticos— los dragones escupen fuego como resultado de un interesante mecanismo de liberación de los gases volátiles que les permiten flotar en el vuelo, y debido a la incomparable química molecular de estas criaturas su sangre debía ser muy corrosiva, lo cual es la razón por la que no se encuentran fósiles de dragones en ningún estrato (sí, no los busquen, a pesar de que Peter Dickinson afirma que existieron, deja muy claro que ya están extintos y no quedan ni los restos). También la genialidad de este autor nos muestra lo mucho que debió haber tenido que investigar dentro de los campos de la biología, la zoología, la mitología y las ciencias exactas para llegar a sus conclusiones que incluso llegan a profundizar en la física y la matemática del vuelo llegando a determinar el peso de un dragón y la amplitud de sus alas necesarios para levantar el vuelo, utilizando una osamenta cavernosa como la de las aves y ayudados por los sacos gaseosos que llenaban o vaciaban a voluntad como enormes zeppelines. Dickinson incluso llega a explicar los detalles del ciclo de vida dracónido, así como las diferentes técnicas para matar a un dragón, y los fundamentos químicos y biológicos por los que estas criaturas necesitaban su “cama de joyas”.
Pero el libro no es una completa retórica académica sobre dragones. Todo lo contrario. La amena concepción de un libro ilustrado está presente por todos lados, y las explicaciones “científicas” se acompañan de pasajes de conocidas historias donde los dragones juegan un rol importante como son las Crónicas Anglosajonas, Beowulf, la Ilíada y la Odisea (la Sierpe Marina de Poseidón y la criatura Caribdis se consideran dragones marinos), las Eddas Germánicas; y también famosas historias con dragones publicadas hasta esa fecha como las de Anne McCaffrey. Ursula K. LeGin, y hasta “El Hobbit” de J.R.R. Tolkien, pasando por el título “The Dragon & the George” (1976) de Gordon R. Dickson… pero bien ¿y donde encaja entonces la película de Rankin-Bass??
En honor a la verdad deberíamos decir que no encaja. En realidad el filme animado que tanto nos ha hecho soñar es más una adaptación del libro de Gordon Rupert Dickson (1923–2001) que del texto de Peter Dikinson. Quizás el parecido de los apellidos de ambos autores jugara algún papel en su concepción, pero lo cierto es que el joven publicista que se encargó de promover el libro, les “vendió” la idea a los creadores de la película y estos la aceptaron pero con su propia visión del concepto. Lo que hicieron fue aprovechar el concepto científico de lo escrito por Peter y unirlo a la historia de fantasía creada por Gordon, y a modo de homenaje darle al personaje principal el nombre de Peter Dickinson.
En la historia original de Gordon R. Dickson, Jim Eckert se ve trasladado hacia un mundo mágico cuando trata de rescatar a su novia que ha sido atrapada por los Poderes Oscuros que intentan destruir al mundo de los humanos o “georges”, como los denominan allí debido a la leyenda de San Jorge y el Dragón (de hecho el título original del cuento publicado en 1957 que devino en este libro era “St Dragon & the George”, en clara referencia a la historia bíblica pero al revés). Este Jim —o Sir James como se le nombra en el mundo mágico— no es ni científico ni nada que se le parezca, pero sí comparte con el protagonista de la cinta el hecho de que se ve atrapado en el cuerpo del Dragón Gorbash. Esta novela abrió toda una serie que sumó 9 títulos —los ocho últimos publicados a partir de 1990— y que se tituló “The Dragon Knight Series” (La serie del Caballero Dragón)
Por su parte en la cinta el protagonista sí es un científico e inventor, que además de poseer el nombre de Peter Dickinson, está tratando de ganarle una partida a un anticuario y de pronto se ve trasladado al mundo mágico del juego… un mundo en una dimensión paralela donde los dragones sí existen y donde la magia, aún cuando está desapareciendo poco a poco debido a la imposición de lo tecnológico, todavía es poderosa. La historia fusiona la trama de la novela de Gordon con las teorías de Peter y el epílogo final, esa escena inolvidable donde Sir Peter rebate el poder de Omadan con argumentos científicos, es todo un homenaje a la obra de Dickinson que incluso aparece como el libro que después escribe Sir Peter al regresar a La Tierra y que no es otro que la edición original del libro de Peter Dickinson.
La cinta, como ya dijimos, es todo un clásico de la animación, y para muchos ha sido la puerta de entrada a la literatura de Peter Dickinson. Pero el que vaya buscando en el libro “El Vuelo de los Dragones” la dulce historia del filme, u otra llena de mágicos dragones, quedará un tanto defraudado. Ahora bien… si lo que quieres es MAGIA de verdad, y una historia donde esté presente todo el tiempo, y aún así se noten visos de teorías científicas, entonces sigue adelante…
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