A mediados de la década de los setenta, Alexander Salkind, pretende hacer realidad un sueño: llevar a la gran pantalla las aventuras de Superman. El joven productor, convence a su padre Ilya, y junto al socio de ambos Pierre Spengler, logran involucrar a la Warner para que confíe en su proyecto. La pareja de productores, tenía una cosa clara a la hora de embarcarse en tamaña empresa, debía ser una superproducción, que contara con un aceptable presupuesto destinado a crear unos decentes efectos especiales, capaces de asombrar al público, sin olvidar la presencia de grandes estrellas en el reparto, siguiendo el esquema de las producciones de catástrofes, tan en boga por aquellos años.
Casi treinta años después, del estreno de “Superman”, se mantiene vivo el lema publicitario que rezaba en el cartel promocional “creerá que un hombre puede volar”, y es que en unos tiempos en los que carísimos efectos visuales se comen literalmente el guión, resulta cuando menos estimulante, el visionado de una película que ha sido capaz de superar con nota el paso del tiempo.
Gran parte del éxito del film se debe a su director Richard Donner, quien en 1976 había conseguido hacerse un hueco en la industria por su eficaz trabajo en “La profecía”. La excelente recaudación en taquilla de la cinta, fue razón suficiente para que Donner se hiciera cargo del proyecto, sustituyendo al inicialmente propuesto Guy Hamilton. Desde el principio, Richard pensó que debía disponer de libertad creativa, de ahí que reescribiera el guión original, alejado considerablemente del espíritu de los cómics, para conseguir una historia más seria, capaz de convertir a Superman en personificación del genuino mito americano.
El guión de Superman se estructura en tres partes diferenciadas, en la primera asistimos a una corta historia de ciencia-ficción, que nos narra los últimos días del planeta Krypton. Lo más interesante reside sin duda en la excepcional puesta en escena, para recrear un planeta concebido por estructuras arquitectónicas que recuerdan a palacetes de cristal, de una extraordinaria belleza. También tenemos la oportunidad de ver a uno de los grandes nombres propuestos por los Salkind como cabeza de cartel, Marlon Brando, en el papel de Jo-rel. La escasa contribución fílmica de Brando en la pantalla, apenas unos 10 minutos, salió bastante cara al estudio, ocasionando no pocos comentarios maliciosos en los mentideros de Hollywood, acerca de la rentabilidad de la cinta. Sin embargo, Brando no es la única estrella que se asoma por Krypton, Trevor Howard, Susana York, María Schell y Terence Stamp son otros de los ilustres habitantes. El punto culminante de esta historia, se encuentra en la destrucción del planeta, que da comienzo al viaje interestelar del pequeño Kal-el que le conducirá a la tierra.
La segunda parte se desarrolla en Smallville, narrando la adolescencia del héroe, capaz de hacer cosas asombrosas, al tiempo que campea como puede la incomprensión de sus compañeros de instituto que le consideran una especie de bicho raro. Los actores Glenn Ford y Phyllis Thaxter son los encargados de dar vida a Jonathan y Martha Kent, los padres adoptivos, aportando así la visión humana del mito. Este episodio intenta explorar las relaciones afectivas entre los personajes, que alcanzan un alto contenido dramático con la muerte del progenitor. Tan trágico suceso sirve de resorte para que el futuro héroe abandone su hogar, en busca de respuestas que arrojen luz sobre su auténtica naturaleza.
La última parte tiene a Metrópolis como escenario, sumergiéndonos en el ritmo frenético de una gran ciudad, y especialmente en la redacción de uno de los periódicos más prestigiosos, el Daily Planet, lugar de trabajo de Clark Kent. Esta parte del guión, se rebela como una perfecta combinación de romance, humor, aventuras y acción; que tiene dos momentos cumbres, la presentación en sociedad de Superman con el gran rescate de Lois Lane, y el desastre en la falla de San Andrés, como guiño al género de catástrofes.
En el apartado de los actores, al margen de los ya mencionados, conviene destacar tres nombres que contribuyen a hacer realidad la leyenda: Gene Hackman, Margot Kidder y Christopher Reeve. Hackman ya era un actor consagrado, conocido por el gran público por su trabajo en “Bonnie and Clyde” (Arthur Penn 1967), su interpretación del detective Jimmy “Popeye” Doyle en “The french connection” (William Friedkin 1971), sin olvidar su participación en “La aventura del Poseidón” (Ronald Neame 1972). En “Superman”, Hackman encarna a Lex Luthor, la némesis por excelencia del superhéroe; otorgándole de un carisma y elegancia que le permite mostrar tanto su lado oscuro, como su vis cómica manifestada en los diálogos que mantiene con sus sicarios interpretados por Ned Beatty y Valerine Perrine.
La canadiense Margot Kidder, era conocida en el ámbito cinematográfico por su intervención de diversos films, pero sin duda su papel de Lois Lane, le brindó la oportunidad de ser reconocida a nivel internacional. Su personaje es el de una mujer de su tiempo, muy vinculada al espíritu revolucionario de los últimos sesenta y primeros setenta, capaz de desenvolverse como pez en el agua en el mundo del periodismo. Sin embargo, esta mujer de fuerte carácter y segura de sí misma, no tiene reparos en comportarse como una tonta adolescente, cuando cae en los brazos del hombre de acero, el único capaz de derrumbar su hermética coraza.
Christopher Reeve, era un actor desconocido que atesoraba cierta experiencia teatral, pero nula cinematográfica, lo que le convirtió en el candidato perfecto para Richard Donner, para quien Superman debía estar interpretado por un debutante, de tal manera que el público viera al personaje y no a la estrella de cine. La fórmula de Donner fue un éxito, pues Reeve se convirtió en Superman para toda una generación, logrando un efecto similar al conseguido con Drácula (Christopher Lee), Frankenstein (Boris Karloff) o Indiana Jones (Harrison Ford). Al margen de su trabajo pionero en las nuevas técnicas de efectos especiales, la contribución de Reeve en el film pasa por su excelente trabajo interpretativo, capaz de lograr dos personalidades completamente distintas a un mismo personaje. El torpe periodista, inspirado según sus propias declaraciones en el personaje de Gary Grant en “La fiera de mi niña” (Howard Hawks 1938); y el héroe poderoso e invencible, del que fue capaz de mostrar una imagen más cercana y humana.
No puedo terminar este artículo, sin hacer referencia a la música, que junto a los efectos visuales y la interpretación de los actores, ocupa un lugar destacado en esta película, obra de John Williams, responsable de éxitos tan destacados como la saga de la guerra de las galaxias, Indiana Jones y cualquiera de los títulos de Steven Spielberg. En “Superman”, Williams creó una banda sonora de gran fuerza, con cortes capaces de mostrar el drama que requerían algunas de las escenas, combinados con motivos románticos como el que acompaña la escena del vuelo, e incluso cómicos como el que sirve para presentar a Otis (Ned Beatty) el torpe brazo derecho de Lex Luthor. Pero sin duda el tema que más destaca de toda la banda sonora es la marcha sinfónica que suena en los créditos iniciales, anunciándonos la llegada de Superman surcando los cielos. La importancia de este tema es tal, que prácticamente se ha convertido en una segunda piel para el personaje, de ahí que John Ottam, responsable de la composición para “Superman Returns” (Bryan Singer 2006), se viera en la obligación de incluirlo, lo contrario habría sido un despropósito.