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¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra |
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Cuento navideño de Frank Capra estrenado en 1946 y que año tras año nos llega por navidad. Un averdadera obra maestra con James Stewart y Lionel Barrymore a ña cabeza de su reparto. |
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Estamos ante una de las obras maestras del cine clásico. Por desgracia para el director, fue una película con una taquilla ridícula para la calidad artística de la obra en cuestión y, para mayor inri, al autor se le olvidó registrarla en la sociedad general de autores con lo que no obtuvo ningún beneficio. Por esta razón, todas las navidades podemos disfrutar de ella e incluso se ha llegado a visionar en dos canales de televisión de forma simultánea. Por tanto, debemos agradecer a Frank Capra ese error que ha permitido a varias generaciones en todo el mundo que puedan deleitarse con un “cuento” lleno de valores.
En la narración se utiliza la técnica del Flashback .La historia empieza con una serie de vecinos de Bedford Falls, pidiendo por la persona de George Bailey, un brillante arquitecto que en innumerables ocasiones renunciará a su prometedora carrera, entre otros motivos, por ayudar a los necesitados habitantes de su ciudad. Por otro lado, el relato paralelamente a esta trama, nos ofrece un delicioso proceso de enamoramiento narrado de un modo convincente y divertido.
Todo transcurre felizmente hasta que nuestro pequeño dueño del negocio de “emprésitos” (James Stewart) se arruinará, por lo que decide suicidarse tirándose por un puente a causa de las malas artes del Señor Potter. Pero un ángel que quiere ganarse las alas, lo saca del río, haciéndole ver qué hubiese pasado si el no hubiera existido. Nuestro protagonista no tardará en darse cuenta de la importancia de su vida, ya que, si el no hubiera estado su hermano hubiese muerto ahogado en el pueblo. Otro hecho definitivo fue cuando un farmacéutico se equivocó en la preparación de una fórmula magistral porque George estuvo presente para evitar el desastre que hubiese llevado al boticario a la cárcel. Por supuesto, sin su sacrificio, el pueblo se hubiese convertido en un monopolio controlado por un cacique. Finalmente, dicho personaje regresará a su casa, convencido de que todo tiene solución en la vida. Allí le esperan su mujer (Donna Reed) y sus vecinos con pequeñas participaciones económicas para poder pagar la terrible deuda provocada por el malvado multimillonario Señor Potter (Lionel Barrymore).
En cuanto a la interpretación hay que reconocer el gran trabajo de James Stewart, (hasta ese momento había recibido un oscar por “Historias de Filadelfia” (1940)). Siempre fue considerado por los americanos como una persona digna de admiración tanto por sus cualidades artísticas como humanas. En esta ocasión, se enfrenta a un papel que tiene las dos caras de la moneda. Por un lado, expresa fabulosamente a un hombre entregado al servicio de los que le rodean y por otro muestra la transformación que sufre por una situación extrema. Esta transformación es simplemente espléndida, puesto que consigue mostrar a un hombre desesperado que actúa de forma agresiva, cambiando los registros a los que nos tiene acostumbrados. Donna Reed interpreta a la esposa de George y nos presenta a una mujer con un protagonismo real, que hace un papel algo atrevido para la época, pues muestra a una persona divertida e inteligente que luchará por su marido sin hacer las veces de mujer florero, haciendo honor a la frase que dice: “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer”.
El papel del malvado empresario, Mr. Potter, recae en el excelente Lionel Barrymore, un intérprete que ya brilló en la premiada “Vive como quieras“(1938) del mismo director. Éste representa al típico “tiburón” que hace todo lo posible por quitarse del medio a toda persona o institución que le pueda suponer un obstáculo sin piedad alguna. Se trataba de uno de los grandes actores de la época. Es como si colocamos a Anthony Hopkins o Sean Connery en una producción actual, tenemos asegurado el éxito. Y qué decir de Thomas Travers, que hace un papel memorable como el ángel de la guarda, Clarence Oddbody.
Antes de comenzar a hablar de este director, lo primero que hay que hacer es quitarse el sombrero. Todos los aficionados al cine y los cinéfilos de los foros de internet dicen maravillas de todas y cada una de sus películas. La virtud del director es manejar a los actores sin que se note su mano. Consigue que el espectador se meta en la piel de los protagonistas y que se sientan identificados con lo que sienten. Todas sus cintas pueden hacer reir, enfadar y hasta llorar sin el menor esfuerzo.
El cine de este magnífico director ha tenido sus defensores y sus enemigos. Se trata de una visión muy particular de la vida, ya que desde una óptica optimista, cuenta historias repletas de valores solidarios que se centran en la ayuda al prójimo. Sus relatos cinematográficos reflejan los altos ideales éticos de Frank Capra por lo que pueden ser utilizados con fines educativos en una sociedad consumista como la actual, razón por la cual el visionado de este tipo de cinta no está de más. El mensaje moral de sus películas está justificado por una terrible enfermedad que sufrió en el año 1935, este sufrimiento le llevó a crear relatos más profundos y trascendentales.
Su carrera está plagada de grandes éxitos “Sucedió una noche” (1934) donde ganó su primer Oscar; Su segundo Oscar lo ganó por “Mr deeds goes to town” (1936) y el tercero fue para “Vive como Quieras” (1938). Tampoco nos podemos olvidar de su excelente “Arsénico por compasión” (1938). Los últimos años de su vida los dedicó a escribir su autobiografía. John Ford dijo de su libro que era el único balance verdadero que había leído sobre Hollywood. Muchas de estas películas de los años treinta corresponden a la fórmula Caprinskin [Frank Capra (director) + Robert Riskin( guionista) = Caprinskin] que desarrollan comedias sociales en las que una persona de clase media se enfrenta de forma idealista a una institución podrida o demasiado materialista. Muchas productoras trataron de imitar su estilo, pero les faltaba el elemento esencial: todas las posibilidades del humor son explorables mientras respeten la humanidad de los personajes.
En este caso, en ¡Qué bello es vivir! el guión es de Frances Goodrich y Philip Van Doren Stern, siendo una obra de ingeniería fruto de hasta 11 guiones escritos hasta que se llegó al definitivo. La idea original era la de un político corrupto que se suicida el día de Navidad. Es un libreto que de algún modo recuerda al cuento de Dickens, aunque en una versión muy libre.
La banda sonora corresponde a Dimitri Tiomkin y apoya el excelente trabajo del director.
La lectura que se puede hacer, de este interesante filme, es que una persona que se entrega al servicio de los demás recibe su recompensa con creces. Es una cinta que resalta valores como el sacrificio hacia los otros, el compromiso y la familia, así como la lucha por un ideal enfrentándose a una persona más poderosa que él. Además ofrece una visión trascendente de la vida, presentando a un Dios compasivo y misericordioso que está presente en los momentos más complicados de la existencia. Son muchas las frases que pueden definir este cuento navideño, pero la frase clave de la historia sería la siguiente:
“Extraño, ¿verdad? La vida de cada hombre toca muchas vidas, y cuando uno no está cerca deja un terrible agujero, ¿no es cierto? Ya ves George, tuviste una vida maravillosa.”
Esta obra del celuloide fue nominada por 5 oscar (mejor director, fotografía…). Sin embargo, no obtuvo ninguna estatuilla, lo que hubiera supuesto el cuarto oscar de la carrera de director de origen italiano.
Por último decir que esta película ha sido fuente de inspiración para numerosos capítulos de series de televisión, e incluso para la creación de un remake como es el caso de “Family man” (2000) interpretado por Nicholas Cage .
¡Qué bello es vivir! Cuenta una historia universal que no ha envejecido con el paso de los años. Una película para disfrutar con los seres querido en fechas tan especiales como las que nos rodean, la navidad.
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