
Se lo dije, nada nuevo bajo el sol, pero está muy bien narrado. Desde el diseño de los personajes, que ha creado icono ¿Quién no recuerda la mascara de mimo triste que es el yelmo pintado de batalla de Erick? Pasando por el vestuario del héroe que traspasó el gótico siniestro de sus ropajes a la gente de
“Matrix”, “Aeon Flux”,“Blade”, “Underworld”. Y llegando a los choques visuales, al borde de convertirse en la pantomima de película que es un vídeo clip, pero salvándose por milímetros por el buen pulso de Proyas. Me refiero con esto a la firma que deja el vengador tras cada uno de sus actos de justicia. Sus victimas son encontradas sobre un lecho de cristales, rodeadas por un surco de fuego, o bañadas en su propia sangre, y todo ello siempre con una extraña forma, una mancha rochardiana que recuerda a la silueta de un cuervo en pleno vuelo.
Esto lo hemos visto hacer después en “Daredevil”, “Punisher”, “Electra” e incluso “Batman Begins”, por lo que ha perdido el encanto, pero aun recuerdo la primera vez que las llamas corrían sobre el asfalto para dibujar alas de sombra… grande.
Es que Alex Proyas bordó este trabajo junto al director de fotografía Dariusz Wolski. Otras muchas producciones habrían pinchado en secuencias tan largas como la del reencuentro de las reminiscencias de Erick al llegar a su apartamento, al ritmo de una canción con líricas pero que encaja con lo que se nos muestra en pantalla a la perfección, sin eclipsarlo.
El solo de guitarra, con proceso de afinado incluido, también es una apuesta arriesgada que puede llegar a ralentizar en exceso el ritmo y desubicar la acción, pero que aquí está tan bien trabajado que sirve como transición entre bloques de desarrollo secuencial..

El secreto tal vez este en la sabia utilización de los decorados, no solo como fondo si no también como un personaje propio, que destila melancolía, agobio o violencia. La iluminación de todo el largo es insuficiente, tétrica y sucia pero manejada con una calidad asombrosa que nunca deja el encuadre ciego. Incluso la escena del tiroteo en la reunión de bandas, que se desarrolla a oscuras y a velocidad de vértigo entre fogonazos de armas, cuenta con una estructura que permite seguirla perfectamente.
También la lluvia, recurso de guión con trascendencia en las frases del mismo:”Nunca llueve eternamente.” Pero al tiempo herramienta de realización que sirve tanto para destacar como para dar atmósfera a la historia, lo que nos introduce de pleno en lo que vemos, sensación reforzada por la falta de artificios en peleas o saltos. No es que no sean espectaculares, es que simplemente son reales, es posible. Esto demuestra que sin un gran presupuesto se pueden hacer buenas películas siempre que se cuente con una historia en condiciones y se ponga empeño.

Pero sobre todo, lo que mueve los rotores de las cámaras y hace sonar la claqueta, es la determinación, el querer sacar algo adelante contra viento y marea. ¿Imaginan algo peor para un director que tener que buscar los latidos del corazón a su estrella muerta cuando aun falta metraje esencial por rodar? Pues Proyas no se amilanó y tiró de material desechado o cortado, y se encerró en la sala de montaje, y buscó un doble, y rescribió el screenplay para alejar el plano, y cuando todo eso no funcionó acudió a la infografía digital para poder poner la palabra “Fin” cuando y donde correspondía.
“Dark City”, la otra obra dentro del género de fantasía ficción del director egipcio, es demasiado presuntuosa y si bien utiliza las armas de “El Cuervo” no consigue en absoluto los mismos resultados por la artificialidad de su conjunto.
De “El Cuervo” se filmaron dos secuelas “The Crow: City of Angels y “The Crow Salvación” que son para olvidar en comparación con esta primera. Luego llegó la serie televisiva “The Crow: Chair to Heaven”, que merece un capítulo aparte

En este éxito tienen que ver también los actores claro. Poco renombre en el cast pero saber hacer por parte de
Billy Hopins y Suzanne Smith, quienes eligieron a un siempre inquietante
Michael Wincott para el papel del mal encarnado en
Top Dollar, explotando su registro de ser altivo, misterioso y peligroso que ya mostró en “
Días Extraños” o “1492 La Conquista del Paraíso”.
Ernie Hudson interpreta a un policía de a pie el sargento Albrecht, que es testigo pasivo de los acontecimientos bordando en su actuación los sentimientos intercalados de incredulidad, asombro, compasión tristeza siempre sin salirse del límite de una actuación clásica y comedida.
Rochelle Davis soporta un gran parte del peso dramático de la historia, y eso es lo que baja la nota media, su interpretación de Sarah sin capacidad para variar el registro tal y como pide el libreto, aun así hay muchas que lo hacen peor y que continúan actuando cuando esta joven actriz no tiene más títulos en su haber

Llegamos a la estrella, al hijo del dragón, uno de esos iconos que han sobrepasado su talento en vida al ser enterrados.
Brandom Lee un actor del montón que debía la mayor parte de su talento interpretativo a un rostro atractivo y exótico gracias a la mezcla de su genética y sobre todo al llevar el apellido de su inmortal padre bruce Lee.
Pero James Dean con siete películas ya lo hizo, vivió deprisa, murió joven y dejo un bonito cadáver. Eso le paso a Brandom, que por su sobre actuación en la que nos interesa, no parecía tener trazas de llevarse nunca ningún Oscar. Aunque claro tampoco muchos habrían apostado por que Clint “jinete pálido” Eastwood llegase a convertirse en uno de los mejores directores de la Historia del cine.
Potencialidades aparte, Lee disfruta de ser el punto de atención durante toda la película, forzándola en ocasiones a favor de su lucimiento personal y aprovechándose totalmente del carisma del personaje que interpreta consiguiendo así salvar el tipo.

Las causas de su muerte durante el rodaje, aun no aclaradas, tan similares a las de su padre, le catapultaron a la fama tiñendo además su estirpe con una moderna maldición y dejándonos solo con cuatro largos para recordarle “
Rapid Fire” (Del maestro
Jhon Woo) , “Showdown in Litle Tokio” y “Laser Misión.”
Se que no esta bien hablar mal de los muertos, por ética, y tampoco de los ídolos, por miedo a las críticas para el crítico, pero un acertadísimo comentario del compañero de staff Murray en Fantasymundo trata el tema, y así rompo una lanza a su favor, al tiempo que expongo mis argumentos.
Cosas del cine. Cosas de la vida. Una bala del 44 puede convertirte en una victima o en una leyenda. Réquiem in pace.