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1408, basada en una historia de Stephen King |
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Tras cerrar el festival de cine fantástico de Sitges, llega a la gran pantalla 1408, basada en una historia de Stephen King |
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Se trata de un largo de factura técnica muy cuidada que cuenta con un John Cusack en el papel protagonista, siendo la interpretación del americano aceptable a pesar de la dificultad que implica el estar en todo momento en pantalla, incluso en muchos fragmentos totalmente solo sin nadie que de replicas o entradas, declamando hacia un auditorio vacío.
Esta actuación de vieja escuela, casi dramatúrgica, ha debido ser sumamente trabajosa para Cusack, que en tintes generales sale muy bien librado de este reto en el que el actor es único referente en las posiciones de plano, y que no se puede permitir un descuido en la actuación, ya que nada le salvará del abucheo pues no hay nada que le reste protagonismo.
Hay que matizar el personaje a trabajar, Mike Enslin, aporta bastantes muletas interpretativas ya que no tiene más que dos facetas, la de incrédulo aburrido de la vida y la de aterrorizada victima de su propia mente. Pero Cusakc sabe sacarle partido como demuestra a la perfección en el careo que realiza con Samuel L. Jackson, en el que los dos cómicos se bastan y sobran para entretener y atemorizar al espectador con sus frases y un par de complementos de atrezzo.
Jackson, como el director del hotel Dolphin, Gerald Olin, se desmarca de los papeles en los que estamos acostumbrados a verle y se presenta como un perfecto caballero, luciendo traje y corbata y que por supuesto no utiliza ninguna de las palabras que parecen ser obligadas en cualquier libreto dirigido al afroamericano, veanse: mierda, capullo, joder y demás. Para el rol que desempeña queda perfecta esa mirada inquietante, que no admite discusión pero son los anteriores trabajos de Jakcson, los que le han encasillado y no acaba de quedar totalmente creible en un entorno refinado y civilizado como se le presupone a un hotel de 4 estrellas.
Mary McCormack, la ex mujer de Enslin, se deja ver aproximadamente 20 minutos del total pasando desapercibida, algo que no es necesariamente malo, ya que en un papel tan secundario como el que le toca, lo mejor es no hacerse notar ni para arriba ni para abajo.
La jovencísima Jasmine Jessica Anthony (con esta es su participación número 17 en películas) complementa el reparto, que aprenda para cuando el destino y la Industria le permitan interpretar algo mas que un monigote que podría haberse hecho por ordenador si no fuera más barato el realizar un casting infantil. Ella bien, con esa sinceridad que saben dar a las frases los niños ante las cámaras.
El director Hafstrom, por su parte, intenta dar a la historia un toque personal, aunque no lo consigue quedándose en un mero director herramienta. Su utilización clásica de las cámaras, a la hora de cambiar bruscamente las perspectivas de plano, buscando el ángulo muerto de visión de Enslin y por inercia el nuestro, está muy estudiado y logra el sobresalto en un par de ocasiones. No abusa de los efectos especiales pero se apoya demasiado en Cusack al obligarle a moverse en planos de teatro o americanos, quitándose así responsabilidades a la hora de encuadrar.
Por los límites físicos de la acción a rodar y por la falta de personalidad general, el film me ha dejado con un cierto regusto a producción para TV, que el director de fotografía Benoît Delhomme no enmienda.
En la promoción de la cinta se nos cita varia veces la intención de volver al cine de terror clásico, desestimando asesinos sobrenaturales o sicópatas apaletados, y durante un rato los recursos empleados funcionan, hasta que el guión, con sus enrevesados giros, estropea la atmósfera conseguida.
Pero la culpa de que “1408” quede descafeinada no la tiene ninguno de los hasta ahora mencionados, si no estos tres señores Matt Greenberg, Scott Alexander y Larry Karaszewski, un trío ya no para crear, si no adaptar una historia. Tres fueron tres, tipos que se dedican a escribir y que deberían saber ya de esto y que solo consiguen quitar lo bueno de un argumento ya de por si algo flojo.
Pero bueno, todos tenemos que comer. Todos excepto King, él está por encima de eso.
Es que el guión se basa en un relato corto de Stephen King “La Habitación” incluido dentro de su antología “Todo es eventual.”, un escritor que ha confesado que el ya no tiene porque escribir, que basta su firma. Por mi perfecto, ojalá yo pudiera hacer y decir eso.
A mi King no me gusta en líneas generales, no trago sus historias en las que no existen reglas marcadas, en las que todo se mueve según dicte su pluma maestra, pudiendo sacarse así de la manga el recurso que le venga en gana. Me recuerdan a las partidas de rol dirigidas por un mal master. Su excusa mil veces utilizada del mal en esencia, en estado puro, sin motivos ni explicaciones, me parece un argumento vacío para no crear antecedentes sólidos y creíbles a la hora de echar a andar una historia.
En la película hay un dialogo que ejemplariza esto:
Enslin -¿Entonces cree que en la habitación hay fantasmas?
Olin - Yo no utilizaría la palabra fantasma
Enslin -Está bien, entonces espectro, entidad sobrenatural…
Olin – No, simplemente es una malvada y cabrona habitación.
Todo el mundo sabe de las personalidades tan complejas y llenas de traumas que pueden llegar a tener una habitación y por supuesto la capacidad de interacción con los individuos que las habitan. Bien pues esto lo hizo igual en “Buick”, en “La Tienda” y en otras tantas, eso sin meternos con su icono Randal Flag (Esto se lo explicaré en otra ocasión).
Lo más recalcable de King, es su capacidad para crear personas, no personajes, lo entenderán muy bien si leen su obra “Un Saco de Huesos”. Dota a las entidades de un pasado, de unas vivencias, los hace reales de tal modo que podamos entender sus acciones en las situaciones propuestas. Esto en la película no se consigue plasmar, si en el relato, y por eso no comprendemos por qué un caza mitos como Enslin pasa con par de trucos de salón de ser un escéptico investigador paranormal que no cree en fantasmas, a ser una colegiala asustada.
Les resumo el argumento:
Mike Enslin es un escritor de betsellers que debe su fama y fortuna a una serie de libros en los que desmitifica supuestos lugares encantados desde sus vivencias en primera persona. Para el capítulo final de su último libro escoge la enigmática habitación 1408 del hotel Dolphin en Nueva York. En esta estancia hay 55 muertes registradas y tanto la leyenda como las palabras del director del hotel Gerald Olin, reacio a que Enslin se meta en la estancia, lo confirman. Enslin retará a la maldición para descubrir que no todas las historias de terror localizadas son falsas.
A mí me recuerda sospechosamente al argumento del videojuego “Silent Hill: The Room” de Konami, además de percatarme que rescata demasiados golpes de efectos y situaciones rescatadas de “El Resplandor”.
Lo más reseñable de “1408” es su extraña fecha de estreno, en una época prenavideña que centra la cartelera en films familiares o de producción destinada a vender merchandising. Por lo demás podría pasar directamente a DVD sin que se pierda absolutamente nada. La edición yanki en disco trae un final alternativo pero me ha sido imposible visionarlo, así que le daremos la oportunidad esperanzada de que de algo de brillo a la versión para salas.
Será por mí, será por estos tiempos locos, pero necesito algo más que una habitación cerrada para sentir escalofríos ¿alguien se atreve? Aquí espero, vamos prueben suerte.
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