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La piedra de cristal (El Valle del Viento Helado 1), de R.A. Salvatore |
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Salvatore construye una novela de Reinos Olvidados entretenida y bien escrita que sin ser un prodigio de originalidad sí presenta elementos interesantes, centrada en Drizzt, el elfo oscuro. |
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Estamos ante la que fue la primera novela de R.A. Salvatore (para aquellos que tengan curiosidad: Roberto Antonio, nacido en Leominster, Massachussets, 20 de enero de 1959) escrita en 1987 y que Timun Mas ha reeditado en un pack junto con las otras dos novelas de la trilogía El Valle del Viento Helado: Ríos de Plata y La Gema del Halfling.
La novela se sitúa en los Reinos Olvidados, en Diez Ciudades y el Valle del Viento Helado y tiene un cierto sabor –inevitable las más de las veces en la literatura fantástica- a J.R.R. Tolkien.
La novela la protagonizan 4 miembros de diferentes razas, Drizzt Do’Urden, un elfo oscuro (drow) que ha renegado de su malvado pueblo, Bruenor Battlehammer, un enano exiliado junto con su gente en Diez Ciudades, Wulfgar, un bárbaro que tras sobrevivir a la derrota sufrida por su pueblo al atacar a Diez Ciudades es “acogido” por Bruenor, y Regis, un halfling (hobbit) amante de la buena mesa y con cierto amor por las propiedades ajenas lo que le lleva a ocultarse en Diez Ciudades tras quitarle una extraña gema a su antiguo jefe el Bajá Pook.
Estos protagonistas de la novela son, curiosamente, personajes hasta cierto punto marginales en la sociedad de Diez Ciudades. Drizzt huye de Menzoberranzan pero su condición de drow es un estigma que resulta imborrable frente a los prejuicios humanos. Bruenor es respetado por los ciudadanos de Diez Ciudades pero no considerado un igual, cosa parecida a lo que sucede con Regis. Wulfgar, es un bárbaro y por tanto incivilizado.
Con estos antecedentes no deja de ser paradójico que sean ellos los que se preocupen de salvaguardar Diez Ciudades de su enemigo el tirano Kessell (tirano de pacotilla, como veremos, pero tirano al fin y al cabo) mientras los hombres prominentes de cada una de las ciudades se dedican a ventilar sus rencillas personales o los enfrentamientos locales en el juego de la política… aunque en eso –como verá el lector- también habrá excepciones.
Como indicábamos hay un tirano: Akar Kessell. Aunque sería más propio decir que hay una piedra maligna que utilizará a Kesselll como vehículo para sus fines. La Piedra de Cristal llamada Crenshinibon, que fue creada por poderes malignos y que tiene la propiedad de controlar la voluntad de aquel que la posee o, más bien, de aquel a quien permite que la tenga, se servirá de Kessell, quien al comienzo de la novela es un aprendiz de mago torpe y mezquino, un personaje miserable que sufre un fuerte complejo de inferioridad puesto que es absolutamente incapaz de progresar como mago, resultándole imposible efectuar hechizo alguno y sufriendo por ello el desprecio de todos los que le rodean a excepción de su maestro Morkai el Rojo.
Los enemigos de Morkai, conocedores del rencor y los complejos de Kessell, lo utilizan para que asesine a Morkai prometiéndole honores y reconocimiento. Por ello Kessell, llevado por su avaricia y egoísmo, es capaz de traicionar a la única persona que lo ha tratado con algo de afecto y consideración. Como resultaría previsible, los inductores lo abandonan a su suerte en el Valle del Viento Helado, lugar inhóspito donde se encuentra también Crenshinibon.
Crenshinibon manejará a Kessell a su antojo, otorgándole poder para dominar a orcos, goblins, gigantes y otras criaturas malignas con las que comenzar a construir su poder. Y en este proceso de construcción de su poder atraerá también a los bárbaros que sobrevivieron a la inicial batalla contra Diez Ciudades.
Y es que el objetivo de Kessell no será otro que conquistar Diez Ciudades y convertirse en tirano del Valle del Viento Helado, pero para ello tendrá que enfrentarse a Drizzt, Bruenor, Regis y Wulfgar que harán todo lo posible por conseguir la unidad necesaria de los habitantes de Diez Ciudades para conjurar su amenaza.
Hay que hacer referencia también al demonio Errtu, que lleva siglos buscando a Crenshinibon y se verá obligado a sellar una alianza de compromiso con Kessell con la perspectiva de obtener la Piedra más adelante.
Destaca, como hemos indicado el grupo que conforman el enano, el drow, el halfling y el bárbaro. El afecto del drow hacia Bruenor y Regis, la transformación del resquemor inicial de Wulfgar en respeto y cariño hacia Bruenor y Drizzt, etc. son buena muestra del mensaje de respeto a las diferencias y de comprensión que tiñe la novela y que se plasma también en los conflictos políticos y bélicos de fondo.
Con estos mimbres Salvatore construye una novela entretenida y bien escrita que sin ser un prodigio de originalidad sí presenta elementos interesantes. Destacando sobremanera el personaje de Drizzt Do’Urden, el elfo oscuro, que, en mi opinión personal, es todo un hallazgo. Es un personaje sin hogar, sin familia, que renuncia a todo por algo en principio tan ajeno a su raza como los principios éticos. Sin embargo, los prejuicios de los hombres respecto a los drow lo convierten también en un paria en la superficie.
Lo cierto es que Drizzt tiene encanto lo que lo ha llevado a ser un personaje recurrente de Salvatore y a convertirse en uno de los personajes favoritos de los lectores.
Para finalizar hay que destacar otro punto a favor de la obra: es fácil de leer sin resultar simple. Si hubiera que ponerle una pega sólo le pondría una: en algún momento puede resultar un poco incompleta.
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