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Los niños de Darwin (Serie de Darwin 2), de Greg Bear |
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¿si una nueva especie de humanos se alzase hoy en nuestra sociedad, cómo responderíamos como individuos y colectivamente si éstos tuviesen poderes sensitivos y pudieran dominarnos? |
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Greg Bear está considerado como uno de los buenos escritores de ciencia ficción de la actualidad, capaz de moverse por las fronteras del ámbito del género sin abandonarlo ni un ápice, acompañando a sus novelas de toda la parafernalia científica y tecnológica, pero dotándolas al mismo tiempo de un alto contenido social, que les da un valor añadido y atrae a un público mucho mayor. Es el caso de Los niños de Darwin, continuación de La Radio de Darwin, publicadas por Ediciones B dentro de la colección Byblos. Recomiendo no leer la siguiente reseña a menos que ya se haya leído esa primera novela, o a menos que no se pretenda comenzar por ella. Ambas pueden leerse por separado, ya que en la segunda entrega se dan muchos detalles de la primera. Aunque como siempre, lo mejor es comenzar por el inicio.
La primera novela de la serie de Darwin, titulada “La Radio de Darwin”, y centrada en un conjunto de especulaciones biológicas desatadas por un descubrimiento paleontolótico de Mitch Rafaelson, protagonista de la primera línea argumental del libro, y de una investigación policial sobre un asesinato en masa de mujeres embarazadas, que requiere la ayuda de una bióloga molecular, Kaye Lang. Un investigador de epidemias, Christopher Dicken, vinculado al aparato del gobierno estadounidense, aprovechará la ocasión para ganar poder y recursos, metiendo el miedo en el cuerpo de los políticos para lograr más dinero para su departamento. Las dos subtramas científicas y la política se entrelazarán continuamente, como suele suceder en la vida real, desembocando en una situación que no responde a la realidad.
Mujeres embarazadas de todo el mundo comienzan a sufrir fiebre y abortos masivos, y tras una serie de investigaciones de Lang, un retrovirus parece ser el causante de todo. El gobierno y las empresas farmacéuticas, con Americol a la cabeza, presidida por la ambiciosa Marge Cross, intentarán aprovechar la situación, unos para controlar a los ciudadanos a través del miedo, y otros para conseguir subvenciones y contratos millonarios. Si al inicio el problema era una posible infección a escala mundial, pronto se descubren más datos… las mujeres que han abortado previamente, vuelven a quedarse embarazadas como por arte de magia.
Posteriores investigaciones parecen sugerir que un microbio, el SHEVA, ha desatado un antiguo retrovirus dormido en el llamado “ADN basura”, formado por características genéticas latentes que no se utilizan hasta que algo las dispara. La imagen que tenemos mayoritariamente de la evolución es de un proceso lento, adaptativo, y sobre todo muy causal, en el que el camino viene determinado por las anteriores etapas recorridas. Greg Bear nos introduce por otra senda, que si no es nueva, pues algunos científicos la han sugerido, sí es algo diferente. La evolución, en esta hipótesis, vendría determinada por cambios relativamente rápidos, ocasionados por un factor desencadenante, normalmente ambiental, como por ejemplo escasez de alimentos, súperpoblación, traumas físicos o emocionales,… y arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Conforme a esta hipótesis, los humanos irían adaptándose a los cambios bruscos de la misma forma, generando respuestas distintas según el caso. La mutación tendría éxito y se perpetuaría, si se diese en un número suficiente de individuos. Así, los nacidos afectados por el SHEVA disponen de características genéticas muy diferentes a las del resto de personas, y de “poderes” que provocan miedo al conjunto de la sociedad. No se les cataloga como humanos, y terminan hacinándolos y experimentando con ellos, para proteger al resto de su influencia o posible contagio físico.
Como decíamos, la trama de la primera y segunda novelas se superponen, y la segunda puede ser leída aparte, precisamente porque en ella se explica mucho del origen de la mutación, y sigue especulándose sobre su carácter e intencionalidad. Y al mismo tiempo, hay un mayor enfrentamiento de los niños SHEVA con la sociedad, con lo que Bear nos obliga a darnos de bruces ante las implicaciones científicas, económicas y sociales de un acontecimiento de esta magnitud.
“Los niños de Darwin” es una novela soberbia de ciencia ficción analítica y social, y se nota que Greg Bear se ha documentado especialmente en el plano científico. La narración es sostenida alternativamente por científicos, políticos, padres de niños SHEVA, algunos de los cuales vinculados a la biología y al estudio del fenómeno, gente corriente,… pero particularmente vemos la mutación y todo su alcance a través de los mencionados Kaye Lang y Mitch Rafaelson, la bióloga y el paleontólogo, ambos padres de Stella, una niña SHEVA, quien también nos permitirá conocer de primera mano que piensan los nuevos humanos de sí mismos y como se relacionan con el resto.
En ocasiones sí satura bastante el uso de jerga técnica en las conversaciones entre científicos, pero este inconveniente para el lector no acostumbrado a ella se ve largamente compensado con explicaciones más de andar por casa o directamente por la observancia directa de los hechos, que ya hablan por sí solos. En cierto momento cuesta atravesar el denso mar de terminología, pero si uno logra aguantar la marejada, pronto el ambiente se despeja. Bear ha considerado acertado contar para las explicaciones científicas con unos personajes curiosos, en ocasiones bromistas y campechanos, a veces grotescos y malencarados, pero bastante humanos y poco alejados de los gurús sapientes que suelen presentarnos en las novelas de ciencia ficción. Esto ayuda a empatizar un poco más con ellos y comprender mejor la esencia de la teoría evolutiva que va perfilándose poco a poco, y los términos normalmente, aunque en ocasiones áridos, dejan de ser un problema.
En esta segunda novela se pierde un poco de la inquietud de su predecesora, ya que las causas y los efectos están a menudo desvelados de antemano, pero gana en profundidad sociológica y en tensión emocional. Como es habitual en una buena novela, obtenemos menos respuestas que preguntas suscita, pero precisamente ese es su valor: ¿si una nueva especie de humanos se alzase hoy en nuestra sociedad, cómo responderíamos como individuos y colectivamente? ¿seríamos violentos o intentaríamos entendernos con una nueva especie que puede dominarnos con sus espectaculares sentidos?
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