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El crisol. El juicio de Cyric el Loco (Avatar 5), de Troy Denning |
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La novela entretiene, y gracias a su estructura auto conclusiva enganchara a nuevos lectores que se unirán a los ya veteranos para disfrutar de una historia de aventuras e intrigas donde el destino no está escrito. |
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En la psique humana hay una necesidad intrínseca y visceral que es la de encontrar respuestas. Por esto las sociedades humanas han avanzado pasando de ser pequeños grupos recolectores que temblaban en la noche por los depredadores que les acechaban, a ser plagas destructoras capaces de hacer que en menos de 100 años la memoria genética de un león sepa distinguir entre un hombre blanco y otro negro y saber cual se come y cual no. Esto también ha cambiado, ya que el AK-47 no distingue ni razas ni de colores, pero no pasaba lo mismo en el siglo XIX.
Esta necesidad de encontrar el porque de las cosas no siempre se ha basado en la investigación, la experimentación y la observación, si no que se ha apoyado en la socorrida teoría de tirar por la calle de en medio, me explico: Caen rayos del cielo. Uno dirá eso es porque es una descarga electroestática natural producida durante una tormenta eléctrica acompañada por la emisión de luz causada por el paso de corriente que ioniza las moléculas de aire. La electricidad que pasa a través de la atmósfera y calienta y expande rápidamente al aire, produciendo el ruido característico del trueno del relámpago.
El que dijera eso cobraría, en cambio quien afirmara, mientras se pone un hueso de pollo en la nariz que: “Eso es porque el gran dios Truenon está enfadado y quiere que todas las vírgenes pasen por mi tienda esta noche.” Triunfaría y se haría un lugar dentro de la tribu.
Nuestra lógica nos lleva a pensar que hay entidades parecidas a nosotros pero mucho más poderosas que gobiernan lo que no comprendemos. Bueno, los egipcios creían que tenían cabeza de animal pero como dijo Herodóto: “Es que los dioses se les manifestaron así a los pobrecitos (Tontos no pueden ser con todo lo que tienen aquí montado)”.
La serie Avatar juega con esta premisa para asentar su universo propio dentro de Reinos Olvidados. Un plano en el que los dioses caminan entre los hombres utilizando el poder que les dan las creencias de estos para atacar a otros dioses y así ganar parcelas de influencia. Pero claro, a cambio tienen que cuidar de sus creyentes a la par que mantener el equilibrio, la paridad entre el bien y el mal en la Creación. El problema llega cuando cualquiera puede alcanzar el status de dios, al más puro estilo del “God of War” de Sony, y teniendo a su disposición poderes divinos, sigue manteniendo sus debilidades y predilecciones de simple mortal.
Esto es lo que les ocurre a los protagonistas de esta serie, que comenzaron siendo cuatro amigos con ganas de aventuras y de tener cuenta propia en El Último Hogar y que han acabado teniendo que ocuparse de cosmologías, ritos, creencias y atributos celestes.
Así bien la hechicera Medianoche se transformó en Mystra Señora de la Magia, el caballero Kelemor ocupó el trono de el Señor de los Muertos, y el bueno de Cyric de Zhentil Keep, tras muchas tribulaciones, se ha quedado como Señor de la Mentira, el Asesinato y ahora de la Locura. Pues no se conformó con haber usurpado el poder de tres antiguas deidades, si no que intentó esclavizar todo el territorio de Faerun, colegas de profesión divina incluidos, escribiendo un libro mágico, el Cyrinishad, en el que contaba su versión del como llega a donde está y explicaba su visión del mundo. Este betseller cumplía su cometido, ya que todo el que escuchara sus palabras se convertía de inmediato en un adorador de El Uno y el Todo. Pero ocurrió que él fue el primero en leerlo y se ha vuelto loco.
Esto aconteció en los anteriores volúmenes de la serie Avatar. Este quinto, El Crisol: el juicio de Cyric el Loco , cuenta como el resto de dioses intentan juzgar a Cyric por el conato de golpe de estado que quiso dar con el Cyrinishad, pero como no pueden acusarle de eso directamente sin que se descubran sus tejemanejes, deciden intentar incapacitarlo por loco. Son Kelemor y Mystra los más interesados en que Cyric caiga, ya que se deben alguna que otra, pero no siempre los planes salen como deberían. Cyric ha perdido la razón pero no es tonto y hace que uno de sus más acérrimos creyentes, el mercader Malik El Sami yn Nasser, le recupere el dichoso libro maldito.
Y Malik lo intenta con todas su fuerzas el pobre, hasta que se da cuenta que no es eso lo que debe de hacer para salvar a su dios si no encontrar otro volumen, el único que contrarresta al Cyrinishad y que se escribió en paralelo por Rinda seguidora del dios del conocimiento Ogma. “La Verdadera Vida de Cyric”, que una vez leído devolverá el juicio a El Uno y el Todo y así podrá recomponer su iglesia y retomar su poder. La némesis del espía de Cyric y perseguidora es Rua, acolita de Mystra y de sus misterios. Al tiempo los dioses siguen con sus intrigas y sus líos de faldas pero claro son dioses y no pueden ser comprendidos por los humanos, además de estar muy limitados dentro de lo que representan porque uno no puede ser dios de la guerra y evitar que los mortales se desmiembren a espadazos, o ser dios del asesinato y llorar por cada puñalada trapeara dada a deshora.
A mi me gusta el planteamiento pero tiene un fallo que hace que la lectura continua de la serie pierda seriedad, es el del tema de que los personajes pasen de la vida a la muerte como Son Goku por su casa y otro, que es que los atributos de los dioses sean robables, cesibles y mutables. Esto con una autentica iglesia sería un cisma continuo, ya que muchos seguirían adorando al Cyric dios de los muertos, mientras que otras facciones se decantarían por aislar su faceta de dios de la locura, lo que es blasfemia un día no lo es al siguiente, y además las religiones normalmente lo que hacen es crear normas de convivencia gregarias para que no nos matemos los unos a los otros nada más desayunar y eso es muy difícil cuando tu eres un autentico creyente del dios de los toca narices por ejemplo ( son esos que se ríen en el cine y no apagan el móvil y que fuman donde no se puede, ¡¡infieles!!).
Esto es muy grave a la larga, pero de momento la franquicia se sostiene y hace que los libros de Avatar se puedan leer gracias a que la lleva gente como James Lowder, en el anterior, al que toma el relevo en este Troy Denning. El escritor es muy fiel a las referencias de autores anteriores y continua sin esfuerzo la misma formula de cambios continuos de acción y planteamiento, aunque su recurso de utilizar en “El Crisol” la magia para que sea Malik el conocedor y narrador de todos los acontecimientos, me parece demasiado forzada. Por otro lado Lowder es mucho más épico y grandioso mientras que Dennig maneja mejor la psicología de los personajes, aunque abusa de la magia, de lo imposible explicado por que si porque es mágico ya está, eso le resta tanto credibilidad como emoción al asunto.
De todas maneras me gusta el planteamiento moral que hace al demostrar la necesidad de un lado negativo en todo el sistema vital, ustedes se darán cuenta con la lectura que los estereotipos del bien y del mal lo son por una razón de equilibrio y que los personajes heroicos, con su nobleza inquebrantable, no son siempre lo mejor opción par a una apuesta, además es mucho mas divertido ser malo.
En resumen, entretendrá, y gracias a su estructura auto conclusiva enganchara a nuevos lectores que se unirán a los ya veteranos para disfrutar de una historia de aventuras e intrigas, que tiene el aliciente de no saber quien es el bueno o el malo y que conserva algo casi pedido en la fantasía épica, la incertidumbre sobre el final de cada uno de los protagonistas. Muy bien escrita y perfectamente traducida al castellano por Emma Fondevila García en esta edición de Timun Mas.
El panteón de Faerun aún se mantiene en pie pero necesita una remodelación con urgencia si no “La Era de los Trastornos” no será nada comparada con la próxima de “Los Ateos”, pues si los dioses no convencen a sus creyentes perderán su poder y morirán o agonizaran convirtiéndose en mitos. A mi me dolería, pero no voy a rezar ante estatuas muertas de ídolos olvidados.
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