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Curdy y la Cámara de los Lores, de Artur Balder
Alejandro Serrano   12/04/2007 Escribir Comentario
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     La intriga y el misterio, mezclados con la magia, presente en cada párrafo, forman una fórmula alquímica literaria que atrapa al lector a través de unos personajes centrales bien dibujados y coherentes.
Portada de Curdy y la Cámara de los LoresEn el año 2004, el alicantino Artur Balder (1974) publicó de la mano de The Magic Rider La Piedra del Monarca, su primera obra centrada en el mundo de la alquimia y que tiene como protagonista a Curdy. Esta primera entrega tuvo un razonable éxito de ventas, sobre todo fuera de nuestro país. Tres años más tarde, el mismo personaje retorna a las librerías españolas de la mano de la una de las grandes editoriales del panorama internacional, Random House Mondadori, que a través del sello Montena ha publicado recientemente en más de veinte países la segunda parte de la saga: Curdy y la Cámara de los Lores, dentro de su colección Serie Infinita.

Artur es, como muchos otros autores a quienes agrada la fantasía, admirador de J.R.R. Tolkien, pero no del autor épico de “El Señor de los Anillos”, sino del socarrón creador de El Hobbit. En este libro, el filólogo británico exhibe un humor distinto del resto de sus escritos más conocidos, aunque no alejado del género fantástico de aventuras. Precisamente esta novela es la referencia literaria de Artur Balder, a quien le impactó su lectura cuando era un joven de 12 años, quizá por ser muy diferente de las lecturas “recomendadas” del colegio. Desde entonces, sus pasos se centraron en emular las aventuras de Bilbo Bolsón usando su propia pluma.

Y a los 24 años encontró a su personaje talismán: Curdy, un joven pelirrojo que vivía en el siglo VII en una aldea del reino franco, y cuyo principal interés residía en la búsqueda del conocimiento. Y años más tarde nació “La Piedra del monarca”.

Tras el éxito de la primera parte, era inevitable una segunda. En esta ocasión, el protagonista nace en la Inglaterra de finales del siglo XI, y ya es un aprendiz de alquimista en el año 1099, tiempo en el que transcurre la acción de la novela. Idruk Maiflower, el curioso pelirrojo de casi catorce años hijo de Gotwif, tiene como maestro a Luitpirc, un excepcional y respetado alquimista franco de la Hermandad de Wiltshire hasta que ésta fue declarada proscrita por la Inquisición. Precisamente él será el encargado de iniciar a Idruk en la alquimia, ya que hasta que cumpla los catorce años, ha de permanecer ignorante en este arte.

Sin embargo, la noche en la que cumplirá los catorce, Luitpirc le obliga a posponer la ceremonia y viajar con él a Londres, donde un grave acontecimiento reclama su presencia: la muerte de varios miembros de la Orden del León Rojo, la más antigua de los alquimistas merovingios, en la abadía de Westminster. Por el camino, su maestro le transmite sus malos presagios: Luitpirc teme que el rey de Inglaterra desate una persecución contra los alquimistas de sangre innoble, utilizando a la Inquisición como brazo ejecutor. Al mismo tiempo, en el continente europeo, extrañas criaturas siembran el terror entre los lugareños y los poseedores de la magia. Una extraña invasión procede de los ocultos rincones del este de Europa, y poderes sombríos y desconocidos se agitan en los campos y ciudades. Aurnor, el misterioso y maléfico lord, se levanta de nuevo reuniendo a las fuerzas oscuras a su alrededor, y mueve sus peones para hacerse con la magia del mundo.

Artur BalderEn Westminster, Luitpirc e Idruk descubren de labios de otros frailes la muerte de fray Gaufrey en la cocina de la abadía. Tras visitar la estancia, descubren las marcas de los asesinos en forma de pintadas en las paredes, ominosos testigos del espantoso crimen, que resultan ser la sentencia firmada dejada por los espíritus ejecutores. Gaufrey fue sometido al Juicio del Demonio antes de morir. Lo que allí descubren ambos determinará sus futuras decisiones en la lucha contra el mal. Por sorpresa, la Inquisición irrumpe en Westminster, y se ven obligados a huir del lugar apresuradamente.

Con la excusa del asesinato, ocurrido en extrañas circunstancias y con la marca de malignos espíritus, la Inquisición, apoyada por el rey William Rufus, proclama el inicio de la persecución de los alquimistas de sangre innoble, entre los que se encuentran Luitpirc e Idruk, responsabilizándoles del crimen por sus supuestas prácticas mágicas “oscuras”, cuyo poder proviene de los Mayordomos de los antiguos reyes merovingios.

Los alquimistas de sangre innoble viven sobre todo en los pueblos de Inglaterra mezclados con la gente común, a quienes ayudan en sus quehaceres diarios, aunque su poder no es inferior al de los Lores nobles. Se organizan en clanes familiares y suelen reencarnarse a lo largo de varias generaciones. Su origen es anglosajón, contrariamente al de la mayoría de los clanes nobles, de cuna normanda, quienes además dominan políticamente el país tras la última invasión y les desprecian. La mayor organización represora de los nobles es la Cámara de los Lores, donde se toman las decisiones de la política de Inglaterra. Está dominada por Lord Malkmus de Mordrecq, que controla al rey William Rufus y odia particularmente a los anglosajones y a los alquimistas “sucios”. Malkmus, servidor del Lord oscuro Aurnor, busca hacerse con la Corona de Hierro, una reliquia relacionada con Jesucristo, de un poder inmenso: uno de los largos clavos con los que el mesías cristiano fue crucificado fue forjado en forma circular, transformándose en un objeto mágico de increíbles propiedades, y la Orden del león Dorado guarda el secreto de su paradero. Precisamente ese es el mayor motivo por el que Malkmus busca perseguir a los alquimistas innobles, y no parará hasta conseguirlo. Para hacerse con la reliquia, moviliza a toda suerte de criaturas mágicas, entre ellas a los vampiros, horrorosas criaturas chupadoras de sangre que encuentran en el líquido vital de los alquimistas una fuente increíble de poder y magia, por lo que están al servicio de Malkmus y sus secuaces. Los vladsgaar persiguen uno a uno a los miembros de las familias innobles, quitándoles su poder.

Un murciélago traído del este por Whylom Plumbeus, un alquimista de sangre innoble que vive en Wilton y se dedica a estudiar las artes oscuras, muerde a Idruk, lo que le convertirá en un ser humano de increíble intuición y penetración mágica. Los murciélagos comparten una sola conciencia y se comunican entre ellos con el pensamiento, y con la mordedura, la esencia vampírica refuerza los poderes innatos del joven, que descubrirá su verdadera naturaleza de forma más rápida. Se verá obligado a luchar contra las hordas de los Lores nobles, ayudado por un elfo doméstico y un anciano con capacidades mágicas menores, que compartirán con él las increíbles revelaciones que surgirán a cada página.

El peligro cada vez se hace mayor, pues las hordas de Lord Malkmus asolan las ciudades una a una hasta llegar a Wilton, donde vive Idruk. Su único afán consiste en encontrar a quien ellos llaman el incubus, un joven "maldito" de catorce años que representa el mayor peligro para sus ansias de dominación, el llamado Quinto Lord, el Elegido por la Profecía.

Mapa de la saga de Curdy - 1"Curdy y la Cámara de los Lores" es una novela fantástica pero con tintes históricos y míticos, que mezcla buena parte de las leyendas anglosajonas y normandas con tradiciones del norte y el este de Europa. La mezcla no es históricamente creíble ni busca serlo: en la novela se juntan los templarios, Carlomagno y los merovingios, los mitos de Stonehenge y los druidas, las leyendas de Arturo y sus caballeros, Merlín, el Santo Grial y el Arca de la Alianza, Beowulf y Grendel, el famoso templo de Salomón, las Grandes Cruzadas, por no hablar de los vampiros, trolls, elfos domésticos, enanos y arboles caminantes muy al estilo de las tradiciones del norte de Europa y Tolkien, dragones, demonios, ratas encantadas,... Incluso los templarios están metidos en la historia con calzador, para cuadrar fechas. Oficialmente, según comenta Artur Balder, la orden fue fundada originalmente en 1118, pero se sitúan en la historia antes del año 1100, justificando dicha supuesta incongruencia con “indicios históricos” de una aparición más temprana, que por otro lado podría no resultar disparatada. El caso es que la acumulación de mitos, criaturas, eventos y personajes históricos resulta demasiado abrumadora como para asegurar cierta credibilidad y transmitir al lector una sensación sólida de ilusión. Pero esto se compensa con la intención fantástica del autor, que no da la impresión de perseguir rigurosidad histórica alguna. Esta falta de pretensión e ínfulas es la clave del buen resultado conseguido.

La novela engancha rápidamente tanto al lector joven como al adulto aficionado a la fantasía, y su desarrollo no decepciona, pues cumple lo que promete. La intriga y el misterio, mezclados con la magia, presente en cada párrafo, forman una fórmula alquímica literaria que atrapa al lector a través de unos personajes centrales bien dibujados y coherentes en su mayoría con el carácter que les imprime Artur. La maduración del personaje central resulta clave, y entronca con las numerosas novelas sobre superación personal que últimamente invaden al género fantástico, aunque no empalaga como en otras obras. El choque cultural de un joven inexperto con un mundo mítico, bien estructurado, con límites sociales definidos, cruel y peligroso, nos ayuda a comprender la poderosa naturaleza de Idruk, que poco a poco conseguirá hacerse con su lugar y estar en paz con la autoridad representada por sus padres y tutores.

Es inevitable establecer paralelismos entre Curdy y la Cámara de los Lores y la saga de Harry Potter, creada por J.K. Rowling. No solo comparten el tipo de protagonista: mientras que Artur Balder dibuja a Curdy, un aprendiz de alquimista que debe descubrir sus poderes y derrotar a un gran enemigo, el protagonista de los libros de J.K. Rowling es también un aprendiz, en esta ocasión de mago, que también debe resolver los acertijos que le plantea su propia naturaleza, declamar encantamientos y derrotar a Voldemort, el señor oscuro. Curdy no ha de enfrentarse a Aurnor, al menos aún no, pero el paralelismo es evidente. Incluso el padre de Curdy, Gotwif Maiflower, fue un poderoso alquimista que luchó contra los poderes oscuros, al igual que James Potter, el padre de Harry, que también fue muerto por sus enemigos. Ambos, Curdy y Potter, comparten el desprecio de los lores nobles y despiertan las simpatías de los alquimistas o magos (según el caso) de menor linaje. Los dos son manipulados por poderes ocultos de los que poco entienden pero intentan luchar contra lo que consideran injusto. También los frecuentes enigmas y adivinanzas a los que ambos se enfrentan son similares, pero hay que aclarar que Curdy no es una copia del bienintencionado y en ocasiones cándido Potter, ya que el primero tiene un carácter más marcado, realista y es bastante más intrépido y artero, pero sí pueden establecerse muchas similitudes entre ambos. El sistema de organización social de los alquimistas recuerda también mucho al de Harry Potter: los clanes familiares, cuya tradición se remonta a tiempos arcanos, divididos en castas nobles y estirpes con menor rango, con intereses enfrentados, es exactamente la misma con algunos matices. También la aparición de los elfos domésticos en ambos casos resulta muy significativa. Sin embargo, aunque existan todas estas similitudes de origen, la narración de Curdy y la Cámara de los Lores difiere bastante de la de Harry Potter: no existen líos de faldas, ni enredos amorosos, ni ese ambiente de “patio de colegio” que tanto define a la saga de Rowling. Las aventuras de Curdy no forman parte de su aprendizaje en una escuela similar a Howgarts: se ve empujado fuera de su hogar y obligado a sobrevivir a pesar de ser acosado por graves peligros. Sus aventuras resultan más reales y trepidantes... y oscuras. El terror está muy presente, y la atmósfera de peligro no deja al lector en ningún momento tras los primeros capítulos. Curdy no tiene más remedio que hacerse adulto rápidamente, mientras que Potter ha de conservar su lado infantil durante bastante tiempo, sometiéndose a la autoridad de otros menos poderosos que él. Eso sí, a ambos se les teme.

Imagen que inspiró Curdy y la Cámara de los LoresHay momentos que recuerdan también mucho a la celebérrima obra de Umberto Eco titulada El nombre de la Rosa, sobre todo en el episodio que narra el crimen de la abadía de Westminster y en las oscuras y góticas descripciones de las catedrales que visitan los protagonistas, mientras que el estilo de cuento y el humor y la ironía que destila la novela en ocasiones muy concretas también nos hace pensar en El Hobbit de Tolkien, una influencia reconocida por Balder, aunque no de forma fácilmente perceptible. También tiene alguna conexión con El Señor de los Anillos pero de forma muy tangencial: un héroe inesperado, un arma definitiva, un Señor Oscuro,... que no son elementos precisamente ajenos a muchas historias publicadas de otros autores, tanto clásicos como contemporáneos.

La originalidad de Curdy consiste en una acertada mezcla entre fantasía esotérica e historia, como ya he mencionado. Dada la mezcla de mitos y personajes arquetípicos, es inevitable establecer paralelismos con otras obras, basadas a su vez en tradiciones que existen desde hace siglos y en personajes y figuras históricas comunes. Sin embargo, no estamos ante una copia de nada. Podríamos comparar su caso con el de Tolkien y su inspiración en leyendas de la tradición de la Europa del Norte: el mérito de Balder no consiste en la invención, sino en la mezcla de mitos. Por supuesto, dentro de la fantasía Tolkien hace gala de una mayor credibilidad, merced a su obsesión por los detalles y el realismo, pero Artur Balder realiza un buen trabajo de ensamblaje. Tras la lectura, queda un buen sabor de boca, el ritmo narrativo permanece constante y no sufre grandes variaciones, manteniendo el interés y la tensión. El lenguaje utilizado es rico aunque no demasiado barroco: no llega a empalagar, y se compensa con esporádicos cambios de estilo según el carácter propio de cada personaje. Quizá un punto negro sean las excesivas repeticiones en los detalles históricos, quizá destinadas a una mejor comprensión por insistencia (a veces no es fácil conectar acontecimientos muy alejados en el tiempo y aparentemente inconexos), pero que a veces resultan molestas. Merece la pena mencionar el estupendo acabado del libro, editado en tapa dura con sobrecubierta, con ilustración de Alejandro Colucci y diseño de Judith Sendra, que acompaña al texto interior. En la galería de imágenes de Curdy podéis ver varios paisajes de Wiltshire y Gales, entre otros lugares, que inspiraron la saga.

La novela no está dirigida a un público en concreto, y quizá su mayor mérito consista en que gustará por igual a los jóvenes que se inician en la fantasía que a los adultos sin complejos. Esta no es una frase hecha destinada a disculpar al libro, muy utilizada en las sinopsis de las editoriales para aumentar las ventas en ocasiones, sino obedece a una intención real por parte del autor y a un objetivo plenamente conseguido. El hecho que el protagonista sea un niño de catorce años no clasifica por si solo el libro. Es más, la novela es fácilmente adaptable al cine o al cómic... es curioso como en numerosas ocasiones, las líneas escritas se transforman en vívidas imágenes de lo que ocurre; me da la sensación que precisamente eso pretende Artur: conseguir que tengamos una visión del cuento que nos propone, y que esas imágenes acompañen a nuestra imaginación.

Según Artur habrá una tercera parte de las aventuras de Curdy… ¿podrá enfrentarse a Aurnor, el Gran Lord oscuro?

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