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Tercera entrega de la saga de Misión Imposible, repleta de acción, suspense y espionaje, protagonizada por Tom Cruise en esta ocasión dirigida por J.J. Abrams. |
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Del caos a J.J. Abrams
Misión Imposible III es una de esas películas que están dando vueltas (ha estado, en este caso) por los estudios durante meses y años, aunque todos sabemos que es un filme que tarde o temprano se rodaría porque sería un éxito seguro. Ni la presencia en la producción de Tom Cruise y el empeño de la Paramount han evitado que varios directores y guionistas entraran y salieran del proyecto en numerosas ocasiones, por ejemplo David Fincher (director de Seven) y Frank Darabont (escritor de Cadena perpetua). Tras tiras y aflojas, reescrituras descartadas, dimisiones por diferencias creativas (o sea, no me caes bien, a la calle y variantes)... el proyecto fue a parar a un artista en alza creativa y en plena moda mediática, J.J. Abrams, que gracias a sus creaciones televisivas como Felicity, Alias y Perdidos tiene a medio mundo siguiendo sus andanzas. La forma en que llegó a Misión Impocruise (por eso de que Tom Cruise impone cómo debe ser todo) es de sobra conocida, ya que se convirtió en esa anécdota que el equipo de la película suelta en cada rueda de prensa, la habitual frase curiosa que es fácil de recordar y todos los medios repiten publicitando así aún más la película y casi siempre dudo de su veracidad, pues suelen resultar demasiado curiosas para ser reales (no parece que sea así en este caso): Abrams envió a Cruise la primera temporada de Alias, y tras ver algunos capítulos quedó enganchado a la forma de trabajar del escritor y director y contó con él para la realización de la tercera entrega de la millonaria franquicia.
Abrams consiguió, algo que resulta ciertamente una agradable sorpresa si tenemos en cuenta las vueltas que ha dado el proyecto y la presencia casi dictatorial de Cruise, que se le permitiera escribir el guión a su manera (siempre bajo la atenta mirada del todopoderoso, claro) y contar con algunos de sus actores habituales, aunque fuera en papeles pequeños. Así, J.J. ha construido una secuela bastante personal, donde se nota su huella constantemente en el estilo narrativo y los personajes, aunque obviamente no se libra de la mano de Cruise, pues la película está ideada por él para lucimiento de su persona. Cabe pensar que el tándem Cruise-Abrams se ha compatibilizado muy bien, algo que se trasluce notablemente en el resultado.
¿Misión Imposible o Alias a lo grande?
Las referencias del autor hacia su serie Alias son casi incontables, empezando por el estilo narrativo no lineal: la trama de la película empieza por el inicio del clímax final (¿alguien ha entendido lo que he dicho?), con nuestro héroe en una situación delicadísima, para luego pasar a relatar todo lo acontecido hasta dicho evento. En Alias este método era bastante habitual, de hecho ocurre exactamente como en el episodio Piloto, La verdad sea dicha: la protagonista atada a una silla de tortura, con un futuro incierto.
Otras muchas secuencias traen a la mente momentos habituales de las aventuras de Sydney Bristow, como la entrada en el País del Vaticano con la cámara subiendo por el muro hasta mostrar lo que hay detrás mientras el protagonista hace lo propio. La utilización y presentación del equipo técnico, todos esos artilugios casi imposibles, sigue el mismo patrón: se presentan y se explica su funcionamiento sobre la marcha; aunque en este caso no ha desarrollado la común escena en la que el manitas de la tecnología los presenta durante flashbacks que interrumpen la acción, quizá por falta de tiempo o porque buscaba mucho más ritmo en el filme. El misterio de Rambaldi está presente, aunque más sutilmente: la Pata de Conejo podría ser perfectamente uno de los extraños artefactos que el inventor dejó desperdigados por el universo de Alias. Esta referencia recuerda también al objeto que trae de cabeza a los personajes del superior filme de acción Ronin de John Frankenheimer: el maletín que nunca sabemos qué contiene.
En relación a los personajes no se escapan tampoco múltiples coincidencias. El experto en tecnología que trabaja para los protagonistas sin salir del cuartel (Benji Dunn, interpretado por Simon Pegg) es una suerte de Marshall (Kevin Weisman), casi tan histriónico e igual de eficaz y amigable. La similitud es tal que en el doblaje se ha elegido al mismo actor para ambos personajes: José Javier Serrano. Del resto del reparto, podríamos hallar similitudes entre los Jefes John Brassel (Lawrence Fishburne) y Arvin Sloane (Ron Rifkin); y los jóvenes acompañantes de Cruise o incluso Lucer (Ving Rhames) podrían ser el constante apoyo de Sydney, Dixon, aunque en este caso la relación es más bien circunstancial.
Los amigos de Abrams Greg Grunberg (Eric Weiss en Alias, Sean Blumberg en Felicity) y Keri Russell (la tontorrona Felicity en la tontorrona Felicity) se reservan dos pequeños papeles. El primero casi pasa desapercibido, como ocurrió en Perdidos (fue el piloto del avión en los primeros episodios), pero Russell tiene un papel más completo como agente amiga de Ethan, Lindsey Ferris, un carácter que la aleja completamente de su modosita Felicity Porter.
Siguiendo con los personajes, Abrams también recurre a las técnicas que emplea en sus series, como el constante aporte de información en modo flashback durante la narración para enriquecer los caracteres y facilitar la interacción del espectador con las motivaciones de los personajes. Ocurre varias veces con Ethan, que recuerda a su mujer Julia y su amiga Lindsey en los momentos necesarios.
Las localizaciones tampoco se libran. Ya he comentado la semejanza del Vaticano con algunos momentos de la serie donde Sydney asalta lugares parecidos, y podemos añadir el cuartel del FIM y su tapadera de agencia de transportes, inspirado en el SD6 y el banco donde supuestamente trabaja la joven espía; y la fábrica en Berlín donde Lindsey es rescatada, similar a otras misiones de la Bristow. No faltan los saltos en cuerdas y paracaídas para asaltar edificios y salir de ellos, otra constante en Alias.
Abrams, lo has conseguido
Recientemente, otro de mis admirados creadores de series dio el salto al cine. Hablo de Joss Whedon, que creó, escribió y dirigió su obra cumbre, una de las mejores series de la historia de la televisión, llamada Firefly, y se encargó de las mismas labores en su versión en largometraje para el cine. El resultado tuvo muy buena recepción entre los fans y el poco público que consiguió verla, aunque la crítica la recibió más tibiamente. En lo que a mí respecta, fue una mediana decepción. Un filme simpático, con algunas reminiscencias interesantes de la serie (el humor, retazos de los ricos personajes), pero con notables carencias: no fue capaz de alcanzar el nivel del original en el tratamiento del guión, probablemente debido a la dificultad de presentar toda la historia y los completísimos personajes y desarrollar la trama en dos escasas horas; y falló aún más en la dirección, realizando una labor muy irregular, mediocre y televisiva en muchos aspectos.
Pero Abrams lo ha conseguido. No ha llegado al nivel del estupendo e ininteligible thriller de Brian de Palma, cosa que evidentemente no se pretendía, pero sí ha creado un film de acción de buena factura y, lo que es más importante, de entretenimiento de alto nivel casi sin fisuras. Y por supuesto, infinitamente superior al inefable subproducto creado por John Woo, quien con la segunda entrega construyó un mosaico de absurdos hasta el punto de crear una de las peores películas que jamás han mancillado una sala de proyección.
Si bien las necesidades del guión no era muy exigentes, Abrams ha saldado con buen hacer un problema constante en las películas de acción: la falta de una historia decentilla y medianamente sólida y unos personajes mínimamente humanos. Ha sabido profundizar en el héroe Ethan Hunt construyendo a su alrededor una vida que, aun siendo muy tópica y sencilla (la típica esposa que termina en peligro), enriquece al personaje otorgándole mayores horizontes que el actuar por actuar. Igualmente, Ethan conecta con sus compañeros de trabajo de forma amistosa, alejándose de la frialdad con que trataba Brian de Palma a los personajes. De todas formas, no se buscaba mayor profundidad en un carácter que no la requiere más allá de conectar con el público, de no resultar un Terminator, y más teniendo en cuenta que debía ser construido a la medida de Tom Cruise. De hecho, uno no ve en pantalla a Ethan Hunt, ve siempre a Tom Cruise... y es algo que le pasa en todas las películas en las que participa desde hace bastantes años, incluso en las de mayor calidad, como El último Samurai.
Otro aspecto de la escritura que está bien saldado es la búsqueda constante de situaciones complicadas y espectaculares entremezcladas con las dosis necesarias de explicaciones del argumento (que no es tan confuso como en la primera entrega) y la vida familiar. Obviando las escenas tópicas e inverosímiles habituales, como la esposa convirtiéndose en heroína implacable y sin apenas sorprenderse de nada de lo que ocurre, siempre sonriente, alguna cosilla un poco forzada como la fuga de Ethan del FIM, el traidor de la organización y unos artefactos tecnológicos fantasiosos, algunos deslices como que a veces se olvida de dónde están los demás miembros del equipo de Ethan, etc., estamos ante un guión que cumple perfectamente con su función de película de acción de alto (altísimo) presupuesto.
Cabría destacar también el personaje de Phyllip Seymour Hoffman, Owen Davian, un archienemigo que resulta tan intrigante como temible, especialmente cuando tratan de rescatarlo sus hombres. El duelo entre el héroe y el enemigo durante toda la proyección es de lo mejor del filme.
En la labor de dirección Abrams ha estado muy sorprendente, aunque no perfecto. En los momentos más sosegados ha pecado de abusar de los primeros planos, obteniendo un encuadre demasiado cerrado, agobiante. En algunas conversaciones sí era necesario limitar todo efectismo al cara a cara de los protagonistas, pero en gran parte de ellas no, y en un film de acción es necesario más amplitud, mayor grandiosidad. Por ejemplo, todas las tomas dentro del FIM resultan enlatadas. No vemos nada del escenario con esos planos tan limitados. Dudo que la intención fuera mantener la intriga de cómo es y funciona el lugar de trabajo, y aunque así lo fuera el resultado no es bueno.
Es en las escenas de acción donde se suelta, donde deslumbra con una forma de rodar puramente artesanal, huyendo de las hoy día excesivas digitalizaciones, lo cual es muy de agradecer. El ritmo de la película no decae en ningún instante y en las escenas clave alcanza cotas de un efectismo impresionante. Secuencias como la del puente no sólo resultan algunos de los momentos más espectaculares del cine de acción de los últimos años, sino que mantienen la tensión en vilo durante varios minutos, llegando a sorprender por lo que ocurre y por la resolución de la situación. Y eso hoy día, en un cine que se olvida de contar algo, de buscar levantar sensaciones en el espectador, que se inclina por el camino fácil de meter muchos efectos digitales y sonoros y acelerar mucho las cosas que pasan, es muy, muy, muy de agradecer.
Estas escenas de acción resultan algo inverosímiles pero dentro de unos límites. No estamos ante las humanamente creíbles peripecias que sortea Jason Bourne, pero tampoco ante las increíbles fantasías por las que hacen pasar al imperturbable James Bond o, por citar otra de acción reciente, las totalmente increíbles secuencias de La Isla. Digamos que estamos más ante algo de Ciencia-Ficción, que podría ser creíble o lo intenta, que frente a algo de pura fantasía. Y cabe decir que las armas se quedan sin munición, Ethan suda, se lleva buenos golpes (diría que sufre casi tanto como Jack Bauer –Kiefer Sutherland- en 24, aunque muere menos veces) y las pasa canutas, incluso contagiando al espectador con sus dificultades.
La labor de los actores no suele ser destacable en productos de este género, pero uno de la talla de Philip Seymour Hoffman lo hace en casi cualquier papel, y aquí desarrolla una interpretación seria, inquietante y a veces terrorífica muy conseguida. Cabe citar también la breve pero efectiva labor de Keri Russell como Lindsey.
El uso del sonido es muy bueno, enfatizando gracias a él más que correctamente las escenas de combate y acción. En cuanto a la Banda Sonora Original, creada por otro miembro del equipo de Abrams, Michael Giacchino, estoy algo decepcionado. El autor ha demostrado gran desenvoltura y buen hacer en las producciones televisivas, hasta el punto de que la partitura creada para Perdidos despunta como una de las mejores creaciones del género para TV. Pero en este filme no ha estado apenas inspirado, y siendo un trabajo tan similar a Alias es extraño. La música que ha creado es bastante apta, no es estruendosa, ni abultada, ni caótica, sí trepidante sin descanso, pero aun dentro del modelo de melodías típicas de espionajes que ha elegido resulta poco atractiva, casi carente de entidad, monótona. El trabajo de Elfman fue más interesante, y el de Zimmer para la segunda entrega un pestiño, vulgarmente hablando.
Aunque esta saga está siendo irregular, podría centrarme en esta última parte y hacer comparaciones con otras de espionaje-acción recientes: Es muy superior a las repetitivas y vulgarmente exageradas películas de James Bond protagonizadas por Pierce no-me-despeino-Brosnan, pero menos buena que las interesantísimas dos entregas de Jason Bourne interpretadas por Matt Damon (sobre todo la segunda parte, un filme de acción magnífico).
El resultado, una película palomitera de las de agarrarse al asiento constantemente. Un entretenimiento más que digno. Un trabajo que ha servido como eficaz lanzamiento de un muy prometedor artista, J.J. Abrams, a la gran pantalla. Para pasar dos horas emocionantes es altamente recomendable.
Lo mejor: La puesta en escena de Abrams en las escenas de acción; el ritmo incansable. Philip Seymour Hoffman y su personaje.
Lo peor: La pesada campaña publicitaria y el pesado de Tom Cruise. Una dirección un poco agobiante en algunos momentos con tanto primer plano.
Los mejores momentos: La secuencia del puente. El interrogatorio de Ethan a Davian. Ethan y Lindsey mano a mano contra los enemigos.
El plano: La aparición del helicóptero repleto de hombres fuertemente armados en el puente.
La frase: ¿Quién eres? ¿Tienes esposa? ¿Novia? Quienquiera que sea, la encontraré. La torturaré. Y luego te mataré frente a ella.
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