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Cuando se juega al juego de tronos, sólo caben dos opciones: ganar o morir. |
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En un mundo donde las estaciones duran décadas y donde las tierras del Norte más allá del Muro ocultan seres míticos y temibles, Lord Eddard Stark se enfrentará en la corte del rey Robert Baratheon (más conocido por sus enemigos como el Usurpador) a una enrevesada trama de secretos y traiciones que pondrán en peligro no sólo su vida, las de su familia y de sus vasallos, sino también la frágil paz que parecía haberse impuesto en el reino tras la última guerra. Y mientras las intrigas y la traición se ciernen sobre el rey, en el Norte, del otro lado del Muro, extraños acontecimientos alertan a la Guardia de la Noche contra una amenaza olvidada que espera la llegada del invierno para resurgir.
George R.R. Martin es un hábil narrador. Tras un prólogo sugerente, en el que los personajes se dibujan tan claramente ante el ávido lector como si las imágenes transcurrieran ante nuestros ojos, y en el que se nos presenta una amenaza terrorífica e inesperada, se atreve a dejarnos con la miel en los labios. Y no lo hace sólo en el prólogo, sino que, durante toda la narración (y estamos hablando de un primer tomo de más de 700 páginas) comete la tortura de dejarnos entrever actos atroces, grandes hechos heroicos, tramas maquiavélicas... grandes y pequeñas historias de las que nunca sabemos suficiente. Las páginas vuelan ante nosotros con el deseo de saber más, y sólo podemos leer con todos los sentidos alerta, porque de no ser así se nos escaparán las pequeñas grandes sutilezas que pueblan la historia de Poniente.
Esa manera de narrar, dando mínimas pinceladas de una historia más grande o más antigua, fue descrita a la perfección por Tolkien hablando de El Señor de los Anillos: Parte del atractivo, creo, es consecuencia de los atisbos que hay en él de una historia más amplia que le sirve de marco: un atractivo como el que tiene ver a la distancia una isla nunca visitada... Ir allí sería destruir la magia. A pesar de esta coincidencia puntual entre Tolkien y el autor que nos ocupa en este reportaje, no hay que dejarse engañar por las odiosas comparaciones: Poniente y las demás tierras donde transcurre Juego de Tronos no tienen nada que ver con la Tierra Media y las cualidades de El Señor de los Anillos. Lo que quiero decir tan sólo es que Martin nos muestra sutilmente la profundidad de su invención; con las historias de la Vieja Tata, recordadas por los hijos de Stark y con los nostálgicos (y siempre insuficientes) recuerdos y comentarios aislados del trágico pasado.
Otra gran baza de esta historia son los personajes. Es fácil perderse ante el apabullante número de personas notorias y miserables, y lo curioso es que cuando el lector cree haber medido la calidad moral de cada uno de los protagonistas van surgiendo dudas, insinuaciones o acciones que nos hacen reconsiderar todo lo que sabemos de él o ella. El tan manido Bien y el Mal no son valores absolutos aquí (excepto en algún caso puntual), sino que se convierten en ideales y acciones que, como siempre ocurre con el Poder, pueden dañar o beneficiar a numerosas personas. Así nos encontramos con Eddard Stark, señor de Invernalia, uno de los Siete Reinos de Poniente, el más grande, inhóspito y despoblado. En el límite septentrional de sus tierras está El Muro, la impresionante construcción que desde hace miles de años separa los reinos de Poniente de los salvajes que habitan en el helado Norte, y de otros seres que la mayoría de personas ha relegado a las leyendas. Se puede decir que la tierra ha moldeado a los Stark, haciendo de ellos personajes justos, parcos, serios y poco dados a la frivolidad. El lema de su Casa ya es suficiente para hacernos una idea: Se acerca el Invierno. Eddard es el noble ideal: piensa en su pueblo, intenta ser justo en pensamientos y actos, ama a todos sus hijos y respeta a Catelyn, su esposa. Ella proviene de tierras más mansas, pero ha sabido acostumbrarse a vivir en el triste norte, educando junto a su marido a sus cinco hijos: Robb, el heredero; Sansa, la prometedora hija mayor; la traviesa e indomable Arya; el fantasioso y dulce Bran y Rickon, el más pequeño de ellos. No entiende porqué sus hijos tienen como mascotas a cinco terribles lobos huargo, pero lo acepta como uno más de los misterios de Invernalia, sobre los que siempre es mejor no hacer preguntas.
Ahora bien, Eddard Stark tiene otro hijo de la misma edad de Robb, Jon Nieve, que no puede tomar el apellido de su padre al ser bastardo. Sólo Eddard sabe la identidad de su madre, y Catelyn no tiene más remedio que acostumbrarse a la presencia del muchacho en el castillo a pesar de lo insultante que pueda ser para ella. Pues su esposo, el señor de Invernalia, ama a Jon tanto como al resto de sus hijos, y su voluntad es ley.
La vida en el Norte transcurre inamovible a la espera del temido invierno hasta que llegan los Baratheon, la Familia Real de Desembarco del Rey. La amistad ha unido siempre a Eddard y al rey Robert, pero eso no impide que la llegada de la Corte al austero norte llene de temor a los Señores de Invernalia, y no sólo por el lema de los Baratheon -"Nuestra es la Furia"-, sino más bien porque con él llega la reina Cersei, una mujer de armas tomar en la que no confían. Es hija de Tywin Lannister, el adinerado señor de Roca Casterly, una de las más peligrosas Casas de los Siete Reinos. Junto a ella está su gemelo, Ser Jaime, al que llaman el Matarreyes, y Tyrion, el menor tanto en edad como en altura, pero no el menos inteligente. A Invernalia también llega el heredero al Trono de Hierro, el detestable Joffrey, y sus hermanos Myrcella y Tommen. Eddard Stark fue vital para la conquista del Trono de Hierro por parte de Robert, y de eso son muy conscientes todos, aunque por diversos motivos.
De esta guisa se nos presentan los personajes más importantes de gran parte de la trama de Juego de Tronos, y es en el Castillo de Invernalia donde se desencadenan los hechos que marcarán los caminos a tomar de cada uno de estos personajes.
Las aventuras y desventuras de los Stark (y de Jon Nieve) son tal vez el tronco de la historia, pero aparte de las páginas dedicadas a ellos tenemos otra historia que casi todos desconocen en Poniente. Pues los Siete Reinos habían sido gobernados durante muchas generaciones por los Targaryen. Su antigüedad, belleza y poder los elevaron sobre el resto de las Casas hasta que Robert Baratheon derrocó a Aerys Targaryen catorce años atrás. Lo que para unos fue una horrible traición para otros supuso la liberación de la locura del viejo rey. Traición o liberación, la ascensión de la Casa Baratheon supuso la muerte para casi todos los Targaryen: El heredero Rhaegar murió en combate singular contra Robert, pero el resto fueron asesinados vilmente; sólo se salvaron la esposa del rey asesinado y el hijo menor, que lograron huir de la matanza, y llegar a Rocadragón, el último feudo que aún era suyo. Allí la reina dio a luz a Daenerys, y al morir la madre los dos niños no tuvieron más remedio que huir de nuevo allende el mar.
Éstos últimos vástagos de la Sangre del Dragón esperan su regreso a Poniente con impaciencia: Viserys es el mayor, y ostenta con orgullo su título, aunque todos lo llaman el Rey Mendigo. No cesa de recordar a su hermana pequeña, la hermosa Daenerys, que el Trono de Poniente le fue arrebatado, y que cuando regrese todos pagarán por su traición. Y Daenerys, la bella e inocente Daenerys de la Tormenta, también desea ir a Poniente, pero poco sabe de los planes de su hermano, y de su vital importancia para el regreso de los Targaryen a su Trono, regreso que sólo podrá provocar Sangre y Fuego.
Estos son sólo unos pocos de los personajes que pueblan las páginas de Juego de Tronos, pero es imposible describir aquí (o tan sólo nombrar) todos los personajes que tendrán cierta relevancia en la historia. Tan sólo me cabe añadir otra cualidad de esta colección: cada uno de los capítulos lleva el nombre del personaje a través del cual se desvelarán los hechos. Esto nos permite conocerlos mejor, y saber qué piensan unos de otros de una manera más natural, a la vez que la lectura de un libro con tantas páginas se vuelve más ágil. Numerosas tramas se entrecruzan sin cesar en esta novela, obligándonos a tomar atención a los giros que da la narración. Si la historia sonríe a unos, es vil para otros, y la justicia es ciega. El destino mueve a los protagonistas entre pequeñas alegrías y desgracias inmerecidas como el viento maneja las hojas. En Poniente todos tienen un plan, y velan porque nada ni nadie los entorpezca. Pero pocos se acuerdan de El Muro y de la Guardia de la Noche que lo vigila sin cesar. Ninguno de ellos es consciente del peligro que espera tras él, ni del terror que se desatará cuando llegue el Invierno.
Personajes cautivadores por diferentes motivos, lugares hermosos y terribles, misterios latentes, un pasado cercano pero desconocido, diferentes tipos de amor, todos poderosos, y un futuro que se augura muy terrorífico. Esos son muchos de los ingredientes de Juego de Tronos, y ellos dan forma a una espectacular novela que todo lector de literatura fantástica debería conocer. Sólo un consejo: armarse de paciencia, pues Juego de Tronos sólo es el primero de los seis libros (¿o siete?) que conformarán la epopeya de Canción de Hielo y Fuego. Por ahora sólo hay publicados tres, y el cuarto aparecerá este año en inglés. Así pues, tened paciencia y unos brazos fuertes, pues cada libro es más voluminoso que el anterior.
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